lunes, septiembre 25

La lección de Warhol

Trato de dejarme llevar, sentir el impulso de la escritura a medio paso del automatismo, como si escribiese a vuela pluma. Es el rencor de mi doppelblögger lo que me atenaza por la nuca, y me aprieta con dos dedos imposibles mis lóbulos frontales insistiendo "escribe bite a bite, escribe"

¿No es como una tiranía autoimpuesta esta necesidad de habitar la velocidad? ¿Esta sujeción del día a día, comment a comment, poste a poste como un arquero enloquecido de agujeros que se abren en el minuto 92? La red sigue creciendo por detrás nuestro, y no nos alcanza la vista ni los dedos para mantener unido nuestro equipo, y la barrera que oscila embriagada de torpezas. Y uno entra, luego de siglos de ausencia, en las containers de los comments de blogs ajenos, y los ve apelotonados contra el fondo, pateando lejos de sí spampockemon y anonimusuarios, en procura de calor humano. Y construcciones de pensamientos eslabonados se enhebran como puentes de fósforo que la temporalidad incesante de la red incendía cada dos meses.
¿No se siente un rumor creciente cada vez que nos conectamos? ¿no es como una catarata en la oscuridad a punto de tragarnos en su vorágine porque nuestro tiempo humano apenas puede darle coto? ¿No hay cierto pánico cuando ventanas se abren tras ventanas, y apenas podemos leer una línea que se atomiza en letras, se dispersa en la mente, ya la actualidad la orada? No hay tranquilidad en la red, no hay sociego.

"Puedo escribir los post más tristes esta noche"

No, no es tristeza. Sólo quise hacerme el intertextualista de cotillón. Es cierta desazón, cierta agitación de no poder correr en pos de ustedes, sentir cierta sensación de pérdida. Me lo pierdo todo, porque no puedo leerlos y porque no puedo escribirlo todo. Un post: y ya veo como se hunde en la sombra. Hemos aprendido la lección de Warhol: ser estrellitas de 15 segundos. Lo que demore su atención volátil, y saber, ustedes y yo, que esto no es literatura. Que no puede serlo, como una novela de Balzac no puede ser un reality show. Porque la realidad se angosta como un corredor ajustado a 19 pulgadas de brillo radiante. Y nos recetan lentes antireflex, y nos anteponen cubrepantallas, y nos ponemos nuestros anteojos rayband y salimos a pasear por estas marquesinas, adoptando las mil posturas de un Kamasutra del "pay atention!" ¿Y que hay de nuestras novelitas encerradas entre las tapas duras del cuaderno Rivadavia, entre manchones de tinta parker (a Fresán le dejamos la 303 para que se le rompa la punta contra el piso de madera)?

Ni siquiera tenemos oportunidad de descoser la hojas, reescribirlas, pulirlas como piedras. Como en esos dibujitos donde el puente colgante se cae detrás de la carrera de un personaje con la lengua afuera, que no le dan las patas para llegar al otro borde.

Ya pasaron mis 15 segundos.

Hace rato. . .

viernes, septiembre 8

El oso de agua



Este es un oso de agua, criatura microbiológica por demás extraña, transparente y pródiga en garras cuyo principal atrevimiento es persistir bajo las condiciones más extremas de la vida, aunque sea en estado latente. Como podrán apreciar, en parecido estado persiste "Dural", con algún que otro post, ralentizado en la vena veloz de la red. Y como uno se siente responsable de esa falta, de ese latido avaro, se ve urgido de dar explicaciones que en verdad nadie solicita. Digamos que hay muchas cosas no virtuales que me alejan de la blogosfera hoy, y que me sorprende, para mi agrado, que aún visiten este espacio con cierta sostenida intermitencia. Por lo pronto, sigo con regularidad en Kaputt, un poco más vivo que un oso de agua, un poco más muerto que un cachorro nonato de escritor.

A propósito de el oso de agua, el viernes pasado escribí un texto carroldiano en Kaputt, un divertimento a vuela pluma que podrán leer haciendo un simple click en: ¡Cuidado con los spam y con los osos de agua!
El que le sigue, publicado este mismo viernes primaveral, es un texto ficcional un tanto desgarbado, caradura y alegre.

Buen fin de semana. Especialmente a todos los que persisten.

sábado, agosto 5

Nocturno

Hay textos que no sugiero leer de noche: los cuentos de Edgar Allan Poe, tal vez “El Horla” de Mauppasant. Y otros que sugiero leer al oscurecer, como “El hombre que fue Jueves” de Chesterton o “Suave es la noche” de Fitzgerald. Una buena pregunta sería: si hay textos para leer de noche y otros para leer de día, como si se pudiese establecer bandas horarias de protección al lector. Se los dejo como ejercicio mental para cuando apaguen la luz de sus veladores, y todo ese incendio que gravita en el cielo pugne por ser escuchado, y la luz atraviese en líneas acebradas las persianas, y quieras conciliar el sueño de la manera leve y serena de la inmersión inconciente. Dulces sueños.

Aquí está mi texto para evitar la noche: Un vuelco nocturno

miércoles, julio 19

Oink



Salió a las calles cibernéticas, el Número 5 de la revista "Hermano Cerdo", y esta vez, con una estilización en el diseño gráfico (brillante tapa emparaguada) y una yapa: "Las técnicas de Defensa Personal de Bruce Lee" que podrán bajarse en formato pdf (por si hay algún big brother que los esté bravuconeando.)
Este número, trae la traducción de un cuento de Jumpa Lahiri, editado en su oportunidad en el NYer, donde una pareja naufraga entre el abigarrado mundo gastronómico simbólico de unos indianyorkers y la pobreza afectiva de ser nopadres, en noches de cortes de luz programados. Otros dos cuentos sorprendentes le acompañan: "Colchón de Agua" del detallista y escatólogo Cozzolino, y el sugerente "Demonios" de Espartaco Sanchez.
Por el lado de las Crónicas: un "Fragmento de un diario en París" del DJ de los textos imbricados que es Juan Terranova, con la continuación de un proyecto disperso en la red y en su memoria, y cuya génesis se puede rastrear haciendo un click aquí. Le siguen "El norte como fantasma" de Herbert y "Un asterisco peligroso" de Téllez-Pons.
De alguna manera, para conmemorar el 20avo. aniversario de la muerte por ginebra de Borges, se publica un ensayo minuscioso de Pablo Ruiz, que se desarrolla a partir del poco leído cuento "Abenjakan,(...)"

Como siempre, les digo que se pueden suscribir a través de un mail dirigido a mauriciosalvador@gmail.com, o bien, entrando en el blog personalizado de la revista: Hermano Cerdo y bajarse los números que quieran.

Demos gracias al Lobo.

¡Oink, oink!

viernes, julio 14

Silvina Ocampo a través de un cielo de claraboya

Cuando uno lee los cuentos de Silvina Ocampo (principalmente los primeros), en ellos nos inquieta y/o exaspera la acumulación de detalles insignificantes como si fuesen signos oscuros, exaspera la crueldad que anuncia otra crueldad, el cambio brusco en el flujo narrativo. Pero esa suma de efectos, que nos devuelve a un mundo de lógica desaprehendida, es sólo posible a partir de la conformación de un lenguaje hilado con los objetos que pertenecen ese mundo.

El resto de este artículo presuroso sigue, haciendo un simple click, en: Kaputt

martes, julio 11

Brevario de amotinados 10

La conversación se estaba volviendo espesa. Liberados de la pesantez, los jinetes deben ser parcos. Las sillas de montar no permiten disquisiciones de alto vuelo. Salvo en corceles como los míos, alimentados con el piensotrébol y la alfalfa aeromóvil que cultivo en mis chacras experimentales. Sobre todo, el moro y el cebruno, los más comilones, en que íbamos montados Belgrano y yo. Una noche de pastar este forraje los provee, durante la digestión, de gas volátil suficiente para un vuelo de varias horas. Aristóteles logró animales de aire. El Vinci fabricó artefactos voladores, robando a las aves el secreto de propulsión y planeamiento de sus alas. Julio César daba de comer a sus caballos algas marinas infundiéndoles neptúnico vigor. Yo, basado en el principio de que el calor no es otra cosa que una substancia levitante más sutil que el humo, fuente de energía de la materia, hice algo mejor que el estagirita y el florentino: En lugar de fabricar aparatos mecánicos y aerodinámicos, logré cultivar pasturas térmicas. Pienso mágicamente útil. Usinas de fuerzas naturales de incalculables posibilidades en el perfeccionamiento de los animales y el progreso de la genética humana. Construcción de la super raza por medio de la nutrición. Alfa y omega de los seres vivos. He aquí Eldorado de nuestra pobre condición real. ¿No cree usted, general, que el plankton almacenado en los océanos podría solucionarnos la cosa? ¡Viveros inagotables de energía! Yo no conozco el mar, pero sé que es posible. Ustedes se hallan a sus bordes y deberían iniciar los experimentos. En secreto, pues de no hacerlo así podrían desencadenar la guerra de los ganaderos y matarifes, la avisordidez todavía más inagotable de los mercaderes portuarios.
Íbamos ya cabalgando entre las nubes en nuestros caballos mongolfieros. El mapa bermellón de la ciudad parecía aún más bermejo desde lo alto. El verde de los bosques más verdes. Las palmeras más empenachadas y esbeltas, enanas, enanísimas. Las sombras de las hondonadas, más obscuras. Fuego líquido derramaba la caída del sol sobre la bahía, sobre el caserío apiñado en las lomadas. ¡Oh qué bello paisaje!, exclamó Belgrano aspirando aire a todo pulmón. Remontó un poco sobre su silla. ¿Dónde anda Echevarría? No pude disimular mi sonrisa de satisfacción. Veía al entrometido secretario cabalgando entre las zanjas excavadas por los raudales y las inundaciones. ¡Véalo allá, general! ¡En lo más bajo del Bajo! ¡Qué mala suerte la de don Vicente Anastasio!, se condolió. ¡Perderse este espectáculo! Mala suerte en verdad, general. Su secretario va montado en el rocín de Fulgencio Yegros, apto únicamente para los juegos de sortija y las cuadreras.
Hagamos descender ya, dijo Belgrano, a nuestros bucéfalos aerostáticos. ¿Cómo se hace? ¿Se los pincha en alguna parte? ¿Tienen alguna válvula de escape? No, general. Todo sucede naturalmente. No se aterre usted. Son seres térmicos. Cuando se les acaba el gas, los caballos atierran. Todo sucede muy naturalmente. Las luces del ocaso son incomparables en esta estación del año. Contémplelas usted, general.
Libre por esta vez.


Yo, el Supremo- Augusto Roa Bastos

miércoles, julio 5

Apreciaciones sobre la Crítica: la estilística

En "Lingüística e historia literaria" el teórico y crítico de la estilística alemana Leo Spitzer incluye el comentario de una de sus alumnas, quien le hace una serie de objeciones a su teoría crítica, y que podrían abreviarse según estos puntos:

1) Carece de técnica y método (moviéndose en su análisis según la arbitrariedad del crítico.)
2) Su única manera de demostrar consiste en mostrar.
3) Visibilidad instantánea del sentido en el todo de la obra (sin mediar escalones progresivos que permitan un develar el texto analizado.)

