miércoles, mayo 31

Brevario de amotinados 8

Insólito procedimiento judicial. El condenado es ultimado en su celda por el verdugo, sin que se admita la presencia de otras personas. Está sentado junto a la mesa, y termina su carta o su último almuerzo. Golpean, es el verdugo.

—¿Estás preparado? —pregunta éste.

El texto y el orden de sus preguntas y sus órdenes están previamente prescriptos; no puede apartarse de ellos. El condenado, que en el primer momento se levantó de un salto, vuelve a sentarse, se queda con la mirada fija en el vacío o se cubre la cara con las manos. Como el verdugo no recibe respuesta, abre sobre la tarima su valijita de instrumentos, elige los puñales y hasta da un último retoque a sus diversos filos. Ya ha oscurecido mucho; coloca sobre la cama una pequeña linterna portátil y enciende la luz. El condenado vuelve furtivamente la cabeza hacia el verdugo, peor cuando ve lo que está haciendo se estremece, desvía nuevamente la mirada y no quiere verlo.

—Ya estoy dispuesto —dice el verdugo después de un ratito.

—¿Dispuesto? —grita inquisitivamente el condenado, que se levanta de un salto y se decide a mirar de frente al verdugo—. No pensarás matarme, no pensarás extenderme sobre la tarima y clavarme el puñal, después de todo eres un ser humano, admito que puedas ejecutar a alguien en el patíbulo, antes tus asistentes y magistrados, pero no aquí, en la celda, como una persona mata a otra persona.

Y como el verdugo calla, inclinado sobre la valijita, el condenado prosigue con más clama:

—Es imposible.

Y como el verdugo insiste en no decir nada, el condenado continúa:

—Justamente porque es imposible, se ha instituido este insólito procedimiento. Había que conservar las formas, pero la pena de muerte ya no se cumple. Me llevarás a otra cárcel, probablemente tendré que quedarme allí bastante tiempo todavía, pero no me ajusticiarán.

El verdugo retira una nueva daga de su cubierta de algodón, y dice:

—Probablemente te refieres a esas leyendas donde un criado recibe la orden de abandonar a una criatura, pero no lo cumple, y prefiere en cambio dejar al niño como aprendiz de un zapatero. Ésa es una leyenda, pero ahora no se trata de ninguna leyenda.

Diarios, Franz Kafka

lunes, mayo 29

Un libro portátil

El jueves feriado, haciendo limpieza en mi biblioteca, volví a tomar uno esos libritos que parecen desubicados entre tantos volúmenes. Pequeño como una agenda, de lomo con letras doradas, tapa dura, las hojas amarronadas, el canto de las hojas pintadas de aureolados colores. Cabe en una mano, se arrincona en un estante casi en la sombra.

Me lo regaló mi abuelo paterno en su oportunidad (falleció a la increíble y orwelliana edad de 101 años), y aunque me resisto a la bibliofilia, no puedo negar que es un ejemplar curioso y bello en sí mismo.

Es de 1818, edición inglesa: Works de Lord Byron. No sé bien que corrientes peligrosas y sargazos contiene, ni por su forma ni por su contenido (pensar que Byron cruzaba a nado las aguas casi estancas de la laguna que sustenta Venecia.) Su inglés centenario me es hoy ilegible (por pereza, por intermedium level), pero es tan cómodo al andar, tan incómodo en la estaticidad de mi biblioteca. Y no me implica mayor riesgo que un arma descargada. Una antigüedad bruñida por casi dos siglos de sucesos inauditos y ásperos a su belleza contenida.

sábado, mayo 27

Walter Benjamin o Las fuerzas de la ebriedad



Walter Benjamin, es uno de mis ensayistas de cabecera. Siempre me fascinó esa tensa lucha interior entre el lector hedonista, el coleccionista, y el analista pragmático de la revolución proletaria. Esa componente de fuerza que lo tironeaba de un lado a otro del espectro de la posesión, como una aeronave sumergido en la turbulencias del tiempo histórico.

