lunes, octubre 31

Estudio de la dinámica de los fluidos oceánicos



1.

Tu leerás ese artículo de la revista diciéndote que necesitas un descanso, una distracción de lo que hasta esta noche (la última anterior al examen final que estás preparando) te parecía una continua presión en la memoria. Y entonces, de hojear esa tonta revista de divulgación científica, llegarás a ese párrafo del artículo que parece conjurar el silencio que te rodea:

Está demostrado experimentalmente que los delfines (...) han logrado desarrollar un idioma propio que les permite comunicarse entre sí. Las investigaciones efectuadas sobre esta especie de mamíferos acuáticos han establecido que el delicado y complejo sistema que utilizan para entenderse está formado por una serie de silbidos, de duración e intensidad variables, que emiten por medio de su aparato respiratorio, situado en la parte superior de la cabeza.
Hasta el presente se han logrado aislar 32 de estos sonidos, aunque no se ha conseguido averiguar su significado.
Entre las numerosas experiencias realizadas, destaca la llevada a cabo en Estados Unidos durante 1961. En aquella ocasión se logró que dos individuos, que se encontraban en dos recintos diferentes, mantuvieran una prolongada conversación durante una hora a través de micrófonos y altavoces instalados en sus respectivas piscinas, desde las que en ningún momento pudieron verse entre sí.


Levantas la vista cansada; no dejan de abrumarte los apuntes y libros que se encuentran desparramados sobre tu escritorio. Bajo la luz del velador, las cifras y ecuaciones se entrelazan en un tejido difuso. Pero ya no puedes echarte hacia atrás, por más que no alcances a estudiar todos los puntos del programa de Mecánica de los Fluidos I. Volverás a revolver y sumergirte en los problemas de tuberías y vórtices, en las condiciones de contorno, en las integrales de Laplace. Tu mente resbalará sobre las curvas de los perfiles aerodinámicos, agobiada por el esfuerzo de controlar todos los parámetros: presión, velocidad, caudal, densidad del medio fluido (usualmente agua o aire). Pero no podrás evitar el fastidio de tanto esfuerzo y convenciéndote de que en realidad sabes casi todo, y que al momento de sentarte a ejecutar el examen todo surja como un manantial de tu memoria, vuelves a hojear aquella magazine. Treintidós sonidos distintos constituyen un alfabeto más rico que el nuestro, piensas. Después de todo, los delfines son criaturas fuseladas hendiendo los fluidos del aire y del agua, casi como perfiles articulados que se favorecen de las corrientes y las mareas.
Luego fijarás tu vista en la pintura suspendida entre penumbras, colgando de la pared. Aún en la ingenuidad de sus formas, parece un encuentro fantástico de criaturas erguidas sobre la superficie de un océano caracoleante. Los trazos y colores persiguen curvas continuas donde se mimetizan los personajes de un cuento infantil. Allí están todas las curvas que tu estudio pretende explicar y predecir. ¿Cómo aplicarás tus condiciones de contorno en aquella escena fluida y congelada, para calcular todos los posibles movimientos futuros de sus navegaciones?
Piensas que será mejor tomar una ducha de inmersión para relajarte. Sientes los nudos en tu espalda contracturada, y no tienes quién pueda hacerte algunos masajes. Te diriges al baño y dejas correr el agua a través del grifo de la bañera, hasta que se caliente. Haciendo la conveniente mezcla, buscas la temperatura adecuada para tu cuerpo. Te desvistes cansinamente mientras de tanto en tanto te espías desde el espejo del botiquín. Sumergido hasta el cuello, tu cuerpo percibe el erizante cambio del medio fluido. Cierras los ojos, y a tus oídos llega como un eco múltiple el respirar sumergido que recorre tus pulmones, y sientes que te extiendes soluble en el agua. Llegan a tu piel las vibraciones y presiones de los movimientos del líquido, sus murmuraciones soporíferas. ¿Podrías acaso escuchar y entender el lenguaje de los delfines? ¿Distinguir al menos una decena de sus palabras sónicas? Piensas en aquello de que los esquimales tienen distintas palabras para los blancos. Allí donde nuestro lenguaje sólo capta un color, el de ellos captura un reino de grades y variados matices, como un nuevo espectro de sensaciones ópticas. En tu visión de párpados cerrados emerge hacia ti el dibujo que poco antes habías admirado. Aplicando las condiciones de contorno que exigen tu estudio, despiezarás la escena como un puzzle, y en sus pequeñas formas catalizarán los significantes de un idioma para ser utilizado en los océanos. Tus sentidos se difunden como una red, para apresar el fraseo que recorre las aguas y los abismos. . .

2.