A estas objeciones, confrontaré (a fin de poder vehiculizar entre ambas una respuesta propia) un texto anterior del mismo Leo Spitzer: "La interpretación Lingüística de las Obras Literarias", compilado junto con otros textos en el volumen "Introducción a la Estilística Romance" por Amado Alonso, Buenos Aires, 1932:

"(...)estas interpretaciones son como ensayos personales de allegarse directamente, mediante la conciencia moderna del lenguaje y la sensibilidad actual, a las obras literarias tanto modernas como antiguas. Claro que otros podrán luego interpretar de distinta manera tal o cual pasaje, o la obra íntegra, y revisar mis conclusiones; pero hay algo que es lícito afirmar como incondicional: el derecho que tenemos a allegarnos a lo idiomático de las obras literarias directamente con nuestro sentimiento personal de la lengua."

De alguna manera, parece que Spitzer está leyendo las objeciones de su alumna, y contrapone este derecho que prima en la sensibilidad que recorre el texto. La Estilística, como bien dice Amado Alonso en el prefacio de la colección, aspira a ser una exploración sensible que parta de las expresiones idiomáticas más características (las que aún no se han petrificado por el uso colectivo son los mejores según Spitzer), hasta las vivencias estéticas originales que las determinaron. Es decir que, a partir de los acentos, los ritmos, las imágenes inusuales, puede percibirse la figura oculta que se mimetiza en el todo enmarañado de la Lengua común. Es obvio que no existe un método o una técnica metodológica que permita, al igual que la Ciencia, llegar a una misma respuesta que no esté preestablecida por la lectura del crítico. Existe, por otro lado, una sensibilidad que se hace eco de la sensibilidad general, para aspirar a la extracción del sentido total que produce y sustenta la obra. Digamos que donde trastabilla la confiabilidad de un estudio estilístico, es en desplegar el todo a partir de una parte. Es como un estudio acotado que, comunicando a través de un diferencial, pretende dar cuenta del comportamiento dinámico de un animal complejo. Por ello, la objeción más atendible, sea la de escoger determinado fragmento sabiendo que despliega un sentido preconcebido de la obra. Sin embargo la falta de una metodología es, tal vez, la que pueda desencadenar mayores incomodidades en la lectura de un estudio estilístico. Uno puede ver amenazada su propia lectura frente a la lectura de fuerza emprendida por el crítico, y modificar por arbitrariedades subjetivas disfrazadas de consistencia, una obra que antes nos parecía más brillante. No me parece esto último suficiente para desestimar a la Estilística, ya puedo escoger la sensibilidad del crítico que más me agrade. Tal vez el punto anterior (el todo por las partes) haga que como Crítica a desarrollar sea un género menor en mis apetencias. Sin embargo, creo que lo que me fascina en su lectura (cuando leo crítica estilística: especialmente la emprendida por los escritores que son buenos lectores, Calvino o Kundera por ejemplo), es lo que la alumna desestima en la manera expositiva de Spitzer: Demostrar por mostrar. El texto, merced a que sobre un punto del mismo se aplica una corriente galvánica vivificadora, comienza a moverse frente a nuestros ojos. Todo depende de la pericia de nuestro crítico, pero el texto muestra felinamente sus movimientos más sutiles. Nos entusiasma a una nueva lectura, y no a una relectura. Nos entusiasma a desplegar una sensibilidad que perfecciona su ámbito y su naturaleza, y que se ve urgida de una nueva oportunidad (o tan sólo una oportunidad cuando no se ha leído aún la obra que el ensayo aborda.)

martes, junio 27

Opsai en campo germánico


Como muchos, vengo mirando y sufriendo el Mundial. Paso parte de los fines de semana, echado en el sillón y atento a ese despliegue de trayectorias y coloridas camisetas, y cuando decae o está un poco "para atrás", entreleo un libro para suspenderlo ante un gol sorpresivo o un avance peligroso que enreda mi atención. No soy bueno para relatar partidos ni jugadas (y bastante durango como jugador), pero como todo argentino, soy un crítico pasional del juego, con mis preferencias y mis grandes desaciertos. Omar Genovese me invitó a participar con un post en su blog munidalista Crónicas Germanas, donde varios de los muchachos bloggers que conozco y leo, han afilado ingeniosos y apasionados textos. Yo me sumo hoy, con estas reflexiones que están a centímetros de quedar en opsai, teñidas por mi perspectiva personal que conjuga mis dos aficiones, y con la irrupción de algunas flashes de los partidos a la fecha. Aún, para quien no guste del fútbol, traté de reflejar en mi texto el mismo estremecimiento estético y mental que siento al leer una buena novela (no sé porque se me aparece el ectoplasma de Nabokov vestido de arquero del Club Deportivo Ruso, en 1932, en el mismísimo Berlin donde jugaremos el viernes contra Alemania.)

Mi post comienza así:
"El fútbol debe ser uno de los pocos juegos de pelota en el que la simulación es parte del juego. Eso de alguna manera lo vincula con la Ficción, especialmente con el policial más que con la épica. Porque en el momento del foul entramos en una pequeña escena del crimen, apareciendo instantáneamente: una víctima, el victimario, testigos y la policía. Varias combinaciones son impredecibles, así como las consecuencias. El cúmulo de fuerzas que se disparon para provocarlo, serán incognoscibles (Portugal vs. Holanda) e inquietantes." Y continúa, haciendo un simple clik en: Reflexiones al borde del Opsai

Espero que les guste.-

viernes, junio 23

A verstas luz de Nicolai Gógol

Acabo de terminar, un largo y caótico post en Kaputt, que se dispara de mis impresiones entorno a la lectura reciente de Almas Muertas, novela maravillosa e inacabada de Nicolai Gógol. De ahí, a la literatura rusa, con sus voluminosos libros abigarragos de nombres y patronímicos melodiosos. Cuando uno se topa con una novela rusa, cree que los personajes se multiplican y desdoblan, como si estuviese ebrio. Y sin embargo, son los mismos, pero a través de diminutivos como Alioshka, encogidos igual que osos de agua. Hacía rato que no escribía un post tan largo y atravezado, y que fuera especial para la ocasión, con sus trabas estilísticas y sus devaneos de grulla perezosa. Pero bueno, el entusiasmo a veces hace tartamudear, la prisa se vuelve el camino más largo. Espero que algún lector generoso se tome su tiempo para leerlo hasta el final, para luego entregarlo al fuego del olvido, como un alma muerta.

Escribí atropelladamente, entre otras cosas, lo que sigue:
Nicolai Gogol (1809-1852), tiene una obra atípica y divergente (de por sí, un punto de inflexión en la misma Literatura Rusa), obra convertida en fuente salvaje de la que abrevará la literatura universal. Quien haya leído su cuento “La Nariz“, no podrá dejar de sentirse impactado como por una bala perdida. ¿Qué es esto? Es un relato extraño, caricaturesco sin dejar de ser inquietante, desaforado y animal (salta como vivo frente a los ojos del lector), es feo y resbaladizo. Mi post, haciendo un simple click en: VERSTAS

Buen fin de semana y ¡vamos Argentina! (lo siento Mauricio, perdón buey, pero así es nuestro entusiasmo.)

jueves, junio 22

Brevario de amotinados 9

El gato de la casa tenía cara de bagre.
Se lo decían, le hacían la broma de que lo iban a meter en una pecera.
Él acogió la ocurrencia con una vanidad exagerada. Y se puso a presumir de bagre.
Otro gato se lo comió.

Cuentos Claros, Antonio Di Benedetto

martes, junio 20

Vacancia

Es cierto: estoy como ausente, como ensimismado en mi propia pereza. A esto se suma cierta indeterminación, cierta falta de respuesta que, de alguna manera, me lleva a la mudez, a la inquietud, al "da lo mismo" (no es un reproche más que a mí mismo ya que aún confío en la interacción de este medio.) Pero se también, que otros factores afectan mi indecisión o más bien mi dispersión. El Mundial es el más perentorio en los horas no laborales (salvo en los partidos de Argentina, o en aquellos que puedo pispiar a la hora del almuerzo), y en las otras franjas horarias, pesan mis círculos que no puedo cerrar, mis cambios que no terminan por germinar. "Dural", un sitio que más bien reúne mis inquietudes como lector, mis pensamientos disparándose sobre ecuaciones más o menos regulares, se va libando lentamente como un alerce, pero su misma lentitud lo sume en la indefensión. Los tiempos modernos tienen una velocidad que podrían arrancarlo de cuajo y revolear sus raíces excéntricas. Sin embargo, me siento responsable de algunos compromisos que encaro con gusto (pero no sin oportunas dudas que me acometen como ráfagas, pero me apuntalo y sigo.) Tengo que terminar la corrección de mi novela "NS", que tal vez no tenga más de 20 lectores generosos en fotocopias A4 anilladas, pero que aún así, serán las hojas que alguna vez pueda llevar de sudario sin sentirme tan desnudo a la hora de mi muerte. Pero acallemos estos egotistas devaneos, y derivemos a otros sectores más luminosos de la red:


1) En Kaputt, un post que crece germinal de unos versos de T.S.Eliot, y que sirven para pensar el futuro, la gravitación de la muerte sobre cada acto, la promesa que anida en el día cero del verano. Y como mi intervención cayó en ese glorioso viernes en el que la Argentina ganó por 6 goles a cero (con el gol del Cuchu, que es uno de los goles colectivos más hermosos que van del campeonato), lleva mi post una Posdata Oportunista que, de alguna manera, complementa y salva pensamientos tan graves. El texto lo encontrarán haciendo un simple click en: Verano Cero.


2) Está disponible en sus kioskos virtuales la 4ª entrega de la revista Hermano Cerdo. No me canso de señalar que su propuesta, a diferencia de otras publicaciones virtuales, es ventajosa y necesaria, puesto que combina traducciones de escritores consagrados de difícil acceso para los que dominamos poco el inglés, y gente de toda América que publica sus creaciones inéditas. Pueden suscribirse escribiendo un mail a mauriciosalvador@gmail.com, o bien bajarse los números en esta dirección: Hermano Cerdo. La edición es muy límpida, y la ilustración de portada es de una belleza lúdica y sugestiva.

Disfruten del sol y del invierno cero.

viernes, junio 9

Geometría de Kundera

Ciertas impresiones, tal vez un tanto a vuelo pluma, sobre la famosa novela de Milan Kundera, valorando en principio, su particular sencillez, la linealidad de sus temas. Releyendo "La insoportable levedad del ser", se hace notable la existencia del autor, la subexistencia de las creaturas, casi esquemáticas, apenas esbozadas en dos o tres imágenes. Como si el autor tuviese en sus manos una escultura, una osatura de directrices de tramas individuales, y cada movimiento de retroceso, avance, suspensión narrativa sirviese a los fines de una exposición casi filosófica (o más bien, semiológica a la manera de Barthes.)

Es decir, Kundera escribe: Tomás nace de una escena contemplativa, Teresa de un ruido en la panza, Sabina de la imagen de una mujer en ropa interior con un sombrero bombin mirándose desde un espejo, etc... Las descripciones son las mínimas indispensables, los diálogos casi triviales, cotidianos y ovillados de silencios. Una elegante teorización a través de personajes casi transparentes.

