sábado, octubre 15

A propósito de "Carta al Padre" de Kafka




Juan José Saer, en su artículo publicado en el suplemento Cultura La Nación el 26/02/02, aprecia la necesidad (que condice con la estética que Kafkka cifra "en la imposibilidad" de la comunicación o del encuentro), de que La Carta, si bien tiene un destinatario cierto y próximo: Hermann Kafka, su padre, no le llegue jamás.

Sin embargo, La Carta tiene su mensajero: Max Brod; su sistema postal: la literatura; y su parabólica transmisión y ruta: la sobrevida. Si bien, emisor y destinatario se hallan ausentes del mundo, los ecos de esa comunicación perduran de este lado (en sus lectores.) Cabría imaginar que un buen día llegue la carta a puerto, el mensaje sea entregado, haya acuse de recibo. Bastaría imaginar: transmigración, comunidad de las almas, resurrección, afantasmamiento de la carta, encuentro en la transparencia incorpórea de una habitación contigua a la vida.




[Post que puede pensarse enlazado con el anterior, y que fue escrito, en su momento, diagramando el nudo secreto de "NS": mi pequeña novela demorada.
Pensando en sistemas postales como la literatura, imagino que esa "Carta Robada" que en el cuento homónimo de Edgar Allan Poe no deja de estar cerrada sobre la repisa y ante nuestras narices, pueda ser La Carta de Kafka. También, en esta cadena de asociaciones metatextuales, pienso en el correo Tristero de Pynchon: secreto y jamás leído, siempre esperado, ese lote 49 que se roba a la lectura en el último capítulo.]