Algo comunica el océano y el espacio, algo de todo este movimiento sumergido exige a sus criaturas la pericia de los vuelos. Existen varias formas de desplazarse por sus curvas:
a.- Peces que nadan zigzagueantes como anguilas, doblando elásticamente el cuerpo de un lado a otro, dibujando formas de ’S’ que borra el agua tras sus huellas.
b.- Manta Rayas que baten sus anchas aletas pectorales a guisa de alas y como un volátil ensueño suspenso en el agua.
c.- La luz de las constelaciones que vibra, viborea y se derrama en antigüedades insondables. Salta al vacío, salpica de estrellas, se desgarra absorbida por la succión implacable de un agujero negro, espantoso Maelström.

3.

Abajo . . .
. . . profundo . . .
. . . profundo . . .
. . . profundo . . .
. . . profundo . . .
. . . hacia el fondo del mar.

Sientes una oscura presión en tus límites de flecha surcando desconocidas atmósferas. Oscuro, muy Oscuro. Pálidas estrellas flotan distantes, una nube gaseosa espiralada te rodea y se fuga serpenteando. Monstruos abisales sostienen faroles, de los cuales una luz derramada en azul fosforescencia, muere congelada. Tu cuerpo se transparenta, queda una cáscara tornasolada, y en un diamante somnoliento se agita apenas una trémula gota de aire, un recuerdo de la respiración volátil, una bruñida antigüedad de naufragios convocados.

lunes, octubre 24

Vencimientos / El miedo a los fiscales

1.

Leo la colaboración de M. Tomas en Kaputt: Libros con Vencimiento. Un post trasladado, mayormente.
Vuelve a surgir el tema de escribir para los contemporáneos y dar fiel retrato de una época, mezclado con nuestros cambios climáticos como lectores. Puede que haya libros con fechas de vencimiento, pero más bien pensaría en lectores con fechas de vencimiento. Sutil y necesaria distinción. A veces uno vuelve a libros que creía haber clausurado, o que determinada corriente crítica había apartado de nuestro camino con cierto dejo despectivo o revisionista.
Tambien, creo, hay que considerar que gran parte de la fuerza de permanencia de ciertos libros, independientemente de dar fiel reflejo de una época, está en que fueron escritos para el futuro. Es decir, vectorizados con la información genética del pasado, pivoteando en el presente, para lectores futuros. Aquellos que hayan vencido prejuicios electivos, los más detallistas, los que vuelvan y desplieguen, los que deformen con propia huella, el reino utópico de uno mismo.

Pensado desde el punto de vista del lector con capas de vencimiento variable, no es díficil entender porqué leer Asís hoy, y no a Gombrowicz. Eso explica de alguna manera (y sin querer ofender a nadie), el que a veces, al volver cansado a casa con ganas de alisarme el pensamiento, me ponga a ver Tinelli u "Hombres de Honor" a la hora de la cena. Esto no sólo evidencia que no tenga cable, sino que expresa la tendencia de una época: la necesidad acuciante y cada vez más perentoria de alisarnos el pensamiento, de buscar un refugio lejos de las complejas y simples preocupaciones de los días, en la Argentina, en el Hoy (recuerdo que una compañera de laburo decía: "lo miro para no pensar".)

Pero bueno, hay épocas para la concentración y épocas para la dispersión. Lástima que cada tanto, medren los repositores, imprimiendo fechas de vencimiento u ordenando góndolas a fin de hacer más visibles ciertos productos por sobre los otros ("acá, señor, a su izquierda los más sabrosos y elaborados; acá, señora, a la derecha los más light".)


2.

Hoy, particularmente, estoy muy cansado porque ayer trabajé como autoridad de la mesa 5576, así que sepan disculpar si sueno un poco exigente o poco delicado. Ayer fue divertido, dentro de todo, y también fue agotador. Veo que los post temáticos acerca de las Elecciones, se multiplican, divergen o convergen con experiencias y anécdotas ad hoc, símiles y divertidas. Lo que me sorprendió, luego de haber hecho el Curso Instructivo en el CGP el Jueves pasado, y de la encerrona de las chicas de la mesa femenina a la hora del escrutinio ayer, fue el Miedo a los Fiscales. Pensaba escribir un post cuasikafkiano de estos personajes, que como cuervos intrigantes, a la vez que se picotean entre sí, se juntan como un abanico oscuro y compacto sobre el pobre entendimiento del presidente y del suplente. Fue extraño ver que la mayoría de las consultas de los que iban a ser autoridades de mesa por primera vez, era más bien sobre qué hacer con los fiscales que qué hacer con la gente que viniera a votar. Luego la etapa del escrutinio fue especialmente agotadora.