La irrupción del autor, contemplativo, sereno, como quien lee viejas cartas de amor, hace que sus meditaciones sean más importantes que la trama, puesto que nos muestra la osamenta en el lugar que quiere (el tiempo cronotópico de la novela reducida a la dimensión de espacio); tanto es así, que hace montajes de párrafos a los que vuelve a retornar como si fuesen los pivotes de una artificio mecánico y móvil. Esto produce que el lector no pueda leer desde la "interioridad" de las vidas de Tomás y Teresa; escucha al autor, y mata en definitiva esas subexistencias de golems. (Pero acaso sea esto lo que desdibuja a los personajes convertidos en croquis: el que hayan muerto. Acaso Sabina, quien sobrevive, sea la única con derecho a contemporaneidad y coexistencia con el autor. O bien se afirma como existencia o, teniendo en mente una balanza o los vasos comunicantes, arrastra al autor a la no existencia de una substancia creada literariamente: sólo palabras.)

domingo, junio 4

Una cruza



En kaputt, este viernes, me dedico a pensar en Vladimir Nabokov como una extraña cruza entre lepidoptorólogo y teratólogo (es decir, el que estudia, por ejemplo, las mariposas, y el que estudia las malformaciones orgánicas de la naturaleza, los monstruos, respectivamente.) El texto, merodeante y sigiloso, haciendo un simple click en: Vladimir Nabokov: Una Cruza

miércoles, mayo 31

Brevario de amotinados 8

Insólito procedimiento judicial. El condenado es ultimado en su celda por el verdugo, sin que se admita la presencia de otras personas. Está sentado junto a la mesa, y termina su carta o su último almuerzo. Golpean, es el verdugo.

—¿Estás preparado? —pregunta éste.

El texto y el orden de sus preguntas y sus órdenes están previamente prescriptos; no puede apartarse de ellos. El condenado, que en el primer momento se levantó de un salto, vuelve a sentarse, se queda con la mirada fija en el vacío o se cubre la cara con las manos. Como el verdugo no recibe respuesta, abre sobre la tarima su valijita de instrumentos, elige los puñales y hasta da un último retoque a sus diversos filos. Ya ha oscurecido mucho; coloca sobre la cama una pequeña linterna portátil y enciende la luz. El condenado vuelve furtivamente la cabeza hacia el verdugo, peor cuando ve lo que está haciendo se estremece, desvía nuevamente la mirada y no quiere verlo.

—Ya estoy dispuesto —dice el verdugo después de un ratito.

—¿Dispuesto? —grita inquisitivamente el condenado, que se levanta de un salto y se decide a mirar de frente al verdugo—. No pensarás matarme, no pensarás extenderme sobre la tarima y clavarme el puñal, después de todo eres un ser humano, admito que puedas ejecutar a alguien en el patíbulo, antes tus asistentes y magistrados, pero no aquí, en la celda, como una persona mata a otra persona.

Y como el verdugo calla, inclinado sobre la valijita, el condenado prosigue con más clama:

—Es imposible.

Y como el verdugo insiste en no decir nada, el condenado continúa:

—Justamente porque es imposible, se ha instituido este insólito procedimiento. Había que conservar las formas, pero la pena de muerte ya no se cumple. Me llevarás a otra cárcel, probablemente tendré que quedarme allí bastante tiempo todavía, pero no me ajusticiarán.

El verdugo retira una nueva daga de su cubierta de algodón, y dice:

—Probablemente te refieres a esas leyendas donde un criado recibe la orden de abandonar a una criatura, pero no lo cumple, y prefiere en cambio dejar al niño como aprendiz de un zapatero. Ésa es una leyenda, pero ahora no se trata de ninguna leyenda.

Diarios, Franz Kafka

lunes, mayo 29

Un libro portátil

El jueves feriado, haciendo limpieza en mi biblioteca, volví a tomar uno esos libritos que parecen desubicados entre tantos volúmenes. Pequeño como una agenda, de lomo con letras doradas, tapa dura, las hojas amarronadas, el canto de las hojas pintadas de aureolados colores. Cabe en una mano, se arrincona en un estante casi en la sombra.

Me lo regaló mi abuelo paterno en su oportunidad (falleció a la increíble y orwelliana edad de 101 años), y aunque me resisto a la bibliofilia, no puedo negar que es un ejemplar curioso y bello en sí mismo.

Es de 1818, edición inglesa: Works de Lord Byron. No sé bien que corrientes peligrosas y sargazos contiene, ni por su forma ni por su contenido (pensar que Byron cruzaba a nado las aguas casi estancas de la laguna que sustenta Venecia.) Su inglés centenario me es hoy ilegible (por pereza, por intermedium level), pero es tan cómodo al andar, tan incómodo en la estaticidad de mi biblioteca. Y no me implica mayor riesgo que un arma descargada. Una antigüedad bruñida por casi dos siglos de sucesos inauditos y ásperos a su belleza contenida.

sábado, mayo 27

Walter Benjamin o Las fuerzas de la ebriedad



Walter Benjamin, es uno de mis ensayistas de cabecera. Siempre me fascinó esa tensa lucha interior entre el lector hedonista, el coleccionista, y el analista pragmático de la revolución proletaria. Esa componente de fuerza que lo tironeaba de un lado a otro del espectro de la posesión, como una aeronave sumergido en la turbulencias del tiempo histórico.

Este viernes en Kaputt, me arriesgué a postear un texto, en principio áspero para la blegctura veloz, pero que intenta mostrar esa intención de Benjamin por equilibrar esas fuerzas contrapuestas y lograr una resultante mejor (entrarán por una nota a pie de página escrita por Peter Burguer y saldrán por el portón del surrealismo). Mi post, haciendo un simple click en: Las fuerzas de la ebriedad.

Y para los que quieran seguir merodeando por los pasajes de Walter Benjamin, les recomiendo este sitio dónde encontrarán un interesante texto de George Steiner:
Fragmentos de París

La foto que rescaté de la red incesante, es un fotomontaje entre el perfil de Benjamin y los Pasajes de París (ese antilugar que ahora sólo existe en la literatura.)

Gaudeamus.-

martes, mayo 23

Blanchot vs Steiner: pompas y venenos

1.
Maurice Blanchot: un texto, a medida que se crea, que surge de esa nada angustiosa que la nutre por principio, pliega un lector. Por ello, los diarios íntimos (yo escribo para mí), no terminan por ser tales. Pliegan un lector, una figura vaporosa (¿un doble?), pero aferrada a la existencia de las líneas, así como el exterior se aferra al interior sobre la piel (en medio, en el límite: un abismo infinitesimal.)

George Steiner: "¿Qué medida del hombre propone esta obra?", se pregunta el crítico. Aquí el lector se ve arrastrado a una figura que se le propone: qué imagen le devuelve el espejo que de alguna manera altere y transforme su propia noción de cultura humana. Si bien ambos hablan de cierta inocencia o cierta levedad en el acto de la lectura, Steiner parece decir que todo contacto con la piel de una obra es venenoso para quien no tiene la sensibilidad necesaria a fin de acariciarla sin peligro. Por ello, la crítica, en su carácter vicario y guardián, "amplía y complica el mapa de la sensibilidad" en la literatura.

2.
A partir de las palabras de Blanchot en "El Espacio Literario", busco una imagen que remita a esa contigüidad quebrada que hace a la comunicación de una obra: imagino al autor produciendo una burbuja de jabón. Se forma en torno de su exhalación, en su interior viaja "el alma" (el suspiro de los griegos.) Pero en la tensión de la pompa, se pliega la obra; por cuanto el lector sólo admira esta forma y se curva en su superficie (Deleuze.) Al momento de pinchar esa ilusión con su intrusión, no es más que nada, un aire vaciado. El autor se va borrando (va muriendo con su aliento), a medida que su obra se escribe en el génesis; la obra se cierra sobre sí misma como un erizo.

Para Steiner, la lectura es una transgresión, en el sentido de que ese hálito transgrede el umbral de su propia enunciación (ya no es el Sí libre de la lectura en superficie), posee con "contundente señorío sobre nuestra imaginación y nuestros sueños más secretos."

3.
Blanchot: "Pero el libro que se origina en el arte no tiene garantías en el mundo, y cuando es leído aun no ha sido leído nunca, sólo alcanza su presencia de obra en el espacio abierto por esa lectura única que cada vez es la primera, que cada vez es la única." La lectura es entonces sólo una copia vaporosa, un fantasma delicado de esa prima afirmación.

4.
Steiner: "Los hombres que queman libros saben lo que hacen. El artista es la fuerza incontrolable: ningún ojo occidental, después de Van Gogh, puede mirar un ciprés sin advertir en él el comienzo de la llamarada." La lectura transfigura como una lente impuesta en lo oscuro de nuestra óptica impresionada, lo que se vea o se lea después. Pero más sutil: según quién detente esa lectura, no ya quién imponga una lectura (sea el autor en su intención manifiesta, ya sea una institución), sino más bien quién la posea (ej.: los nazis apropiándose en la escucha de Mozart.) Como si la obra se contaminase según quién se pliegue y frecuente su superficie (todas las copias, por extraña capilaridad, se ennegrecen en mis manos.)

sábado, mayo 20

Paso la frontera con. . .



Si bien estaba elaborando in mente un post orientado hacia una lectura crítica, tuve que cambiar mi decisión al leer el conjunto de post de kaputt que se fueron eslabonando día a día. Espero haber cumplido con la consigna muda de este viernes, como ese juego que me enseñaron mis amigos gwanas: "Paso la frontera con . . ."

Este viernes en kaputt, paso la frontera con Cantata Oceánica

Una conjunción cuasi lírica de cantos en prosa al movimiento volumétrico de los oceanos. Espero que a alguien les guste.

miércoles, mayo 10

Ataque celeste (comments recobrados 2)

1.
Los pilotos de avión, suelen ser más intrépidos que seguros. Es decir, se confían tanto a los instrumentos y a los manuales (que piensan por ellos) como a su instinto, pero es la convicción de su valentía lo que los sostiene en el aire como en el borde del balcón más alto. Pero un oscuro día, esa confianza cede, asoma el vértigo y comienza a sentirse preso bajo fuerzas que no puede mensurar ni controlar. Empieza a temer a volar, y entonces, debe dejar de hacerlo. El cielo se le niega, aunque lo ansíe como el agua. Les ocurre a más de uno.

El poeta a veces no difiere de un piloto. Es un piloto en las corrientes del lenguaje. A veces es seguro y mesurado, ajustándose al compás y la rima, y a veces, es intrépido y desata el vértigo como un piloto acrobático. Y también puede llegar a ese punto que comienza a temer a ese medio huracanado que el mismo propició.

Entonces, uno podría pensar que Rimbaud, tal vez, no habría abandonado la poesía por la aventura ante su hastío o su pragmatismo. Capaz Rimbaud estaba aterrorizado y ya no podía volar, y salió corriendo para internarse en el Africa, hacia el olvido de las palabras escritas, a un cielo oclusivo y desposeído.

2.
Ayer, al cierre de mi día, me serví una taza de café recién hecho, y me acodé en la ventana de la cocina, contemplando la noche desde el piso 14. Con la luz apagada, podía ver el neónico resplandor de la ciudad acallada. Sobre el límite, por encima de luces ambarinas y blancas, se destacan luces rojas que titilan como un árbol de Navidad. Son las luces de las antenas que indican a los pilotos el extremo de los edificios. Pienso en los pararrayos y en estas luces de advertencia, erizadas contra el cielo, y tratando de protegernos como una piel sensible de lo que se agita en el cielo y que nos es incontrolable. Algo que nos prevenga, aunque precariamente, de todo ataque celeste.

domingo, mayo 7

El hombre que fue viernes

Durante el verano de 2005, Maru, Vale, Pablo y yo hicimos un viaje por Neuquén enlazando Copahue, Villa Pehuenia, Lago Quillén, etc. En una libretita roja fui tomando notas de esa transformación del mochilero y delineando viñetas que tuviesen que ver con esa movilidad. Algunas de ellas, las transcribí para el post del viernes en kaputt, agrupadas bajo el simple título de: Apuntes patagónicos

jueves, mayo 4

Brevario de amotinados 7

De noche, la sombra de los árboles es de las parejas.