Este viernes en Kaputt, me arriesgué a postear un texto, en principio áspero para la blegctura veloz, pero que intenta mostrar esa intención de Benjamin por equilibrar esas fuerzas contrapuestas y lograr una resultante mejor (entrarán por una nota a pie de página escrita por Peter Burguer y saldrán por el portón del surrealismo). Mi post, haciendo un simple click en: Las fuerzas de la ebriedad.

Y para los que quieran seguir merodeando por los pasajes de Walter Benjamin, les recomiendo este sitio dónde encontrarán un interesante texto de George Steiner:
Fragmentos de París

La foto que rescaté de la red incesante, es un fotomontaje entre el perfil de Benjamin y los Pasajes de París (ese antilugar que ahora sólo existe en la literatura.)

Gaudeamus.-

martes, mayo 23

Blanchot vs Steiner: pompas y venenos

1.
Maurice Blanchot: un texto, a medida que se crea, que surge de esa nada angustiosa que la nutre por principio, pliega un lector. Por ello, los diarios íntimos (yo escribo para mí), no terminan por ser tales. Pliegan un lector, una figura vaporosa (¿un doble?), pero aferrada a la existencia de las líneas, así como el exterior se aferra al interior sobre la piel (en medio, en el límite: un abismo infinitesimal.)

George Steiner: "¿Qué medida del hombre propone esta obra?", se pregunta el crítico. Aquí el lector se ve arrastrado a una figura que se le propone: qué imagen le devuelve el espejo que de alguna manera altere y transforme su propia noción de cultura humana. Si bien ambos hablan de cierta inocencia o cierta levedad en el acto de la lectura, Steiner parece decir que todo contacto con la piel de una obra es venenoso para quien no tiene la sensibilidad necesaria a fin de acariciarla sin peligro. Por ello, la crítica, en su carácter vicario y guardián, "amplía y complica el mapa de la sensibilidad" en la literatura.

2.
A partir de las palabras de Blanchot en "El Espacio Literario", busco una imagen que remita a esa contigüidad quebrada que hace a la comunicación de una obra: imagino al autor produciendo una burbuja de jabón. Se forma en torno de su exhalación, en su interior viaja "el alma" (el suspiro de los griegos.) Pero en la tensión de la pompa, se pliega la obra; por cuanto el lector sólo admira esta forma y se curva en su superficie (Deleuze.) Al momento de pinchar esa ilusión con su intrusión, no es más que nada, un aire vaciado. El autor se va borrando (va muriendo con su aliento), a medida que su obra se escribe en el génesis; la obra se cierra sobre sí misma como un erizo.

Para Steiner, la lectura es una transgresión, en el sentido de que ese hálito transgrede el umbral de su propia enunciación (ya no es el Sí libre de la lectura en superficie), posee con "contundente señorío sobre nuestra imaginación y nuestros sueños más secretos."

3.
Blanchot: "Pero el libro que se origina en el arte no tiene garantías en el mundo, y cuando es leído aun no ha sido leído nunca, sólo alcanza su presencia de obra en el espacio abierto por esa lectura única que cada vez es la primera, que cada vez es la única." La lectura es entonces sólo una copia vaporosa, un fantasma delicado de esa prima afirmación.

4.
Steiner: "Los hombres que queman libros saben lo que hacen. El artista es la fuerza incontrolable: ningún ojo occidental, después de Van Gogh, puede mirar un ciprés sin advertir en él el comienzo de la llamarada." La lectura transfigura como una lente impuesta en lo oscuro de nuestra óptica impresionada, lo que se vea o se lea después. Pero más sutil: según quién detente esa lectura, no ya quién imponga una lectura (sea el autor en su intención manifiesta, ya sea una institución), sino más bien quién la posea (ej.: los nazis apropiándose en la escucha de Mozart.) Como si la obra se contaminase según quién se pliegue y frecuente su superficie (todas las copias, por extraña capilaridad, se ennegrecen en mis manos.)

sábado, mayo 20

Paso la frontera con. . .