En definitiva, entré a las 7:05 y salí a las 21:00. Un montón de energía quedó en la urna. Como esos generadores eléctricos que no sabemos a dónde conducen y qué abastecen: tal vez una perqueña bombita de azulado y neónico respirar, o las inmensas aspas de una noria herrumbándose.

jueves, octubre 20

Un Fin del Mundo

Escribir bajo el hielo, tal vez. O bajo las mareas sólidas de los témpanos: sólo el ligero rugido de los glaciares deslizándose sobre mi cabeza, amurallado en mi cárcel de vidrio. ¿Qué se pretende del roce del alma?: ¿la ensoñación de los ángeles? Esto es más difícil de lo que parecía (los trayectos por el sur son largos y necesito una carpa igloo; estar dependiendo de la necesidad, de la improvisación.) Sin lugar a dudas, mis dudas me sumen en la desesperación. De aquí se observa una cúpula como un puñal erguido, una tensión muda hacia el cielo silente y esponjoso. Si hay algún descubrimiento que haya perjudicado nuestros sentimientos trascendentes, es aquel que llenó el vacío con la materia. Los gases etéreos comprimiendo las esferas, el juego articulado e incognocible del movimiento infinito de los astros. El vagar sin más límite que la propia muerte, hacia las estrellas muertas, de luz ambiguamente antigua.

Es ésta la tristeza de los viajes. El vagar en pos del último rincón dónde nos espera el término de todo viaje y de toda promesa. Y encima, uno debe desplegar mapas y recomendaciones, a fin de poder elegir en nuestro azaroso destino, los paisajes más radiantes a nuestra oscuridad que los va tragando en sus ópticas blindadas.
Porque cada uno de nosotros es un fin del mundo: autónomo, equidistante y equipotencial.

Un zurear de ave atardecida quiebra el silencio; también, de tanto en tanto, el accionar electromagnético de la puerta de entrada, para dejar ingresar un nuevo compañero de extranjería visitante. This is the World. Nuestras agonías entredichas, bisbiseando quedamente entre los intersticios de nuestras lenguas mutiladas. "¿Dónde está la belleza para que la sienta en mis rodillas?"

Pronto prepararé mis cosas para darme una ducha. Aquí en el patio del Albergue Estudiantil, este cielo tan distinto (a sabiendas de que es un cielo cortado por la Cordillera de los Andes) se enfría delicadamente hasta entumecer mi sonrisa triste de quién comprende una situación absurda. Me gusta escribir mientras la luz va cediendo a la Noche. Todo se va aligerando, casi transparentando. Todo se diluye en la inconsistencia de lo visible. ¿Es esto real?

A veces, necesitado de anclar los fantasmas que vemos y sentimos, los catalizamos en la escritura. Agujas dulces y dolorosas, crujiendo los caparazones y espolvoreándose con el pigmento pulviscular de las alas de mariposa. ¿Cuál es nuestra diversión? Sacar fotos, decir que Chile existe y se aprieta entre montañas y el océano. Esta confabulación internacional que me ha llamado a darle vida. En el momento que el avión hacia la maniobra de aproximación, trasvasando maravillosamente las montañas, me dije que había descubierto y fundado Chile. Que todos esos presupuestos, visiones relampagueantes, citas literarias y lingüiscentes, habían confluido en esta visión: Santiago de Chile; con la Alameda surcada por colectivos amarillos, este canto atropellado en la voz, la blanda insistencia de lo colonial: antiguo y derruido.

miércoles, octubre 19

Cita para The Piro Project

El hombre permaneció inmóvil durante un rato, al fin se sirvió otro café.
-¿Por qué crees que será esta noche? -preguntó la mujer.
-Porque sí.
-¿Por qué no alguna otra noche del siglo pasado, o de hace cinco siglos o diez?
-Quizás porque nunca fue 19 de octubre de 1969, y ahora sí. Quizá porque esa fecha significa más que ninguna otra. Quizá porque este año las cosas son como son, en todo el mundo, y por eso es el fin.
-Hay bombarderos que esta noche estarán cumpliendo su vuelo de ida y vuelta a través del océano, y que nunca llegarán a tierra.
-Eso también lo explica, en parte.
-Bueno –dijo el hombre incorporándose-, ¿qué hacemos ahora? ¿Lavamos los platos?
Lavaron los platos, y los apilaron con un cuidado especial. A las ocho y media acostaron a las niñas y les dieron el beso de buenas noches y apagaron las luces del cuarto y entornaron la puerta.

Ray Bradbury, La Última Noche del Mundo, en "El Hombre Ilustrado"



[Esta cita del triste y dorado cuento de Bradbury, con su fecha sincronizada con la actual, pero 16 años después (el fin del mundo siempre se reactualiza, se resetea como una gracia divina), pensada para la propuesta de Guillermo Piro: Los Días Contados]

sábado, octubre 15

A propósito de "Carta al Padre" de Kafka




Juan José Saer, en su artículo publicado en el suplemento Cultura La Nación el 26/02/02, aprecia la necesidad (que condice con la estética que Kafkka cifra "en la imposibilidad" de la comunicación o del encuentro), de que La Carta, si bien tiene un destinatario cierto y próximo: Hermann Kafka, su padre, no le llegue jamás.