En la mañana, cuando los árboles han recogido su sombra encubridora, en mi vereda encuentro una pareja todavía entrelazada.

Con discreción, para advertirles que ahora serán vistos por todos, toco el hombro de él. Caen los dos al suelo y no se mueven.

Mientras busco un teléfono para llamar a la policía, me pregunto ansiosamente si ha sido un suicidio de amor o si soy yo quien los ha matado.

Cuentos Claros, Antonio Di Benedetto

martes, mayo 2

Italo Calvino y la escritura combinatoria

Italo Calvino, en su artículo "Cibernética y Fantasmas", propone como un modelo de producción de texto, las posibilidades combinatorias de una máquina cibernética; tal vez en el intento de desmitificar ese momento oscuro y tormentoso de la génesis de una obra literaria. Si bien parece suficiente en el acto de discurrir sobre la cinta de un escrito, montar por partes y palabras las unidades mínimas de la ficción hasta obtener una página clásica de posibilidad literaria: Calvino cree necesario establecer un emergente en el texto, que vincula la repetición con el mito. Mito que, definido por el inconsciente humano, refiere a un orden colectivo. A Calvino, para sustentar este artificio que hace desaparecer al autor, le es difícil prestar a su máquina la motivación esencial de su movimiento combinatorio. "La línea de fuerza de la literatura moderna está en su consciencia de estarle dando la palabra a todo lo que en el inconsciente social o individual ha quedado sin decir: en ella radica el continuo desafío."

Una estrategia para dar cuenta de eso "original" que establece las condiciones de contorno de un disparo matemático de textos combinándose, es establecer a priori, como quién lo carga en las variables de una matriz, "la experiencia vivida, la imprevisibilidad de los cambios de humor, los sobresaltos, los dolores y las iluminaciones interiores." Estos, dice, son otros tantos campos lingüísticos con sus específicas propiedades combinatorias. Sin embargo, basta escanear sobre esos "sobresaltos", para descubrir una contradicción dimensional. El sobresalto es un cruce, un cortocircuito, un golpe de dados (es decir una in-tensión que en la invariabilidad del azar se expresa); no es un campo (una superficie), es un desvío.

Las matemáticas son bellas porque expresan la perfección nutricia de la formación de los cristales. Asistamos al desarrollo de una expresión matemática: todo está contenido en su planteo, sólo bastará de acuerdo con sus reglas lógicas, deslizarse como sobre una cascada por cada paso conmutativo hacia sus síntesis final. Todo está contenido en su germen, es pura potencialidad, pura repetición. Haciendo las convenientes salvedades, los textos (más precisamente en el artículo de Calvino, las novelas) podrían convertirse en los productos de una máquina escribiente (obviamente, como posibilidad conceptual.) Esto equivale a decir, junto con Borges, que lo escrito, está agotado del momento que es un germen de sí mismo, y que todos los textos han sido escritos en la historia del hombre (a todos corresponde un número en la serie matemática de la posibilidad.) Por ende, sólo cabe al escritor, a la mente humana, combinar fragmentos en busca de un sentido que en la literatura está fuera del lenguaje.

A modo de conclusión personal, deseo hacer una apreciación estilística que, de algún modo, pretende enlazar este artículo con la producción ficcional de Italo Clavino. Ante todo decir, que alguna de sus ficciones son muy hermosas, tal vez porque el capullo matriz desde el cual se han ido libando (ejemplos: un hombre que se trepa a un árbol y se decide a nunca más descender; una determinada concepción científica refutada en la actualidad), ha sido pasionalmente escogido. Pero en otros textos de su producción literaria, Calvino puede ser muy aburrido y dilatante. Generalmente en aquellos textos que pretenden agotar las permutaciones posibles de una fórmula literaria ("Tiempo Cero", en su totalidad. "El Castillo de los Destinos Cruzados": buena idea, pero sus condicionantes escriben trivialidades difíciles de disfrutar.) En estos textos, se percibe que el escritor se demore en las baldosas que va pisando. Un formuleo matemático de N combinaciones, se articula en los saltos o pasos que son necesarios para continuar su movimiento hasta agotarlo. Aquí radica una diferencia sustancial entre lo artificial y lo natural. El primero crece mirándose los zapatos en una carrera infinitesimal como la de Zenón, El segundo, muy difícil de definir (toda una vida para hallar un modelo aproximativo), puede decirse que, al igual que en la concepción ZEN, la escritura es el camino imantado de la intuición de un disparo certero de flecha.

viernes, abril 28

Dos fugas

1.

Paula Pampin tiene una doble vida. Cuando no está en los claustros, está en la Feria del Libro con su blog Crónicas Inútiles, que es como el backstage de ese infierno tan temido y ansiado. Escribí mis impresiones en un post que podrán leer haciendo un simple click en: Un infierno encantador.

2.

Paul Valery dejó de lado unos papeles o fragmentos que hubieran integrado su "Monsieur Teste", ese famoso librito de confección admirable y despareja. Por medios de transmisión o transmigración ignotas, uno de esos capitulillos fue a traspapelarse entre mis cuadernos. Hoy lo publico en Kaputt, haciendo un simple click en: Monsieur Teste o el cazador de sí mismo.

Buen fin de semana largo a todos.-

martes, abril 25

Tanger o la búsqueda incesante



Lograr precisar una ciudad como Tánger exige de mí cierta capacidad de dar nitidez a algo que aún se está construyendo y gestando en mi búsqueda. Un comienzo: es una ciudad que demanda la búsqueda, que no se encuentra al dar la vuelta a la manzana, y cuyos minaretes siempre se desdibujan en el horizonte, nunca accedemos a su centro. Uno siente como Jane Bowles que el movimiento cesará en cuanto seamos Tánger. Su impenetrabilidad (percibido a partir de la impenetrabilidad de los marroquíes) nos incita a la escritura o al constante deambular en el silencio.
No es que Tánger sea la ciudad buscada o ansiada, sino más bien, que es la masilla con la cual se puede modelar un espacio imaginario, allí donde nuestros más íntimos personajes viven y se consumen en los encuentros y desencuentros que gobierna la lógica del sueño. Intuyo que el hechizo que obra ese espacio y el hechizo del sueño son semejantes: el lugar imposeído, en el cual no dejamos de ser extranjeros, el visitar el interior de los textos. La magia no es de quién la habita, sino de quién la visita.

El desierto es como un laberinto móvil: no sirven las huellas, todo zozobra, es imposible la marcación (sólo el cielo da paz, da la marca del sol.)

Juan José Saer en su cuento Discusión sobre el término Zona, tratando de hallar una frontera, un límite entre la pampa gringa y la costa que da al río, llega a la conclusión de que tal límite es imposible: el último lugar de la pampa es el primer lugar de la costa, y el último lugar de la costa es el primer lugar de la pampa. De esta manera, define el término Zona, que es el lugar de su escritura. Análogamente, Tánger pertenece al Sahara y el Sahara a Tánger. La continua movilidad de las arenas dibuja y desdibuja la ciudad y su entorno, pertenece al encanto de un presente estanco, nunca se termina de vagar, de recorrer su cause circular.

"(...)el pulso profético del mundo como un sueño que se extiende desde el pasado hasta el futuro, una frontera entre el sueño y la realidad", la define William Burroughs y agrega: "como visitar el sueño de otro."

A tal punto la ciudad pertenece al sueño de otro, que Jane Bowles en su afán por entender las leyes que la gobiernan, teme pronunciar una palabra equivocada, que bien podría ser trivial en su mundo.

Burroughs, otro escritor boyante en Tanger, en un momento se torna invisible, inadvertido gracias a una técnica propia de guardarse de la mirada de los demás, un viejo poder traído de las mil y una noches.

Me embruja en la lectura de El Cielo Protector, de Paul Bowles, la belleza de los oasis textuales que destaca en el desarrollo de su novela de médanos. Son para mí tres: la historia del Té en el Sahara, la contemplación del cielo protector y por último, el baño nocturno de Kit (invisibilidad.)

Kit es el personaje que en primera instancia vive pendiente de los presagios, siempre un tanto antes de la acción, siempre presa del tiempo. A partir de aquella escena del baño en una cisterna a la intemperie, cuando la ciudad duerme, todo cambia, cambia su percepción, siente su cuerpo, llega al presente ubicuo. El no pensar, el dejar fluirse por las cosas, la abolición del tiempo, la movilidad de las arenas (los oasis de amor con Belqassim, en el desierto de la posesión por el letargo o por el otro acompañante no deseado.) Todo resbala por su piel: los acontecimientos, las horas, la arena. Kit es una posesa, el arquetipo del vagar como un flaneaur.

El cielo protector es esa capa de espesor nulo, que divide el infinito y el presente, homogéneo, ininterrumpido, sin fisuras y sin oasis.

Por otro lado, el Tánger de Truman Capote, cuyas delicias son la convivencia con personajes irreales como también con sus historias en el escenario de un lugar hechizado, me hace traer desde un texto de Chesterton, ese otro esbozo preciado de la ciudad onírica, campo de exploración de la escritura: Saffron Park (El Hombre que fue Jueves.)

jueves, abril 20

Pluma

En la penumbra de los claustros, la amarillenta mano de un plumífero del siglo XIV, hilvana palabras de una ingeniosa trama de vicisitudes ficcionales. Corre en la tinta el lenguaje de los manuscritos. De este lado, un tanto más luminoso, la lectura del escrito casi frágil, casi fósil. Pluma. Invertir el proceso. Desandar la línea manuscrita, trazar con pausa, con aliento sostenido una fineza. Traer de la invisibilidad del tiempo, el aleteo de una mano, los rastros del rostro, la figura meditativa, la penumbra. . .

viernes, abril 14

El Evangelio según Barrabás

Para Kaputt

Estas notas, son aproximaciones cautelosas, casi fragmentarias en torno a este viernes santo, tal vez porque la doble advertencia de abstenerme del consumo de carne, presidencial y materna, me conduce inmediatamente a la reflexión y a la introspección (como un cerrojo con dos vueltas de llave.)

Asimismo al respecto, este año es complejo: se ha exhumado y descifrado un texto que llaman “El Evangelio según Judas”, descubrimiento que el Nacional Geographics (“naa-chiio”, para quién lo ve por tv-cable), despliega de hipótesis y vacilaciones, como si estos restos de letras folisilizadas, pudiesen agruparse en un puzzle paisajístico de piezas contadas. El documental orquesta testimonios y opiniones: repliegue de los ortodoxos, avance de los místicos y los new age. El texto parece ser de los primeros años del cristianismo, aunque posterior a los cuatro Evangelios oficiales, es decir, los de Mateos, Marcos, Lucas y Juan, y no creo que sorprenda a los que leyeron a Jorge Luis Borges, y a De Quincey (su precursor), puesto que este evangelio vendría a revindicar el papel de Judas en el plan divino. Así como a veces la ciencia ficción anticipa los productos y los hechos del futuro, las “Tres Versiones de Judas” de Borges, han anticipado la aparición de estas hojas que viajaron a través de casi dos milenios. Sin embargo, el evangelio de Judas, calla cuando éste muere. No hay resurrección de Cristo en él, no están las lágrimas de Magdalena, ni el santo sudario, ni la incredulidad de Tomás, ni la triple negación de Pedro. Esto limita el alcance de dicho descubrimiento. La muerte de Jesús es como un punto de inflexión en la historia de los testimonios y las interpretaciones de las escrituras, además de haberse transformado en el punto cero del cronotopo de nuestro calendario cultural. Sin ir más lejos, las PC laten con sus relojitos cronometrados en ese punto de inflexión. Y si bien podemos hablar de convencionalismos, de la cultura occidental, de siglos de dominación del cristianismo en sus múltiples versiones y estrategias de captación, no deja de ser menos que curioso, que cada tanto queramos releer, reinterpretar, recontar esa historia mínima y sugestiva de un hombre llamado Jesús.

