martes, agosto 30

Cascadas

El inquieto y productivo staff de El Remisero Absoluto, me invitó a colaborar en su espacio con alguno de mis papeles a pixelar. Elegí "Cascadas", un instante de mis veranos de viajero, donde confluye las influencia de las cascadas, de la escritura y sus transferencias fluidas y secretas.

jueves, agosto 18

La Escena del Crimen

Ayer leí el artículo de Gamerro "Disparen sobre el policial negro", en su formato papel que es como lo prefiero (si algo bueno tiene la Ñ, es su composición gráfica: es legible y visual. Igualmente no la compro, me la regalan o me la prestan.), y este post es una transmigración de lo que quiso ser un comment a Massei en su blog.

El artículo de Gamerro es simple, y va evolucionando con claridad. Pero en ciertos puntos, se torna sutilmente invasivo, y un tanto declamatorio. Todo para llegar a ese decálogo, que sin dejar de ser chistoso, tiene la afilada ironía de una crítica literaria.
Si bien, medularmente, dice que el género policial, tan caro a los argentinos, fracasa en sus formas inglesa y norteamericana, dado el estado enquilombado de las fuerzas e instituciones intervinientes (tornándose más bien un análisis sociológico y políticamente correcto); toca con mirada crítica la literatura policial actual. De esto se desprende, a mi lectura:

1) El policial actual (analítico) es escapista y no reproduce la realidad argentina.
2) Que la policía sea el culpable peca de falta de originalidad (dado el determinismo del decálogo, "La Pesquisa" es predecible.) Si la policía no es culpable, es posteriormente, cómplice (Piglia y su decepcionante y bien escrito producto: "Plata Quemada")
3) La única vía potencial para el policial, es Rodolfo Walsh (el periodista es el único garante de la verdad.)

Conclusión:
1) No a los precursores o precognitores de Borges (De Santis, Martinez, etc.)
2) No a los predecibles y los decalogados (Saer, Piglia, etc.)
3) Sí a los periodistas (Walsh)

Obviamente, esto es una traducción y una lectura subjetiva. Me gusta la paleta de estilos y algunos libros específicos de cada autor implicado (me tienta nombrar, en forma consecutiva, de 1 a 3: la serie blanca, la serie negra, y la serie a todo color.)

Es decir, ¿Gamerro está indicando un nuevo camino olvidado para el policial argentino futuro? Es evidente que da por sentado que "Operación Masacre" es literatura policial, asunto que llevó buena parte de un seminario con Roberto Ferro y que se prestó a la discusión y al análisis. Este me parece que es el punto indefinible del asunto: la extraña oscilación entre los datos reales y el coagulante de la ficción
(¿Las Hipótesis en un hecho policial, como versiones posibles de la verdad y desarrolladas en clave ficcional, no es la invasiva incursión de otro género: la ciencia ficción? Un género corriendo como una serpiente por los conductos de otro género polimorfo.)

Por otro lado me incomoda, cierta presunción de que el periodista es el único que puede tomar el blanco escaque que ocupara en la novela negra, el melancólico e incorruptible Marlowe. Entonces, viene a mi mente, las leyes de indeterminación, los efectos de la complejidad, y por supuesto, el Ing. Gadda y su novela policial inacabada (la cual evoluciona, en su ansia por representar la realidad, hacia una complejidad desordenada, plena de víctimas y ausente de culpables: el asesino también asesinó al autor antes de que lo descubra.)
¿La sumersión en la complejidad de lo real, no hace que un género se delinde, y por ello deje su dinámica simple para transformarse en otra cosa? Después de todo, un lector de policiales (y otros géneros masivos), se conduce a través de la literatura seleccionando los símiles y clishes propios de ese género que terminan acotándolo. Como las señales de aerosol rojo en los senderos de montaña. (igualmente siempre se pueden descubrir puntos panorámicos fuera de los senderos, ¿no?)

Se puede seguir desbrozando; sea en una dirección de crítica literaria o de crítica sociológica.
Blanco y Negro, ajedrez.



[Hay un punto extraño, sin embargo, en "Operación Masacre", que evade el efecto de "realidad" que produce esa concatenación de testimonios que desarrolla Rodolfo Walsh, con su escritura blanca. Pero lo dejaré para otro post, integrando mi espacio Ripley de Lecturas.]

martes, agosto 16

Objetos del Tiempo Detenido

Es poco lo que se detiene en las miradas.
Acaso los frutos parecen mentir en su forma
la semilla rugosa de la muerte, culpa de invierno.
Invitados a los juegos de los pájaros,
los hombres no sienten el reloj triste encarnado en el
[costado oscuro de uno de sus días.
(A veces me duele esa costilla y corro de mi soledad
a la dulce serenidad de una cintura femenina.)
Los días cotidianos azotan las calles, las hojas
rozan los rostros, animales enrosacados en las faldas;
la piedra une la línea, la corteza el alma,
la distancia el anhelo, la oscuridad tu mirada.

Yo conozco un bar, en sus ventanas se recorta la vida
engañada en delicada escala de maravilla,
en los minutos contados de un trago nocturno.
Allí se detienen las cosas, la viña escucha su semillero
[oculto.
(Tal vez sea este el oscuro costado del mundo)

A veces temo sentir la piel ajena,
escuchar el reloj profundo,
a punto de hablar de entre el silencio:
un timbre que no recuerdo, pero sufro y anhelo,
en la indiferencia de los objetos del tiempo detenido.
Nada más la corta existencia
abrevada en una última gota de vino.