Sin embargo, La Carta tiene su mensajero: Max Brod; su sistema postal: la literatura; y su parabólica transmisión y ruta: la sobrevida. Si bien, emisor y destinatario se hallan ausentes del mundo, los ecos de esa comunicación perduran de este lado (en sus lectores.) Cabría imaginar que un buen día llegue la carta a puerto, el mensaje sea entregado, haya acuse de recibo. Bastaría imaginar: transmigración, comunidad de las almas, resurrección, afantasmamiento de la carta, encuentro en la transparencia incorpórea de una habitación contigua a la vida.




[Post que puede pensarse enlazado con el anterior, y que fue escrito, en su momento, diagramando el nudo secreto de "NS": mi pequeña novela demorada.
Pensando en sistemas postales como la literatura, imagino que esa "Carta Robada" que en el cuento homónimo de Edgar Allan Poe no deja de estar cerrada sobre la repisa y ante nuestras narices, pueda ser La Carta de Kafka. También, en esta cadena de asociaciones metatextuales, pienso en el correo Tristero de Pynchon: secreto y jamás leído, siempre esperado, ese lote 49 que se roba a la lectura en el último capítulo.]

viernes, octubre 14

Nuevos espinazos para jurados incautos y/o perezosos

"Creo que una buena fórmula para comprobar la calidad de una novela es, en el fondo, una combinación de precisión poética y de intuición científica. Para gozar de esa magia, el lector inteligente lee el libro genial no tanto con el corazón, no tanto con el cerebro, sino más bien con la espina dorsal. Es ahí donde tiene lugar el estremecimiento revelador, aun cuando al leer debamos mantenernos un poco distantes, un poco despegados. Entonces observamos, con un placer a la vez sensual e intelectual, cómo el artista construye su castillo de naipes, y cómo ese castillo se va convirtiendo en un castillo de hermoso acero y cristal."

Vladimir Nabokov, Curso de Literatura Europea

martes, octubre 11

Sobrevidas (comments recobrados I)

1.

¡Qué siniestro es ver como se apilan los libros para una mudanza, y sentir que no van a caber en ninguna biblioteca sensata y discreta, o qué no nos alcanza la vida ni el interés para releerlos por lo menos todos una vez más!

Me paso hace poco: mudaba mis libros a una nueva biblioteca, convergiendo a un mismo espacio de serenos conflictos con los metros cúbicos. Y al verlos apilados, pensaba que me sobrevivirían, y se separarían y se volverían a juntar, sin mí intermediación selectiva. Y toda esa tentación de un bombero bradburiano me colmó, y me imaginaba entregando el monstruo al fuego. Un pecado de criatura más efímera.


2.

No dudo, que el sistema epistolar y manuscrito sobrevive en las cartas amorosas, en detrimento de la fría e inquietante limpieza del e-mail. Ya que cuando uno recibe una carta que manos femeninas han encerrado en un delicado sobre violáceo (como los que gustan usar y tener escondidos en agendas con llaves diminutas), enviados a través de un sistema postal personalizado; y comienza a establecerse un ida y vuelta ingenuo y paralelo a los roces y los encuentros físicos, uno se da cuenta que el género epistolar de puño y letra sobrevivirá de algún modo. En la letra manuscrita, no deja de estar nuestra huella (manteniendo tranquilos a los grafólogos, los escribanos y los falsificadores), y eso, aunque también las palabras, es lo que queremos percibir al leer. Su perfume visual, su esencia hologramática, la caricia del pulso sobre el papel.

martes, octubre 4

El Regalo de Pandora


¡Oh, sorpresa!, su novia no parecía guardarle rencor por la escena de la otra noche. Evitaba aún la vergüenza de reconstruir el hecho en su mente. No habían bastado caracoleantes argumentos, tentativas caricias, raptos de mal humor e indiferencia; todo para terminar cayendo en una confusa posición: ella, bella fruta arrebolada casi desenvuelta; él, feroz inequívoca intención de penetrar. Obviamente, ésta no era la buena imagen que intentaba fijar para sí mismo: “¿nena, no te diste cuenta de que había amor en mi pedido?” Y sin embargo, días después todo parecía renovarse ante esta imprevista sorpresa, ya que hoy cumpliendo dos meses, ella le ofrecía una voluminosa caja envuelta para regalo: brillante y cúbico en lazo azul. Aceptó primero desconcertado y luego lujurioso al saber, por sus dulces palabras, que dentro encerraba “la llave de su cuerpo, la fruta de su amor”. Con una sonrisa, desató el lazo y comenzó a despegar las cinta adhesiva cuidadoso de no rasgar el papel, sin dejar de asegurarle que los guardaría en su cofre de recuerdos amorosos. Finalmente abrió la caja que en forma tan delicada había desnudado, para mirar entre divertido y burlón el interior. La dulce mirada de su novia brillaba humedecida, y una sonrisita pícara le iluminó el rostro. Había otra caja envuelta, idéntica pero más pequeña. “Un clásico”, pensó evitando el comentario que le hiciese perder de nuevo todos los puntos; así es que no tuvo mas remedio que salir, para abrir y atisbar dentro de la caja más chica. Pero entrando, predeciblemente, descubrió que había una más pequeña aún; por lo que hubo de salir de nuevo, para entrar a una más diminuta; ¡pero carajo!, y pegó un salto afuera con muscular exasperación para caer nuevamente en lo que parecía una eterna trampa rusa, una espantosa Caja de Klein: desatar un lazo azul, rasgar una brillante envoltura, salir para que adentro tenga que desenlazar y rasgar y salir para que adentro...
¡Esperanza!, ¡Madre de las Pestes, Acicate de los Ingenuos! Y la risa de su novia cada vez más lejana; y él sin saberse adentro o afuera, intermitente y feroz.