Ahí están en mi biblioteca, por lo menos dos: “El Evangelio según Jesucristo”, del escritor portugués José Saramago; y “El Evangelio según Van Hutten”, de Abelardo Castillo. Dos perspectivas diferentes de novelar la misma historia: directa y sincrónica en la primera, de manera indirecta y en los tiempos actuales, la segunda. Ambas, tratando de captar el emergente humano de las palabras, lejos de los milagros y atentos a la dimensión pragmática de los hechos cotidianos. Hasta Dostoievski quiso escribir, al final de su vida, una vida de Jesús.

La lista es muy curiosa. Fuera de los evangelios apócrifos de todas las épocas y grados heréticos, están las novelas de fin del segundo milenio: “El Evangelio según el Hijo” de Norman Mailer, la más reciente “El Evangelio según Pilatos”, de Eric-Emmanuel Schmitt, “El Evangelio según Da Vinci”, de Dan Brown. ¿Cuántas más se irán ordenando como soldaditos de plomo, una tras otra, a medida que se alejan cada vez más del punto 0?

Son como un nuevo género literario, como la novela epistolar o la novela histórica o el non fiction. El Evangelio según X. Como una consigna de trabajo de taller literario, podríamos elaborar o esbozar una novela según la perspectiva de alguno de los que tuvieron contacto con Jesús, o bien de los investigadores que tras su rastro, pudieran establecer un nuevo puzzle esclarecedor, que afectará nuestra forma de percibir la realidad.

Pienso en un “Evangelio según María Magdalena”, que acaso una mujer escriba con mayor comprensión y dimensión humana. Un evangelio según los ladrones que agonizan junto a Jesús, en un diálogo entrecortado bajo un cielo plomizo a punto de rasgarse. Las historias posibles y la ya escritas, se multiplican como el pan, y cada trozo sabe distinto y siempre a poco. Como en esas series de números convergentes que nunca llegan a la unidad, jamás tendremos la historia absoluta. ¿No es sugestivo, que siendo una historia de testimonios, los apuntes escolares de unos azorados discípulos, en definitiva una historia oral, no haya tenido Jesús su Platón como lo tuvo Sócrates? Un texto definitivo, no un compendio de textos posteriores, algunos acallados, otros reinterpretados una y otra vez. Siempre intentando desmalezar hasta ahí, hasta el monte de los olivos.

Una de las preguntas más esgrimidas contra la filiación de Jesús es: ¿Por qué teniendo el poder de hacer milagros, no se salva a sí mismo? Los creyentes siempre contestan que se sacrificó para salvarnos. Pero al primero que salva, sin embargo, es a Barrabás; ya que la condena de Jesús, a pedido del pueblo y por disposición de Pilates, implica el indulto del criminal. Siendo, entonces, Barrabás el primero de todos (y siguiendo con mi desarrollo lógico), entiendo que sólo habría que escribir “El Evangelio según Barrabás” y éste, en definitiva, podría ser el evangelio más fiel y más antiguo.

jueves, abril 13

Un post invisible

Por problemas técnicos, mi nuevo ámbito colectivo Kaputt, ha quedado congelado momentáneamente en el día miércoles (¿tendrá algo que ver la semana santa o es mi reciente incorporación?)

Hoy le tocaba a Daniela Gutiérrez, cuyo texto dedicado a las artes culinarias de gourmets seductores, puede leerse haciendo click en:Hummm....

miércoles, abril 12

Nunca acabará el lamento callado, ni el marchitarse de la flor marchita

El verso es de T. S. Eliot, y está extraído de su poemario "Four Quartets". Mi presente escrito que se inspira en esa luminosa línea, es como una coda, un tanto arbitraria, de mi post del viernes pasado en Kaputt.

Según Henri Bergson, la Duración sería un dato inmediato de la conciencia; es decir, que un objeto toma realidad en la medida que da cuenta del tiempo de su caducidad. De la forma que lo entiendo yo, podría ejemplificarlo (y para divertirme) así: regalo una rosa a mi amada; en un pétalo lleva inscripto el día de su vencimiento (como un replicante de Dick), y toda vinculación al hecho de haber nacido (nacido de alguna manera para ella, nacido a su mirada en el instante que descubro mi intención) se desvanece. Como no existe el instante (para la teoría de Bergson), no existe el poder instantáneo de fascinación; le regalo una flor marchitándose (no la flor viva), un amor desenamorándose. Largo tiempo después de que termine nuestra relación, ella abrirá el poemario de Eliot, y entre sus páginas, descubrirán esta flor marchita marchitándose. Es curioso cómo el poema II de "The Dry Salvages", consiguiente al verso del poema comentado, Eliot comienza a preguntándose si es posible que este marchitar de la flor marchita acabe; y que más adelante aún, lo niegue, evidenciando su desaliento, y demostrando de algún modo, que es causa de nuestra percepción melancólica, volcada al pasado.

Por lo tanto, sólo se podrá recuperar esa rosa ofrendada, en la intensidad del instante: dejando a la irrealidad, los despojos de su duración (la melancolía abolida.) Eliot parece decir, que si nos permitiéramos este cambio de óptica, la Eternidad sería posible.

No sería entonces, que ella hace tiempo habría recibido una flor ahora marchita, porque yo la amaba, sino que ella, aquella vez (ese instante real, lejano como un pecio en el mar del tiempo), recibe una flor porque yo la amo.

lunes, abril 10

Anuncios extradurales

1
La revista pdf-ila "Hermano Cerdo N°2", ya está disponible para quien quiera suscribirse a ella (enviando un mail a mauriciosalvador@gmail.com), o bien, haciendo click en: Hermano Cerdo N°2. En este número, encontrarán un muy buen cuento de Sherman Alexie, escritor indoamericano, en exclusiva traducción de Mauricio Salvador. Comienza y termina en el mismo punto, como un círculo vicioso en expansión; pero en el medio queda enlazado: la deriva de las pequeñas comunidades indias, su marginalia y su optmística, la melancolía y el buen humor, la ebriedad y la lucidez. También encontrarán, palabras para cuentistas cachorros de uno de los escritores top norteamericanos, Saul Bellow, fallecido el año pasado (concejos mil veces escuchados, pero la gracia está en el estilo del concejero). Cuentos, Crónicas y una nueva sección de Misceláneas para textos inclasificables.
Me da gusto colaborar, aunque muy tangencialmente, en este emprendimiento panamericano de generosa gratuidad (lo digo, por sus traducciones corajudas).

2
Desde la semana pasada, colaboraré todos los viernes en Kaputt, un lugar de la weblog que valoro por su polifonía y su estructura dinámica. Yo que lo leí nacer, extraño en él, la participación de Vignoli y ahora, también, de Genovese y de Massei. Independientemente de que haya gente que les guste o no sus intervenciones, de que a veces yo esté o no de acuerdo con sus perspectivas, sus textos provocan tensiones que no suelen pasar desapercibidas y que me parece, es lo más interesante de los blogs: la interacción, la comunicación.
De modo que ahí estaré, con Paula, Daniela, Jorge, Guillermo y Edgardo (y Daniel, en el back, por supuesto).
Este último viernes pasado, arranqué con La Rosa de Fizgerald, post que conlleva una consigna implícita, y que me hubiera gustado que alguien escribiera sobre ella, en uno u otro rol: ¿Cuántas veces hemos construido estructuras maravillosamente excesivas para atraer o seducir a quien amamos o deseamos?

Gracias por su amable atención.-

miércoles, abril 5

Brevario de amotinados 6

Nicolai vio de repente ante sí a un conocido que había muerto. Durante todo el día. Los días siguientes, vio a otras personas, conocidas y desconocidas. En gran parte, gente en la no había pensado durante años. No podía provocar esas apariciones voluntariamente. Si cerraba firmemente los ojos, desaparecían. Esas personas se relacionaban entre sí como si él no estuviera presente (“era tal como en la realidad, una era un poco más grande, otra más pequeña y tenían también diferentes coloraciones en las partes visibles del cuerpo, en el rostro, las manos y los brazos, y con ropas de todos los colores, tal vez más desvaídos que en los objetos reales”). Al cabo de cuatro semanas ya hablaban entre sí y le dirigían la palabra a Nicolai. En cierta ocasión en que le aplicaron sanguijuelas, la habitación se lleno de personas que pululaban, de mujeres y niños moviéndose rápidamente. Hacia el atardecer, los movimientos fueron haciéndose más lentos. Más tarde, los colores palidecen hasta hacerse blancos. Los contornos perdieron precisión y se desvanecieron en el aire. Durante un rato todavía pudo distinguir fragmentos de algunos de ellos.

Autobiografía de F. Nicolai, ed. por Löwe en Bildnisse Jetztlebender Berliner Gelehrten, 1799, vol. III, p. 3

Un aporte de Robert Musil

lunes, abril 3

"Nuevo Ensayo Dantesco" en Kaputt

En el generoso espacio dominical de Kaputt, encontrarán mi nueva colaboración: un ensayito analítico sobre el argumento de una película policial perturbadora y consistente, y que sirve para pensar ese género metódico, lógico y literario que suele ser el de los asesinos seriales. El texto comienza así:

"Me fascina “Seven” (aquí traducida como “Pecados Capitales”). Ese precioso cruce argumental entre novela negra y novela inglesa, girando entorno a la Literatura y a la Escritura. Gravita con sostenida influencia: Dante y Doré, “Los Cuentos de Canterbury”, Milton y los paraísos perdidos, dándole a la película un espesor humano de brillo antiguo, que trasciende lo grotesco y el espanto, hacia una zona reflexiva de indecible tristeza.

Los colores priman en lo oscuro, la lluvia persiste en el aire. El desarrollo se acomoda al movimiento persecutorio de los hechos a través del pensamiento y el sentido que se eriza por torturas entrevistas. Pero es la mente, la que articula los mayores terrores. La mecánica lógica de los crímenes, en “Seven”, que llega a enlazar sorpresivamente al detective (víctima y victimario), es lo que más me atrae del thriller. No es un final dinámico (no hay persecución final, aunque la tensión sea casi insoportable), es el final estático de las novelas-acertijo de los policiales ingleses."


Continúa en el polifónico Kapput, haciendo click en: Nuevo Ensayo Dantesco

martes, marzo 28

Brevario de amotinados 5

Al fin doy con una. Le descargo el palo, y la trozo en dos. Pero se queda viva, y una mitad sale corriendo y la otra empieza a dar brincos delante de mí, como diciéndome: no creas, verraco, que a mí se me mata tan fácil.
"¡Animal!", me dice mi madre, y me tira una piedra en la cabeza. "¡Deja a las pobres lagartijas que vivan en paz!" Mi cabeza se ha abierto en dos mitades, y una ha salido corriendo. La otra se queda frente a mi madre. Bailando. Bailando. Bailando.