Si bien estaba elaborando in mente un post orientado hacia una lectura crítica, tuve que cambiar mi decisión al leer el conjunto de post de kaputt que se fueron eslabonando día a día. Espero haber cumplido con la consigna muda de este viernes, como ese juego que me enseñaron mis amigos gwanas: "Paso la frontera con . . ."

Este viernes en kaputt, paso la frontera con Cantata Oceánica

Una conjunción cuasi lírica de cantos en prosa al movimiento volumétrico de los oceanos. Espero que a alguien les guste.

miércoles, mayo 10

Ataque celeste (comments recobrados 2)

1.
Los pilotos de avión, suelen ser más intrépidos que seguros. Es decir, se confían tanto a los instrumentos y a los manuales (que piensan por ellos) como a su instinto, pero es la convicción de su valentía lo que los sostiene en el aire como en el borde del balcón más alto. Pero un oscuro día, esa confianza cede, asoma el vértigo y comienza a sentirse preso bajo fuerzas que no puede mensurar ni controlar. Empieza a temer a volar, y entonces, debe dejar de hacerlo. El cielo se le niega, aunque lo ansíe como el agua. Les ocurre a más de uno.

El poeta a veces no difiere de un piloto. Es un piloto en las corrientes del lenguaje. A veces es seguro y mesurado, ajustándose al compás y la rima, y a veces, es intrépido y desata el vértigo como un piloto acrobático. Y también puede llegar a ese punto que comienza a temer a ese medio huracanado que el mismo propició.

Entonces, uno podría pensar que Rimbaud, tal vez, no habría abandonado la poesía por la aventura ante su hastío o su pragmatismo. Capaz Rimbaud estaba aterrorizado y ya no podía volar, y salió corriendo para internarse en el Africa, hacia el olvido de las palabras escritas, a un cielo oclusivo y desposeído.

2.
Ayer, al cierre de mi día, me serví una taza de café recién hecho, y me acodé en la ventana de la cocina, contemplando la noche desde el piso 14. Con la luz apagada, podía ver el neónico resplandor de la ciudad acallada. Sobre el límite, por encima de luces ambarinas y blancas, se destacan luces rojas que titilan como un árbol de Navidad. Son las luces de las antenas que indican a los pilotos el extremo de los edificios. Pienso en los pararrayos y en estas luces de advertencia, erizadas contra el cielo, y tratando de protegernos como una piel sensible de lo que se agita en el cielo y que nos es incontrolable. Algo que nos prevenga, aunque precariamente, de todo ataque celeste.

domingo, mayo 7

El hombre que fue viernes

Durante el verano de 2005, Maru, Vale, Pablo y yo hicimos un viaje por Neuquén enlazando Copahue, Villa Pehuenia, Lago Quillén, etc. En una libretita roja fui tomando notas de esa transformación del mochilero y delineando viñetas que tuviesen que ver con esa movilidad. Algunas de ellas, las transcribí para el post del viernes en kaputt, agrupadas bajo el simple título de: Apuntes patagónicos

jueves, mayo 4

Brevario de amotinados 7

De noche, la sombra de los árboles es de las parejas.

En la mañana, cuando los árboles han recogido su sombra encubridora, en mi vereda encuentro una pareja todavía entrelazada.

Con discreción, para advertirles que ahora serán vistos por todos, toco el hombro de él. Caen los dos al suelo y no se mueven.

Mientras busco un teléfono para llamar a la policía, me pregunto ansiosamente si ha sido un suicidio de amor o si soy yo quien los ha matado.