jueves, septiembre 29

Transferencias recobradas

En 10 minutos (son las 16:50) me tomaré el minibus a Puerto Montt, devuelto a la extraña calidez de ser huésped en casa de familia. Mañana haré el llamado "Cruce de los Lagos": viaje anfibio y multivehicular que une Puerto Montt y Bariloche, atravesando 3 lagos, y por supuesto, la Cordillera de los Andes.

Las transferencias de materia entre lugar y lugar, se parece a la transferencia desmaterializante-materializante del cuento de "La Mosca." De repente, siento que "algo" se ha combinado con mi organismo: un rostro de gato, una garra de oso pardo, o una cola de rata como la que ví entre los escombros que orillan el ceno del mar casi estancado, frente a Puerto Montt ayer. ¿Es qué se mejora en las transferencias? ¿O es qué uno se transforma en una criatura cada vez más compleja y cada vez menos trabada por los hábitos monótonos y cotidianos? ¿Uno asume nuevos movimientos, con nuevas articulaciones, y va escaneando y ampliando más su campo visual y el de su experiencia?
A veces, ya no sé a dónde me conducen mis pensamientos metafóricos.
A veces, parece que balbuceo frente a lo más simple de vivir.


Frutillar, Chile, 07-12-97

martes, septiembre 27

Los yao-yao de Edgar Allan Poe

Cada tanto tiempo, uno debería volver a leer a Edgar Allan Poe. No sólo porque varios decálogos de cuentistas como Quiroga o Bolaño lo tengan por ley, sino porque a través de su lectura se reviven los escalofríos deliciosos que produce un imaginario nocturno. Releí hace poco sus mejores cuentos, atraído por razones compositivas: buscaba ciertos escalofríos, como rayos arborescentes y acoplados, para reproducirlos a mi modo y según espectros controlados.

Recuerdo cuando lo leí por primera vez. Tenía 12 o 13 años, y me habían prestado el volumen "Historias Extraordinarias" de Bruguera, con la expresa recomendación de "No leerlas de Noche". Recomendación atendible pero insuficiente para mí, ya que tenía por costumbre leer antes de dormir. La tentación era grande, y no me parecía que fuese a afectarme tanto. Me acosté y abrí mi libro bajo el cono de luz de una lamparita que sumía en sombras la habitación y el living. Mi hermano menor dormía placenteramente. Elegí el cuento más corto. Mala elección: se llamaba "El Retrato Oval".
En ese cuento breve y clásico, el narrador se refugia en una casona abandonada, y presa de la fiebre, se recuesta en una cama a fin de conciliar el sueño. Desde su lecho, y a la luz oscilante de una vela, atisba en un nicho no advertido de la habitación, el retrato de una mujer que le produce escalofríos. ¡La pintura está viva y lo observa desde la oscuridad! Por supuesto, no terminé el cuento. A partir de aquella noche continué leyendo a Poe a la luz del día.

A pesar de las líneas ya clásicas de sus cuentos, hay detalles que Poe introduce en sus ficciones que, siendo inquietantes, evidencian la huella personal de un imaginario múltiple y potenciado. Detalles que bien podrían no estar en el cuento, como si fuesen un reloj anómalo con su propia microfísica eficaz (muchos escritores lo producen: yo los llamo yao-yao, porque se abrazan al árbol de la trama, como un fruto anómalo y parasitario, pero "dulce-dulce" al lector.)
A continuación, los yao-yao de E. A. Poe:

* El crecimiento granular del maderamen del buque fantasma, en "Manuscrito encontrado en una botella", antes de sumirse en las entrañas polares de la Tierra.

* El carácter anticipatorio de la lectura, descargando y amplificando los sentidos (auditivos, en este caso) en "La Caída de la Casa Usher". (En "Respiración Artificial", Piglia imagina estas anticipaciones, pero dándose en forma demorada, como si la ficción escribiese la realidad. Poe las plasmó en su relato dándose en forma simultánea.)