Celestino antes del alba, Reinaldo Arenas

jueves, marzo 23

El Esperpanto y James Joyce

Todo texto es para Roland Barthes un texto plural. Esto viene a decir, que se presta a múltiples lecturas, y que de acuerdo a épocas y ópticas, son presa de lo que Bloom llama malalecturas: missreading repetidas (aún más cuando son clásicos.) La traducción es un caso particular de relectura donde hay una reconfiguración de los campos retóricos.
Jorge Luis Borges en su artículo Versiones Homéricas (en su libro de ensayos Discusión), ilustra el problema de la traducibilidad a través del debate Newmann-Arnold, en el cual, el primero abogaba por una traducción fiel y cercana a la particularidad de la lengua original, y el otro por la no literalidad y la apropiación a fin de brindar una lectura sin escollos y actualizada. Hacia el final del ensayo, Borges parece inclinarse en favor del último. Todo clásico, por definición, es traducible. Sus acontecimientos son de comprensión universal, y son éstos los que a la larga tienen mayor presencia en la memoria (Borges escribe: "El concepto de texto definitivo no corresponde sino a la religión o al cansancio" a propósito del desencadenamiento de traducciones sucesivas sea por una u otra postura.) Según Walter Benjamin serían aquellas obras donde las intenciones están en la superficie, donde es posible tramar un sistema equivalente de valores que no extravíen el sentido. Ese reacomodamiento, al momento de transmigrar en otra lengua, exige un grado de traducibilidad del original, que es de por sí ineluctable para los textos antiguos. La fuerza de supervivencia de estos en un sistema de lenguas cambiantes, será lo que los determine como clásicos (cuando desaparece el medio escrito o cuando nunca lo hubo, su supervivencia depende de su "retentividad" para poder transmitirse en forma oral.)

Escribir contra la traducción es labrar una propia rúbrica, y logro certero de escritores como James Joyce y sus Finnegans Wake o, en distinto grado, del Ulises. La política de escribir novelas universales, casi en Esperanto, es una escritura que tiende a desdibujar al autor, a acuarelizarlo (me recuerda ese adjetivo típico de las reseñas: "despojado", cuando señalan el estilo "despojado" de algún autor esperántico.) Escribir un texto desterritorializado como los textos de James Joyce es afianzar un nombre. Es fatigozo husmear sus textos (la palabra valija es mía); pero es Joyce, como una marca registrada, lo termina por emerger en toda la Crítica como un modelo extremo, como decir el "Faro de La Isla de los Estados": donde todos los barcos naufragan. El problema de la traducción y la reproducción de experiencias de lectura se multiplican en los juegos de palabras, en las citas caóticas de una biblioteca personal, en el apareo de lengua distintas. El stream consciousness obra como un murmullo intraducible, como un diario secreto que sólo es 1:1 comprensible para el autor. "Es el arte -escribe Derridá-, el arte de Joyce; el lugar otorgado para su firma hace obra." Cada palabra tiene su peso en el texto, es irremplazable, piezas de un collage que sirviéndose de sus sonidos, de sus múltiples interpretaciones, de la semejanza con otras de diferentes lenguas, conforman una lengua personalizada que semeja el Esperpanto.

"Estar en su propia lengua como un extranjero", escribe Deleuze. Cuando le propusieron a Joyce traducir su Finnegans Wake al italiano, proyecto conjunto con el autor que terminó por zozobrar en su desmesura, era adoptar la postura de no literalidad, sino de interpretación. Si en el original, el juego entre idiomas afines como el inglés y el alemán potenciaba el nivel plural del sentido, Joyce quería que la traducción se tramara sobre el combate y apareo de los dialectos italianos: combate lingüístico entre una lengua dominante y la de las minorías, entre la lengua de Dante (en el caso Italiano) y sus cuestionantes dialectos (Dante es recuperado por Joyce en toda sus heterogeneidad, en la vida dialectal que mostraba, por oposición a Petrarca, homogéneo en su registro culto.). Pero esto era otra obra independiente, aunque refleja del original: un proyecto ambicioso tan desmesurado y exploratorio como el primero. Esa libertad de traducir (que hace retroceder a sus colaboradores italianos, según lo cuenta Jacqueline Risset) sólo es permisible al autor, su lógica de desplazamiento obra según intenciones. Es éste un lujo que no es autorizado al traductor que pretenda el anonimato, ya que quien traduce este tipo de obras personales está de algún modo rubricando su propia firma.

lunes, marzo 20

Brevario de amotinados 4

En Chang, durante un incendio (ardían unos troncos preparados para la construcción de una misión católica), vi a un chino de edad avanzada que, a segura distancia del fuego, echaba agua con decisión y asiduidad, incansablemente, sobre el reflejo de las llamas en las paredes de la casa; convencidos de la imposibilidad de probarle que su casa no ardía, le abandonamos a su infructuosa ocupación.

La Dádiva, Vladimir Nabokov

miércoles, marzo 15

Brevario de amotinados 3

"—Yo no creo en la vida futura —respondió Raskolnikov.

Suidrigailov se quedó pensativo.

—¿Y si allí no hubiera más que arañas o algo por estilo? —dijo de pronto.

"Está loco", pensó Raskolnikov.

—Nosotros nos representamos siempre la eternidad como una idea que podemos comprender, ¡inmensa, inmensa! Pero, ¿porqué ha de ser así necesariamente? Pues en lugar de eso, imagínese una habitación pequeña, como quien dice un cuarto de baño, ennegrecido por el humo, con telarañas por todos los rincones, y he ahí toda la eternidad. Mire usted, yo me la imagino así algunas veces."

Crimen y Castigo, Fiodor Dostoyevski

lunes, marzo 13

Roberto Arlt o Las maquinarias de la angustia

Toda experiencia de angustia "existencial" puede resolverse a través de un simple movimiento mecánico.

Historia de dos suicidas:
1. el que opta por un revolver, sabe que todo problema se resuelve en el movimiento mínimo de un mecanismo de gatillo. Basta un ajustado esfuerzo muscular, una articulación milimétrica del dedo índice sobre el dispositivo. Todo pensamiento angustioso (la indecisión, el gangrenoso temor a la muerte) se concentra puntilloso y analítico en ese diferencial de tiempo muscular. Todo escape a las mil presiones de una atmósfera infernal, se reduce a la ecuación mínima de un movimiento articulado. Nada merece mayor atención que un acto sencillo y claro, una resta perfecta.

2. Quien optase por un salto al vacío (otro impulso leve, mínimo y alado, de suspiro en los suspiros) ofrece un reto a la indiferencia, simultánea y/o alternativa, de la Nada y de Dios. Sólo tendría sentido la existencia, si se quebrara aquello que rige las opresivas leyes de lo cotidiano. Que con el salto (como el salto de Leucada leopardiano), pudiésemos volar. Siempre en el movimiento mínimo hay una fugaz esperanza, un acierto de pase mágico. Como si fuese el clic de una botonera que resuelve todo lo que nos exige esfuerzos sobrehumanos.

Por eso Erdosain, en "Los Siete Locos", piensa en la Angustia como una nube cúbica, de definidas y regulares dimensiones, que a 2 metros de altura del piso, recorre la ciudad. Si encontrase las leyes mecánicas como las que rigen el desplazamiento de una nube, si pudiese reducir a simples ecuaciones esa compleja concordancia de efectos que permiten la angustia, podría evadir sus ataques sistemáticos.

De la misma manera parece pensar, ese personaje obsesivo y jugador que es Ergueta, el farmacéutico: poder encontrar las reglas del Azar, simples y mínimas, que nos convertirá en millonarios (Ergueta mismo asegura haberlas encontrado en la escena que Erdosain va a pedirle dinero, y la define como "La ley de sincronismo estático")

La estrategia es dominar la certidumbre lógica de los modelos, su autoafirmación paradigmática como podría decir Kuhn. El Astrólogo es un kuhniano teórico y, a la vez, acomodaticio y pragmático, el que ve como un ajedrecista el entafilado de su espacio de operaciones, donde cada escaque determinan lugares de exclusión entre uno y otro personaje convocado. Hay un hiato difícilmente salvable entre un casillero negro y otro blanco. Quien es decente no puede imaginarse mintiendo, y el mentiroso no puede imaginarse siendo decente. Pero quien se mimetiza oscilatoriamente entre uno y otro rol, se mueve dimensionalmente como el caballo. La cuestión es diseñar el preciso engranaje entre dos movimientos diferenciales. Aquí radica la potencialidad, la fuerza tensional contenida en el salto. El quebrar los embrujos implacables de lo cotidiano y la vida urbana.

Conversación entre Erdosain y El Buscador de Oro: éste último le dice a Erdosain que el Astrólogo transforma una mentira insignificante en una mentira elocuente, trascendental: sustancial diferencia entre una mentira de patas cortas y torpes, cojeando en su corta visibilidad; y una mentira de patas cortas que pega saltos y corre como un endemoniado hacia un espejismo grandioso y lejano como si fuese la salvación final.

jueves, marzo 9

Brevario de amotinados 2

“Patty Keane era tonta a propósito, lo mismo que la mayoría de las mujeres de Midland City. Todas aquellas mujeres tenían cerebros grandes porque eran animales grandes, pero no los usaban demasiado por la siguiente razón: las ideas originales podían acarrear enemistades, y las mujeres, si querían lograr cierta seguridad y una vida cómoda, necesitaban hacer acopio de la mayor cantidad de amigos posible.
Así que, por un simple interés de supervivencia, se entrenaban para ser máquinas “de agradar” en vez de máquinas “de pensar”. Lo único que sus cerebros tenían que hacer era descubrir lo que estaban pensando otras personas y, después, pensar lo mismo.”

El Desayuno de los Campeones, Kurt Vonnegut

Un hallazgo de Mori Ponsowi

miércoles, marzo 8

Mujeres

Si las mujeres no estuviesen
aún me quedaría la literatura
pero sería callada y fría
como un hombre solo

martes, marzo 7

Brevario de amotinados 1

"A mí me gusta aquel príncipe que estaba leyendo un libro cuando el verdugo fue a buscarle, le tocó el hombro y le dijo que ya era la hora, y él, al levantarse, antes de cerrar el libro, puso un abrecartas para señalar la página."

El Bosque de la Noche, Djuna Barnes


[Me propongo antologar en esta sección que llamo "Brevario de Amotinados", citas extraídas de libros que, amotinadas, se comportan como minicuentos, microficciones, o incandescencias. For my pleasure. Si alguien quiere enviarme alguna cita que cumpla con estas simples características, ya sea vía mail o comment, la publicaré con gusto.]

viernes, marzo 3

Contigüidades en mi mente lectora

Hay una extraña contigüidad entre la obra inconclusa de un escritor y la obra emergente de otro muy posterior; quienes hasta podrían desconocerse o estar incomunicados.

Julio Cortázar, en 1980, sueña con una novela absoluta y “última”, que guarda celosamente en su escritorio y que piensa publicar (¿cabría pensar, que luego de ella, vendría la mudez?) Cuando se dispone a leerla, ve que está escrita en letras cuneiformes, extrañas runas, trazos inteligibles en la vigilia, pero plenos de significado en el sueño. Luego, en 1983, meses ante de morir, Cortázar le cuenta a Luisa Valenzuela, que ha soñado con su último libro, pero esta vez, lo soñó lleno de figuras geométricas: geometría pura que expresa todo lo que siempre quiso expresar a través de la escritura: búsqueda y hallazgo.