Cuentos Claros, Antonio Di Benedetto

martes, mayo 2

Italo Calvino y la escritura combinatoria

Italo Calvino, en su artículo "Cibernética y Fantasmas", propone como un modelo de producción de texto, las posibilidades combinatorias de una máquina cibernética; tal vez en el intento de desmitificar ese momento oscuro y tormentoso de la génesis de una obra literaria. Si bien parece suficiente en el acto de discurrir sobre la cinta de un escrito, montar por partes y palabras las unidades mínimas de la ficción hasta obtener una página clásica de posibilidad literaria: Calvino cree necesario establecer un emergente en el texto, que vincula la repetición con el mito. Mito que, definido por el inconsciente humano, refiere a un orden colectivo. A Calvino, para sustentar este artificio que hace desaparecer al autor, le es difícil prestar a su máquina la motivación esencial de su movimiento combinatorio. "La línea de fuerza de la literatura moderna está en su consciencia de estarle dando la palabra a todo lo que en el inconsciente social o individual ha quedado sin decir: en ella radica el continuo desafío."

Una estrategia para dar cuenta de eso "original" que establece las condiciones de contorno de un disparo matemático de textos combinándose, es establecer a priori, como quién lo carga en las variables de una matriz, "la experiencia vivida, la imprevisibilidad de los cambios de humor, los sobresaltos, los dolores y las iluminaciones interiores." Estos, dice, son otros tantos campos lingüísticos con sus específicas propiedades combinatorias. Sin embargo, basta escanear sobre esos "sobresaltos", para descubrir una contradicción dimensional. El sobresalto es un cruce, un cortocircuito, un golpe de dados (es decir una in-tensión que en la invariabilidad del azar se expresa); no es un campo (una superficie), es un desvío.

Las matemáticas son bellas porque expresan la perfección nutricia de la formación de los cristales. Asistamos al desarrollo de una expresión matemática: todo está contenido en su planteo, sólo bastará de acuerdo con sus reglas lógicas, deslizarse como sobre una cascada por cada paso conmutativo hacia sus síntesis final. Todo está contenido en su germen, es pura potencialidad, pura repetición. Haciendo las convenientes salvedades, los textos (más precisamente en el artículo de Calvino, las novelas) podrían convertirse en los productos de una máquina escribiente (obviamente, como posibilidad conceptual.) Esto equivale a decir, junto con Borges, que lo escrito, está agotado del momento que es un germen de sí mismo, y que todos los textos han sido escritos en la historia del hombre (a todos corresponde un número en la serie matemática de la posibilidad.) Por ende, sólo cabe al escritor, a la mente humana, combinar fragmentos en busca de un sentido que en la literatura está fuera del lenguaje.

A modo de conclusión personal, deseo hacer una apreciación estilística que, de algún modo, pretende enlazar este artículo con la producción ficcional de Italo Clavino. Ante todo decir, que alguna de sus ficciones son muy hermosas, tal vez porque el capullo matriz desde el cual se han ido libando (ejemplos: un hombre que se trepa a un árbol y se decide a nunca más descender; una determinada concepción científica refutada en la actualidad), ha sido pasionalmente escogido. Pero en otros textos de su producción literaria, Calvino puede ser muy aburrido y dilatante. Generalmente en aquellos textos que pretenden agotar las permutaciones posibles de una fórmula literaria ("Tiempo Cero", en su totalidad. "El Castillo de los Destinos Cruzados": buena idea, pero sus condicionantes escriben trivialidades difíciles de disfrutar.) En estos textos, se percibe que el escritor se demore en las baldosas que va pisando. Un formuleo matemático de N combinaciones, se articula en los saltos o pasos que son necesarios para continuar su movimiento hasta agotarlo. Aquí radica una diferencia sustancial entre lo artificial y lo natural. El primero crece mirándose los zapatos en una carrera infinitesimal como la de Zenón, El segundo, muy difícil de definir (toda una vida para hallar un modelo aproximativo), puede decirse que, al igual que en la concepción ZEN, la escritura es el camino imantado de la intuición de un disparo certero de flecha.