* Los nombres mortecinos de Berenice, Morella, Eleonora y Ligeia: hermosas mujeres engarzadas en materia oscura. Y el cambio de nombres propios, que una vez traspasados al otro lado, se dan a los muertos, conversadores eternos: Eiros y Charmion, Monos y Una.

Y ciertos detalles que establecen resonancias constructivas:

* La brillante composición de "El Hombre en la Multitud", tantas veces analizada. El abrigo de las masas, la indiferenciación o el ansia de la mímesis. Un infierno privado, dinámico e incesante (puesto que el viejo sólo puede ver la multitud, el fondo indiferenciado, no ve al narrador cuando se choca con él, porque éste es también otro hombre en la multitud.)

* Las similitudes técnicas entre "Tripas" de Palahniuk y "Entierro Prematuro". Ambos comienzan con un anecdotario de casos parecidos entre sí y verosímiles, para preparar la experiencia personal y horrorizar con lo que se va a contar. Por su parte, Poe introduce una crítica a lo grotesco cuando no está enraizado en lo real: “Hay ciertos temas de interés absorbente, pero demasiado horribles para ser objeto de una obra de ficción. El mero escritor romántico debe evitarlos si no desea ofender o desagradar. Sólo se los usa con propiedad cuando lo severo y lo majestuoso de la verdad lo santifican y los sostienen. Nos estremecemos con el más intenso de lo “dolores agradables” ante los relatos del paso del Beresina, del terremoto de Lisboa, de la peste de Londres y de la matanza de San Bartolomé, o la asfixia de los ciento veintitrés prisioneros en el Pozo Negro de Calcuta. Pero en estos relatos lo excitante es el hecho, la realidad, la historia. Como invenciones nos inspirarían simple aversión.”
"Entierro Prematuro" es, a pesar de su tema, el cuento positivo de Poe, así como el "Diálogo de Cristobal Colón" es el de Leopardi.

Este fin de semana, fuí a la multitudinaria performance o caminata nocturna dentro del Cementerio Recoleta que convocó CRUCE. Chupé frío (tal vez por el mármol excesivo o por el frío que emiten los muertos, no sé), me cansé de estar de pie durante tres horas haciendo la cola, me asomé a los vidrios oscuros de las criptas atisbando los vitrós y los susurros inaudibles, las emanaciones invisibles.
A veces pienso que un libro, una historia, que no debe leerse de noche (¡pero que es ineludible no hacerlo sino nictálopemente!), concentra en un pequeño espacio un poder incalculable que nos impresiona de por vida, como una huella ectoplásmica indeleble y permanente.
Ever More.

viernes, septiembre 23

El veneno de Conrad para un blogger despreocupado

A pesar de los inconvenientes, de carácter personal, que comprometieron mi tiempo esta semana, pude ir a los Encuentros en el Rojas coordinados por Guillermo Piro, los cuales tenían por tema el "fenómeno" blogger. Fue grato y cálido, más que iluminador. Pude establecer esa extraña conexión entre imaginario textual y emisor real, plegando el gesto a las palabras. Antes de saber quién es quién, y dada las huellas que todo lector atento puede rastrear en un estilo, pude pre-identificar a los bloggers casi sin haberles escuchado antes (salvo al brasiliante, pero cuyo bronceado permanente tendría que haberme avivado.) Hasta reconocí al hargentino entre el público (es decir: un reconocimiento, obviamente, fundado en la estadística), y tengo mis sospechas sobre otros que ni participaron y tampoco se dieron a conocer, de entre los que leo o leí alguna vez.
Luego vino los saludos, el desenmascaramiento, la charla y la cena. Me pidieron amablemente escribir más, cambiar la cara (el template), relajarme, experimentar, desbandarme. Todas cosas que me hicieron reflexionar y remitirme a los múltiples decálogos para ser un buen blogger, o bien de sentirme en la trama de una educación sentimental. No es una cuestión de "seriedad" ni de "ligereza"; lo entiendo. Pero sí tiene que ver con la escritura, y eso remite a una dimensión personal confusa y exploratoria.

Para qué escribo en el blog, para quién. Y derivándose de esto: cómo y cuándo. Sobre el cómo, hay infinidad de pareceres y de intentos. El cuándo es lo más perentorio y condicionante: lo ideal es todos los días. Los blogs que tienen poco ritmo tienden a desaparecer, como si siguieran una ley entrópica. Noto, por lo pronto, que dada mi forma de vivir la escritura, pierdo el paso y por lo tanto, estoy siempre a punto de trastabillar y caer. No puedo escribir con ligereza (y como diría Calvino, no es éste un atributo negativo, pero sí participa del espíritu de la época o del nuevo milenio.) Siento una fuerte responsabilidad con lo escrito. No soy un autocorrector compulsivo, no me jacto de un sufrimiento flaubertiano, pero no puedo emitir gatos cuando sueño con liebres. No puedo encadenar libros como Aira, con el pragmático fin de mantener la línea caliente. No puedo escribir de lo actual, cuando seducido por el pasado, reescribo el futuro (como si fuese una criatura bergsoniana.) Admiro a quién produce sin dudar: es una energía inestimable y preciosa. Pero los admiro cuando sus obras son admirables por sí mismas, y no por la cantidad de energía desplegada.