Años después, en los noventa, Roberto Bolaño publica “Los Detectives Salvajes”: novela palimpsesto y polifónica que Vila-Matas, en forma apresurada y un tanto cegatona, comentaría como un “histórico carpetazo a Rayuela.” Los tramos finales de la novela de Bolaño, y haciendo referencia al poemario fantasma y lúdico de ese poeta-personaje que es Cesárea Tinajero, se componen de formas geométricas (¿una ventana? ¿algo que asoma en una ventana? Ver cómo se leería un poema geométrico en el capítulo 20. La poesía y su tenso estiramiento sobre lo indecible.) Hay un extraño vínculo entre la “Novela Geométrica” de Cortázar y la novela existencial de Bolaño, como si la primera fuera el fantasma futuro de la segunda.

Bolaño muere y deja casi inconclusa “2666”, auténtica novela fantasma (con todo su phatos, su huella de una muerte prematura) ¿Qué novela preanuncia? ¿Hacia dónde tiende sus puentes precarios?


[Extraído de un post que publiqué en Kapput.]

martes, febrero 28

El tejo furtivo de Morelli

"Leyendo el libro se tenía por momentos la impresión de que Morelli había esperado que la acumulación de fragmentos cristalizara bruscamente en una realidad total. Sin tener que inventar los puentes, o coser los pedazos de tapiz, que de golpe hubiera ciudad, hubiera tapiz, hubiera hombres y mujeres en la perspectiva absoluta del devenir. " (Rayuela - Capítulo 109)

Desde este párrafo que pertenece a la famosa novela de Julio Cortázar, me veo conducido a los conceptos creativos del impresionismo, movimiento pictórico de fines del siglo XIX, según los cuales el sensualismo enfrenta al intelectualismo realista; la intuición personal y la libertad de expresión. En el punto justo donde el ojo compone la impresión del paisaje o de la escena, los jirones de colores, los puntos, rayas y manchas se arman en una sensación focal, virtual y dinámica. Pero si nos acercáramos, o cambiásemos nuestra posición propicia, la visión se desatomiza: se descubre el clavo del que se sostiene el universo. Allí fuga el sentido. Una lectura lineal (un lector perezoso, "tradicional"), sólo descubrirá manchas, un resto de cosas heterogéneas que no terminan de "coagular" en una coraza de sentido. Este lector, tildaría de incoherente lo leído, o a lo sumo, de pretencioso "vanguardismo". El modo de lectura que espera Morelli, no sólo se sustenta en su pericia de composición fragmentaria: necesita que el lector se mueva (interactúe) hacia el punto focal donde cristalice esa realidad. En el Capítulo 66, Morelli idea una página donde, como si fuese un muro, se repite la misma frase; pero . . . "hacia abajo y a la derecha, en una de las frases falta la palabra "lo". Un ojo sensible descubre el hueco entre los ladrillos, la luz que pasa." Rayuela despliega diferentes tácticas de tragaluz, es decir, marcar cruces donde el ojo del lector debe tomar ubicación para aspirar al "coágulo". El carácter lúdico, el tablero de dirección, sirve al igual que las reglas del ajedrez: aprender los movimientos necesarios para ubicarse en aquellos escaques, desde los cuales poder enfocar una combinación de fragmentos que compongan el mensaje (lo real susurrando. )

Una novela "tradicional" podría pensarse como un micromundo acotado, cuyos límites están trazados entre las tapas de un libro. Fuera de él, nosotros: el lector (un buceador buscando maravillas: sensaciones pero no preocupaciones); dentro de él un microclima cuyas tempestades no comunican a nuestras acciones. Pero ateniéndonos a las composiciones impresionistas, nuestra mirada se ve absorbida a la fluctuación sin ubicación precisa del color, la luz y las formas. Allí, los límites no son visibles, porque todo fluctúa. Los márgenes al ser imprecisos comunican al resto de la sala. La visión contamina nuestra percepción de la realidad. Hay una manifiesta, aunque melancólica, esperanza del autor de Rayuela en encontrar, en la disposición de los fragmentos, una realidad perspectivada en lo textual que comunique a la realidad del lector. Que con la multiplicidad de escenas e ideas, sea posible un mapeo, una traza de líneas convergentes donde el lector se vea afectado, tocado por la flecha. Pero este blanco móvil debe tender a ubicarse en la trampa donde el límite se desperfila, para verse afectado. Entonces, el lector no sólo se maravilla, sino que también se preocupa por la suerte de ese micromundo, porque sabe (o intuye, gracias a la pericia del autor), que ese micromundo comunica a su realidad (a su devenir, a su deriva al sinsentido de su cotidianidad.) Que al igual que una variable algebraica (pura abstracción, pero que puede llenarse se sentido físico al darle un valor), ese micromundo sin límites definidos involucra la matriz de su movimiento (del lector) en lo experiencial de la vida.

martes, febrero 21

Ejercicio con un fósforo

Puedo sostener una llama con los dedos, siempre y cuando, sienta el frío de mi alma recorrer cada ondulación del fuego; ahuecado en mi aliento, contenido en mi aire: traduciéndose, poco a poco, baile a baile, en una delicada forma de hielo, en una móvil y vibratil estalactita; y luego, por supuesto, la carbonización: único y destructivo final posible, sin poder contener el grito de dolor, el chamuscamiento, la poesía silenciada, el romanticismo imaginario que no escapa a las leyes del universo, contenidas en esa cabecita primero roja, luego llama y al fin ardor. ¡Quema! ¡quema! y yo soplo, soplo.

viernes, febrero 17

Visiones panorámicas de un senderista aficionado

La tarde anterior habíamos llegado al campamento D´Agostini, emplazado en una orilla del río Fitz Roy, entre senderos de graba blanca que lo asemejan a un jardín japonés.

Atravesando el campamento y tomando un sendero que acompaña la ribera del río caudaloso, entre bloques de piedra, nos adentramos en la confluencia de faldas que conforma el cordón Adela (que creíamos primero el cerro Torre, por su forma almenada.) De esta manera, se llega a la Laguna Torre, de color verde lechoso. Los sedimentos minerales en suspensión que el Glaciar arrastra consigo, hacen que sus aguas se tornen opacas y antitransparentes. De esta laguna nace el río Fitz Roy: una tirolesa con roldana sirve para cruzar a la orilla opuesta. Hacia el fondo, en el proscenio de lo que parece un anfiteatro granítico, se encuentra enquistado entre el cerro homónimo y el cordón Adela, el Glaciar Torre: azul y estriado de tierra.

Hacia el mediodía, comenzamos a bordear la laguna (producto del lento e incesante deshielo del glaciar), caminando sobre el filo de la morena que la circunda como si fuese el borde de un cuenco.
Ese sendero lleva al antiguo campamento Maestri (hoy inhabilitado y prohibido para acampar), sendero por el que se va ascendiendo, acercándose por izquierda al glaciar, hasta terminar balconeando frente a él.

Estaba en medio de este magnífico y cansador trayecto, cuando de pronto advierto, casi a la altura de mi vista, y aproximadamente a 5 metros de mi costado izquierdo, un cóndor rebasándome con calma. Alcancé a ver con claridad su cabeza roja de carne cruda, su plumaje negro desplegado de ave inmensa, y su ojo animal sobre mí como un curioso vigía que controla las criaturas que se acercan al coto de su espacio aéreo. Siempre observé a los cóndores, entre fascinado y cegado por el contraste luminoso del cielo, como figuritas deshilachándose con lentitud entre las agujas rocosas de los cerros. Nunca a esa distancia (viniendo a confirmar esa rara ley de los senderistas, la que dice que las criaturas fantásticas aparecen cuando uno no las busca.)

Al llegar al extremo del camino, y luego de disfrutar la altura panorámica sobre el glaciar, nos internamos en un bosquecito aledaño y reparador siguiendo lo que parecía un lecho seco, vertiente en "U". Entre rocas musgosas y ramas de árboles en maraña fuimos a dar a una cascada que llamaré Cascada Herzog (en honor al director alemán, que filmó parte de una de sus películas en este paisaje patagónico y fascinante.) Aquí, a pesar de la hora avanzada, almorzamos pan con atún, casi sin pan y sin sal (pocas provisiones a esta altura.) Finalmente, retornamos al campamento para levantar carpa y emprender el esforzado regreso al Chaltén, a través del sendero que los une directamente. Salimos a las 19 hs. y llegamos a las 22 hs. El pueblo, fundado en 1985, apareció con sus primeras luces neónicas encendidas (con el Castillo destacándose.)

El trayecto fue mayormente llano, atravesando ocasionales campos imantados de liebres. Las veíamos saltar y correr en fuga ante nuestra intromisión fantasmal. Se nos cruzó más adelante un zorrino, apuntándonos con su peligrosa cola de pestilencias, y al final del trayecto, y con el cansancio que entorpece cada paso (nudos corredizos en mi espalda), una última visión panorámica sobre el río Fitz Roy culebreando en el fondo del valle. Se destacaban las terrazas sobre el cerro de enfrente, con la luz límpida y sin sombra de las últimas horas del día.

Llegando tarde a El Refugio de doña Flora, en el Chaltén, armamos la carpa en la oscuridad y nos cruzamos al boliche "Patagónico". Comimos una Mila a la Napo y otra Mila a Caballo con papas fritas, bebiendo una deliciosa birra, e irradiados de música rockera, efectos de luces bolichongos y una pantalla de plasma que, mostraba día a día, gajo a gajo, la ruptura del puente de hielo del Glaciar Perito Moreno en marzo del 2004.

Parque Nacional Los Glaciares - 13 de Febrero de 2006

miércoles, febrero 8

Pig Brother



Ha salido finalmente a disposición de quien quiera suscribirse "free!" y le guste la literatura, el número Beta de este fanzine vía mail que es "Hermano Cerdo".

La propuesta es harto interesante (la lleva adelante como editor Mauricio Salvador, administrador del blog The art of fiction, junto a su equipo de redacción), un proyecto panamericano que en este número se vuelve políglota y diverso.

Como primer número es especial: trae la generosa traducción de un cuento, inédito en castellano, de Lorrie Moore (realizada por el mismo Mauricio), autora del libro "Hospital de Ranas" editado por EMECE. El cuento se llama "También eres feo" y su belleza surge del extraño equilibrio entre relámpagos de ingenio y neblinosa tristeza que se desplegiega hacia lo obscuro (es tal su riqueza que vengo pensando en hacerle un post crítico).

Además, y al mismo precio (zero money), la revista incluye un cuento promiscuo y fuerte del argentino Javier Cozzolino: "Misoprostol", y otro en portugués del brasileño Gibran Dipp: "Histórias do mundo para criansas".
Dos crónicas: la sugestiva "Cómo destruir Nueva York" de la mexicana Miriam Martínez, y la ficcional "Una relación seria" de la peruana Claudia Donoso.
Finalmente, una entrevista en inglés (hay que practicarlo, muchachos) de la escritora norteamericana Erika Krouse, realizada por la colombiana Andrea Montoya.

Como ven, esta revista podría llamarse Babel, pero la distinción está en su manifiesta intención de intercambio, difusión y "translate", que en forma inversa, anula la confusión y estrecha los vínculos entre las culturas.

Podés suscribirte gratuitamente a través de un mail dirigido a mauriciosalvador@gmail.com, solicitando "Hermano Cerdo".


PD: Como todo emprendimiento a pulmón e inaugural, trae sus erratas e imperfecciones que se irán subsanando gracias a vuestro entusiasmo lector.

Gaudeamus.

jueves, febrero 2

Turbulencia y ondas expansivas

Si bien he vuelto el lunes de la semana pasada, el cúmulo de visiones y reflexiones, de proyectos esbozados mientras desovillaba un sendero, la información que se registra de la charla con la gente que uno se topa en los viajes es tal, que termino por tropezar en la mudez escrituraria.

