jueves, septiembre 1

Profecía enterrada en un chip oxidado y degradándose

Fantaseo enterrar todos mis escritos en una caja de plomo, 10 metros bajo tierra y dejar de escribir. Tal vez en el año 2666 me transforme en un Clásico. El tiempo arqueológico podría ser un gran Editor.
Pero seguramente, a los sesenta años, presa de la afectación de la memoria, los recuerde tan bellos como la antigüedad. Y al desenterrarlos, los decubra ajenos e incompletos o acalorados, y decida darlos al fuego. Treinta años de una sombra que crece en el patio, una biblioteca enterrada, es demasiada gravedad.
A los blogs los borrará el caos, alguna descarga mágnetica procedente del sol o una nueva tecnología que tendrá poco espacio para tantas cadenas de binarios. La fluctuación de la pantalla es demasiado límpida para el interés del arquéologo, del historiador, del anticuario o del manuscriptólogo. Carece del bruñido, la autenticidad, de la pátina de lo Antiguo.