Un blog "correcto", no dista mucho de una telenovela.

Tiene su franja horaria, su franja social o cultural de espectadores, su persistencia, su género. Y todos sus clishes y sus salvadores remakes. Puedo perderme un capítulo, y sin embargo, como si fuese un dios ubicuo y pagano, me vuelve a acoger en su trama. Y tiene su competitivo raitting. Y sus propagandas (los links amigos, los links de variedades y curiosidades, los links que nos favorecen.) Pero como toda telenovela, cuando uno se ha perdido tres capítulos y otras cosas nos reclaman (otro canal), caen y se abandonan en el olvido. Es difícil cortar con una telenovela, a pesar de su tensión permanente entre lo cursi y lo novedoso o lo macabro, crea una adicción extraña que es su corazón oculto y tiránico. Y yo desconfío de ese doble corazón paralelo.

Como si el blog, Dural, fuese el William Wilson de "NS", mi novela en demorada corrección. Temo que WW tome el control, porque como todo doble, absorve la energía del otro (NS) hasta su fin (que siempre es simultáneo). De la misma manera que en el cuento de Poe: absorviendo toda "la corrección" (la vida moralmente correcta), WW descorregía al narrador, condenándolo al infierno. Un doble, que con su acción angélica, niega el cielo a su protegido. Tal vez, deliro. Tal vez, me doy cuenta que la vida social del blog, impide la subvida anónima del escritor. Extraña paradoja.

El veneno de Conrad corre como una gota de aire por mis venas en el momento de la escritura. Supongo que las pocas visitas que tiene Dural y los concejos atentamente escuchados (y que aprecio, por supuesto), responden a la acción de este veneno que paraliza mis post, los acartona, los endurece y los espacía de silencio. Y como respeto a esos pocos y ocacionales lectores, que terminan de leer hasta la última línea de un post de Dural, les anexo las citas que, a modo de prospecto en la caja de un frasquito calavérico, pertenecen a un escritor maravilloso como Joseph Conrad, quién vivió primero y escribió para vivir después:

A) “Sólo mediante una devoción absoluta e inquebrantable al perfecto acuerdo de la forma con la sustancia, y mediante un cuidado incesante del contorno y la sonoridad de la frase, se conseguirán la plasticidad y el color adecuados, y la luz de la fascinación iluminará la superficie banal de las palabras, caducas y agotadas y desfiguradas por varios siglos de empleo negligente.”

B) “El trabajo es la ley. El espíritu que no se ejercita en la acción se convierte en una cosa muerta, pierde su fuerza e impide dejar un rastro personal sobre la tierra.”

C)“Trabajar lo más concienzudamente posible, describir exactamente lo que se ha visto, cuidar las frases como la tripulación baldea y cuida la cubierta, y no esperar otra recompensa que el respeto silencioso de sus iguales: en eso estriba el honor de un escritor.”

Manéjese con cuidado. Manténgase lejos de los niños y de los incautos(y de los lectores, arriesgaría yo también.)

jueves, septiembre 15

Descripción lepideptorológica de una nínfula



"Tampoco ella es la niña frágil de una novela femenina. Lo que me enloquece es la naturaleza ambigua de esta nínfula -—de cada nínfula quizá—; esa mezcla que percibo en mi Lolita de tierna y soñadora puerilidad, con la especie de vulgaridad descarada que emana de las chatas caras bonitas en anuncios y revistas, el confuso rosado de las criadas adolescentes del viejo mundo (con su olor a sudor y margaritas arrugadas.) Y todo ello mezclado, nuevamente con la inmaculada, exquisita ternura que rezuma del almizcle y el barro, de la mugre y la muerte, oh Dios, oh Dios."

¿Por qué se enamora Humbert Humbert de la vulgaridad de Lolita? ¿Qué es lo que viborea incesantemente en la imagen núbil de Lolita? ¿Qué atributos y condiciones permiten la aparición (súbito hechizo) de una criatura como las nínfulas, allí donde concurre la novedad —la vivacidad de lo joven— y la antigüedad —la continua evasión de un gesto de malicia ancestral—; la vulgaridad en los gustos y en las actitudes (lo provocador), la armonía y altura de los movimientos más delicados? Humbert Humbert es como un refinado degustador de vinos: han sido necesarios años de contemplación y secretas persecuciones, de haber entrenado a los sentidos a desplegarse de la manera más favorable para captar todos los grades de esas apariciones excitantes. Sólo el príncipe, puede disfrutar bajo el disfraz de un campesino, el sentirse ágil buzo en un ambiente vulgar, seguro en su refugio "Real". Un gran observador, pero también un hechizado (un Cazador Encantado.) Por otra parte podemos imaginar que, el campesino disfrazado de príncipe se ve anodadado por lo que no llega a controlar: los gestos, el squeptron. Tampoco es hechizado, sino abrumado. Porque tras el supuesto hechizo aguarda el mecanismo del engaño: sólo harapos, pobreza, desesperación, barro, nada. El hechizo está en aquello que se transfigura evanescentemente, siempre aproximándose, nunca estridente ni definitivo (como tal vez, lo quisiese el campesino), siempre volátil.