Si hiciésemos un fogón, acarreando todo es material combustible que encontramos secándose a la intemperie del bosque, sería más fácil contarles y que me cuenten. Las crónicas de los viajes suelen aburrir a quién no está interesado en ese tema específico, y casi siempre, nos llegan deslucidas y ajenas. Por eso elijo atomizar el material, dispersarlo, entregarlo anclado de reflexiones y contigüidades.

El domingo vine del Frío húmedo de Ushuaia. Por supuesto, viajé en avión (objeto de mis estudios por años.) La aeronave era un MD-80, con los dos motores en la cola. Y precisamente en la cola estaban nuestros asientos, por lo que a través de mi ventanilla lo único que alcanzaba a ver era gran parte del carenado azul de la turbina derecha, un fragmento de cielo y tierra, y el borde de fuga del ala. A pesar de que Vale estuvo descontenta por la ubicación (teniamos un tabique enfrente, la gente nerviosa del sector en las filas de al lado, el baño químico atrás, y el motor que de tanto en tanto trataba de no inspeccionar), fue un viaje plácido, con poca turbulencia. Al aterrizar en el Aeropuerto Jorge Newbery, se abrió una compuerta en el cono de cola, y salimos entre el murmullo agudo y giratorio de las turbinas impactados por una onda de calor expansivo y pringoso. No era el calor de los motores sino el clima de Buenos Aires. Horas antes habiamos estado con camperas y cuellitos de polar, camperas y gorros de lana, y ahora nos descubriamos abrazados por el calor.

Sin embargo, este vuelo de regreso podría no haber ocurrido. Y aquí aperece el punto más "inquietante, extraño y/o peligroso" de mi viaje al Chalten. Ni el caminar por el filo de la morena del glaciar Torre, ni el empinado y cansador ascenso al Cerro Guanaco en Tierra del Fuego, ni la proximidad fiera, muda y pestilentemente hostil de un zorrino en el sendero se acercaron a ese instante de miedo que, propagándose en ondas expansivas, me tomó por rehén. Digamos que esto nunca me había pasado antes.

Nuestro vuelo a Río Gallegos salía a las 5 de la mañana del domingo, y tal como lo recomiendan, estabamos desde las 3:30 hs en el aeropuerto(¿sabían que el costo del pasaje en avión fue casi igual al de un bus con 2 días de viaje?). Finalmente, abordamos un avión de configuración más reducida que el que volvimos a Baires. Nuestros asientos eran junto a ventanilla de la fila de tres. Al abordar, notamos que las luces estaban atenuadas, y ubicándonos, que el techo sobre los asientos estaba muy bajo, la fila de adelante rozándonos las rodillas. Generalmente siempre es así, el aprovechamiento del espacio en un avión es esencial. Para colmo no había aire disponible en los surtidores del techo.

Por supuesto, yo iba del lado de ventanilla, y mientras aguardabamos el demorado carreteo de despegue, miraba a través de la doble capa casi transparente, un cielo oscuro y encapotado que de tanto en tanto, se rayaba de resplandores acoplados.

Nunca tuve miedo a volar. Un amigo, también ingeniero aeronáutico, se niega o evita volar porque dice que sabiendo cómo funciona, sabe también dónde puede fallar. Lo mío, en cambio, siempre fue nervios y cierta excitación de las posibilidades (lo que no soporto son los pozos de aire.) Pero en ese instante, en el avión, me dije: "un claustrofóbico no podría viajar bajo estas condiciones."

Y ahí empezó todo. Una onda expansiva de miedo y clautrofobia que nunca tuve en mi vida. Experimenté en esos minutos que fueron horas, todo el espectro de un pre ataque de pánico: el sudor frío, la parálisis, las palpitaciones. Mi mente pragmática sabía que era absurdo, todo era producto de mi empatía literaria: meterme en la mente de otro. Pero en ese juego había disparado una onda difícil de dominar: si pensaba que todo era una cuestión mental, retroalimentaba mi miedo, como si mi pensamiento se escindiera y descubriera que perdió el control del cuerpo. Valeria trató de tomarme la mano (ella tenía miedo también, pero no sabía en que infierno estaba metido yo), y sintió mi parálisis. No quería preocuparla y tratando de tomar control, me puse a ver las fotos de la revista de Aerolíneas Argentinas, intentando leer. Sin embargo todo se volvía inconprensible: como un ramalazo volvía a sentir la onda de miedo.

Recordé un programa de tele acerca de las fobias (una mujer que lloraba ante una pluma de pájaro, un hombre que no podía subir una escalera), y recordé también, el cuento del ángel sobre el puente de Cheever. Entonces pensé y sentí que no iba a poder volar, que me levantaría y nos dejaría a Vale y a mí sin vacaciones, porque no podría soportar cuatro horas encerrado en una caja colgando del aire sin gritar y sin tratar desesperadamente de abrir una compuerta. Fue un segundo de tensión increible. ¿Me había vuelto fóbico y peligroso? Si dejaba que esto ocurriera, me dije, estaba perdido: habría instaurado un nuevo límite absurdo en mi conocimiento del mundo. Me sumergí aún más en las fotos panorámicas de la revista (no podía levantar la vista) y comencé una charla que apenas podía hilar con Vale, respirando hondo cada tanto (cosa que la inquietaba, pero que observaba en prudente silencio).

Luego despegamos, sufrí con las turbulencias, y ya después de comer el refrigerio me sentí mejor y pude contarle que me había pasado. Ya la maravillosa aproximación a Ushuaia (antes de llegar a Gallegos), si bien oquestada de maniobras y paneos sobre el canal de Beagle, pude disfrutarla y considerarme fuera de peligro.

Pienso que la falta de sueño, cierto vacío en el estómago, la falta de aire y la estrechez del ambiente, produjo ese cuadro de pre-ataque de pánico. Pero también pienso en el disparador: el hábito exploratorio de quien escribe, esa necesidad empática de meterse en la mente de otro. Llegar al punto de no retorno (como lo expresa Kafka), podría ser un inquietante manera de transformarse, de transmigrar.

Sin embargo, mi querido lector, esta historia no es la historia "inquietante, extraña y/o peligrosa" que prometí contar.

Esa historia la contaré en mi próximo post.

Algo se aproxima. . .

sábado, enero 7

El placer del viajero



Hace un par de horas terminé de estibar a presión en mi mochila, todos los elementos necesarios para mi viaje. Algo siempre irritante, porque el peso debe ser mínimo, y a su vez, no puede quedar nada fuera que implique nuestra perdición o el pasar un mal rato. Un amigo me contó que una noche en el Sur, tratando de dormir dentro de su bolsa, el frío era tan intenso que pensaba que iba a morir. Aún en la suave y helada oscuridad que lo hospedaba, fijaba su mirada en una leyenda impresa sobre la tela de su carpa, que decía (junto a la composición del material): "cuidado, mantener lejos del fuego". Le parecía terrible morir leyendo esa frase: el calor negado.

Por supuesto, la experiencia de mi friolento amigo Tomatis en campamentismo era mucho menor a la mía, ya que éste debe ser mi décimo viaje a la Patagonia en carpa. Los compañeros de laburo no comprenden que mis vacaciones pasen por el esfuerzo, la privación y el humo que todo lo impregna y desodoriza. Pero bueno, sobre gustos no hay nada escrito.

Estuve hace un par de años en las Torres del Paine. Hice el maravilloso camino de ascensos y descensos que enlaza el Refugio Frey con el Jacob en tres días. Me quedaba por conocer el Fitz Roy, en el Parque Nacional Los Glaciares. Y hacia allá voy.

Entretanto, pensé como muchos otros bloggers, dejarles a los ocasionales y fieles lectores de Dural, algún cuento de mi autoría, o mucho mejor aún, de algún escritor de mi agrado. Pero como uno no quiere agregarles peso en sus mochilas de la inmediatez y el clickeo incesante, me daré el gusto de pedirles algo. . .

Cuentenme algo que les haya pasado como campamentistas o como viajeros. La única condición, es que esa anécdota que me cuenten, que les haya pasado a uds. o algún amigo, les haya resultado: extraña, inquietante o peligrosa.

Extraña, inquietante o peligrosa.

No tiene porque ser a lo Ian McEwan. Yo personalmente tengo varias, y tal vez sume alguna más. Ya les contaré a la vuelta.

Nos vemos.-

martes, enero 3

Robert Musil opina sobre el blog

Para este verano, quise sacar en préstamo "El Hombre sin Atributos" del politécnico austríaco Robert Musil. Sin embargo (y para mi sorpresa, ya que había esperado que la incómoda portatilidad de sus dos volúmenes inconclusos me hubieran dado la oportunidad de agenciármelos sin competencia), tuve que conformarme con el primer volumen de los Diarios de Musil.

Por supuesto, es otro bodoque de 600 páginas al que apenas puedo sostener viajando parado en el colectivo (mi gran espacio y tiempo de lectura), y que quedará en Baires hasta que vuelva de los senderos de mínimo peso del Fitz Roy. Pero ante mi sorpresa, leo en una entrada de los diarios de Musil, en el cuaderno 4, circa 1902, lo siguiente:

¿Blogs?
Un signo de los tiempos. Se publican muchos blogs. Es la forma más cómoda, la menos disciplinada.
Bien. Tal vez pronto no se escriban más que blogs porque todo lo demás nos resulta insoportable. En cualquier caso, ¿por qué generalizar?
Es la esencia misma del análisis; nada más y nada menos. No es arte. No debe serlo. ¿Para qué hablar más de ello?


¿El blog en una nota escrita un siglo atrás? (como esas lámparas eléctricas en jeroglíficos egipcios, o la cápsula espacial en el sarcófago pétreo de un rey azteca.)

No, claro, es sólo un ejercicio de lectura: dónde diría "blog", realmente dice "diario" (traducción que entiendo por "periódico".) Pero gracias a los elementos coyunturales que aparecen en esta cita bien podrían servir para esta ligera suplantación, es decir: pensar al blog a través de la similitud entre el entorno de aparición de los diarios hace un siglo y el de los blogs hoy.

Una definición posible, entonces, sería que el blog es la forma "menos disciplinada" de la escritura.

Es interesante notar, también, cómo en 1902 se presentía como una amenaza, la desaparición del arte en manos de esta nueva forma: los diarios, dado que "todo lo demás se volvía insoportable" de leer. Imagino que insoportable en cuanto a la "pesadez" del arte en detrimento de la "levedad" de los periódicos, y especialmente, en la velocidad de lectura. Dada su frescura (el olor de la tinta recién impresa), su inmediatez, su aura entre libertina y libertaria de la expresión, los diarios a principio de siglo compartían símiles características con los blogs hoy: la forma indisciplinada de la escritura (¿y que me dicen de esa incómoda amonestación de Musil en cuanto a que esta forma no es arte, ni debe serlo; y que algunos bloggers comparten, presienten o sospechan con respecto al blog?)

Sin embargo, no es dificíl concordar que hoy el periódico se disciplinó, se reguló aunque enmascarado en su proclamada independencia y autonomía, y su ansia transparente de registrar lo real, lo diario o la primicia (lo que acaba de ocurrir.)

¿No cabría esperar que, en el futuro, el blog termine por ser "disciplinado", y una nueva forma deba comenzar a medrar en procura de la autenticidad y la inmediatez?


[Tagebücher: qué bella palabra alemana. Arrastra en su estela, y en primer instancia, los tagebüchers de Kafka, luego los notebooks de Henry James, los incómodos diarios de escritores.]