jueves, agosto 11

Doble Fondo de una Sombrera (una lectura visual)

[Una de las experiencias que me interesó siempre en la Novela, es la capacidad de visualizar a través de la lectura lo narrado. De una serie de reflexiones en torno a este aspecto, quise traer hasta aquí, una curiosidad de lector. Digamos que me permito abrir, a riesgo de la paciencia del blegtor, un espacio Ripley de mis lecturas]

Entre las microhistorias que se suceden en "El Almuerzo Desnudo", la fragmentaria y alucinada novela de William Burroughs, he escogido ésta de su abanico. En primer lugar por su perfección estética. En segundo lugar porque me permitirá asistir al doblez establecido por su escritura, y por donde resbala la percepción, y deja la visibilidad para trocarse en videncia.

“En la cueva de caliza encontré a un hombre con la cabeza de Medusa dentro de una sombrerera y dijo: “Tenga cuidado”, al vistas de aduana... Congelado para siempre, y una mano a dos centímetros del doble fondo...”

Es una preciosa viñeta humorística, como la que podría encontrarse en un diario. Gráfica, sutil, no carece de su copete: “Tenga cuidado”. Una pequeña relectura del mito de Perseo y Medusa, contenida en el ajustado marco de una viñeta. Su belleza estriba en la economía visual de un solo cuadrito de celuloide. Lo único que puede congelar imagen y también sonido en una sola escena es la viñeta gráfica, pues el sonido se hace letra impresa. Toda la escena gravita, al parecer, en la pura visualidad (densa como una descarga óptica).
Preso de esa emoción estética, me dediqué a dibujarla. Observando la viñeta, todo parece estar ahí. Pero el chiste no se completa hasta que reparamos en algo que pareciendo visual, se roba a la mirada: el doble fondo.




Este Doble Fondo (con el encantamiento que radica en su carácter dual), es el elemento en la escena por el cual llegamos, como lectores, a desarrollar una mirada similar a rayos X. Es como un cajón que se abre a la intuición de “algo” prohibido. Ese “algo” se percibe, no se visualiza, se videncia. Por una característica propia del lenguaje, el doble fondo se ha dado vuelta como una media, merced a una despigmentación, un cambio de naturaleza. Lo invisible se ha hecho perceptible. La percepción se ha deslizado por un doblez, trocando de naturaleza.



Es precisamente por este doblez que permite la escritura, que el Doble Fondo en la Sombrerera puede compararse con el Cubo de Escher. Observando el cubo es imposible decir qué es interior y qué es exterior, ya que un doblez comunica una dimensión volumétrica con otra superficial. Como en la cinta de Moebius, nos podemos mover de lado a lado de la cinta. Como en la Botella de Klein, el líquido se derrama por dentro y por fuera. Dónde entra y dónde sale, dónde se cambia de lado, es el límite indiscernible por excelencia.