Tu voz me recuerda en su constancia
la antigua ferocidad de los ángeles.


(1994)

[Comencé a escribir poesía en mi adolescencia, y persistí de una manera sistemática a lo largo de varios años, de una manera libre e irrespetuosa. Luego sólo en forma ocacional, es decir, cuando una mujer era la destinataria, o cuando me embargaba una ansia de expresión (como naufrago a punto del ahogo), frente a cosas o sentimientos inabarcables por el lenguaje razonado. Este poema tiene su humilde y trillada historia: seleccionado y premiamencionado por Antonio Requeni y otros jueces en un concurso de poesía anual y desinteresado. A los años, me vino su simple publicación, en las manos de nuestro médico de cabecera familiar, quién al leer mi nombre me regaló su ejemplar. La lectura de un poema, me exige un estado especial de recepción: a la mínima estridencia o confusión lo alejo y lo arrincono en el olvido (lo que no significa que los míos estén excentos de tan hipersensible manera de leer, ni que mi resonancia sea la justa medida de la calidad.) Por otro lado, nunca me tomé en serio mi capacidad de poeta; pero sí, mis textos se ven influídos por esa peculiar forma de expresar lo percibido.
Arriesgo esta imágen: la Literatura es, para mí ahora, como un castillo fortificado a asediar. La poesía es el Foso: plagado de cocodrilos y estacas aceradas, puentes levadizos instantáneos y tramposos. Me encantó nadar en él, anillando la muralla. La torre es la prosa (la novela, el cuento); y todas mis estrategias tienden a tomarla, con las mismas armas que vengo afilando hace tantos años y tantas lecturas.]

lunes, agosto 8

Divertimento

INDICE

Era la Mañana, cuando se dispuso a subir la escarpada superficie del Citerón.
Sabía que de no llegar a lo alto, antes de que anochezca, le iba a ser imposible encontrarla a ella en la oscuridad, lo que hacía doblemente peligroso cualquier tipo de búsqueda. Aún así, una confianza ingenua en sus fuerzas y su propia determinación, como transfigurado en un montañez consumado en las experiencias del salvataje, comenzó la escalada.
Sin embargo, ya hacia el Mediodía, la acción conjunta de la pendiente y la gravedad, el cansancio acumulado y el sol que dragaba sus fuerzas, le convencieron de servirse de una rama nudosa que hacía las veces de bastón y de consuelo en la instrumentalidad de la voluntad.
Pero, para cuando la cima estaba más cerca y a la vez más distante, penoso su andar y la piedra cada vez más vertical, el Crepúsculo lo encontró gateando, semidesnudo y cubierto de heridas. El peso de su cuerpo, la falta de aire, hizo que llegara a la cima con las últimas e incediarias luces del día.
Por suerte, ella estaba allí, viéndolo llegar. Su belleza lo encandiló como una llama de fuego bailoteante.
Entonces, jadeando, él le dijo:
"El orden de los factores no altera el producto"
Luego, el sueño lo venció por tamaño esfuerzo.
La Esfinge continuó pensativa.



[Divertimento: menos que un cuento y poco más que un simple acertijo. O como esas composiciones apresuradas y a punto de trastabillar que se cantan en alguna payada junto al fuego. Ganas ocultas de literaturizar la paradoja de Zenón, como un Carrol de segundo o tercer orden, tal vez. Sin ánimos de parecer ingenioso o ingenuo, canté prí.]

lunes, agosto 1

Concierto y Pereza

Kafka anota en su diario, el 13/12/1911, luego de haber escuchado un concierto, que a su oído a-musical le es indiferente, que: "No hay en el público un respeto hacia la literatura comparable al respeto que siente por la música"
Y hoy, esto me parece igualmente cierto y más notorio. Reflexioné esta cita de la siguiente manera: que la posición de escucha es de una pereza que no tiene la lectura. Al auditorio sólo le basta relajarse y dejarse amortiguar por el preciso transcurso de la música; a lo sumo, la acompañara un canto a media voz, una digitación aérea e inconsecuente. Pero la lectura exige su trabajo, hace que la música no brote hasta que nuestros dedos articulen las notas de su composición.
En esto, también emerge la pericia que irá incrementándose cuanto más se practiquen las tocattas lectivas.
Para algunos, ciertas notas serán inaudibles, ciertos arpegios demasiado arqueados, ciertas composiciones difícilmente abarcables con el sentido y el pensamiento.
Leer es escuchar un concierto de piano mientras se intenta seguir las exactas digitaciones del músico, leer el pentagrama en su belleza visual, y escuchar el carácter volumétrico, ambiental, del tema.
Una interpretación que exige nuestra acción, nuestra pericia cada vez más ágil en las articulaciones, todo un asalto a la ejecución que, sólo después de vencer acostumbradas inercias, prejuicios e incertidumbres electivas, se tornará en la simpleza armónica de una animal elástico en movimiento, natural.

[Todo esto, pensando muy especialmente en la indolencia de los adolescentes frente a la lectura y su vibrátil entusiasmo frente a la música]

(Rescatado de Libreta Negra)