La figura de la nínfula, es la figura de la potencialidad. Tiene, asimismo, como atributo la efimeridad de la rosa (la flor se marchitará luego de ser regalada, pero en el gesto sobrevivirá todo su fuego.) Tiene una duración acotada, una malicia concentrada; y este gesto arrebatador, hace de una persona contemplativa y melancólica, su víctima perpetua.

¿Pero cómo describir esta potencialidad, esta flor a punto de florecer, y a la vez, contradictoriamente, en vertiginoso marchitar?

Pienso una aproximación: un Cubo es la superposición de infinitos Planos de espesor nulo. Con esta premisa, cuando quiera decir "Plano", diré en cambio: "un Cubo de espesor nulo." El cubo se afantasma: sólo veo su sombra, rectangular y habitable. Una nínfula es una mujer de formas leves (una mujer de curvas nulas), integrada de infinitos pliegues de niñas entrevistas. Esta entidad vaporosa, cúmulo indiscernible de posibles, de superficies erizadas y crecientes, son la movilidad constante. Necesita de lo bajo y lo pueril, para formar esa sombra rectangular que despliegue el fantasma. Tras el gesto infantil de una niña tomando un helado (no cualquier niña, obviamente), centellea un efímero brillo de malicia en sus ojos, para afantasmar un súcubo. Es una súbita construcción, únicamente posible en el punto convergente del deseo: "Lo que había poseído frenéticamente, cobijándolo en mi regazo, empotrándolo, no era ella misma, sino mi propia creación, otra Lolita fantástica, acaso más real que Lolita. Una Lolita que flotaba entre ella y yo, sin voluntad ni conciencia, sin vida propia."



[La formación científica de Vladimir Nabokov a través de la Lepideptorología, derivada de su afición por la caza y la descripción de las mariposas, impregna la forma en que Humbert Humbert focaliza y acecha esa criatura entre las "criaturas", y que por lo tanto separa y da nombre genérico, haciéndola suya. Dos clases de mariposa llevan hoy el nombre de Nabokov en los catálogos lepideptorológicos del mundo, puesto que él las describió por primera vez (ej.: lysandra cormion nabokov.) Quién lea con atención y estremecimientos espinales la gran obra del escritor ruso, no se sorprenderá que estas maripositas no sean las fulgurantes y oceladas criaturas que podríamos imaginar en primera instancia, capturadas por la red de un poeta (¿una trampa de primera lectura, como las que siempre propicia VN en sus novelas?)
Sólo son dos pequeñas y pálidas, vibrátiles y efímeras, vulgares y ninfúlicas maripositas nabokovianas.]

lunes, septiembre 5

Borges como escritor limitado

Me planteo pensar a Borges como un escritor limitado. Él mismo, dice muchas veces, que la escritura responde a la combinación de muy pocas ideas (pero, pobres en detalles, a medida que pulidas como diamantes, se buscan más puras. ¡Con lo bella que puede ser la ganga, como bien podría decir un minerólogo consumado como Arlt!)
Esta limitación es interesante, tanto más cuanto es "el infinito" principal idea directriz en los escritos de Borges. La prueba del límite, de la humilde posesión de unas pocas pertenencias, es la tranquera inviolable que siempre aparece en sus textos; y me refiero en términos matemáticos, a las Asíntotas: líneas limítrofes a las cuales converge sin tocar, toda función que se despliega infinitamente hacia ellas.
Un ejemplo, entre muchos, es el de "Funes, el memorioso"; la enumeración heteróclita de impresiones, en un despliegue cuyo límite es la minuciosa memoria infinitamente diseccionable de Funes, a la cual converge, como "Los Ojos de Caburga", dos cascadas: una desde el presente y la otra desde el pasado (la primera, oscurecida en la inmovilidad del catre; pero ¿y la infinita progresión de los fosfenos, de las sensaciones táctiles, etc. . . ?)
Todos los laberintos se perciben desde dentro, a fin de sentir la inmensa gravitación del despliegue al infinto; pero la misma nominación "laberinto" la contiene, la limita. Los infinitos son manipulables como cualquier cifra definida: llámese Zahir, Aleph, el "14" de Asterión o "la inconcebible hoja central sin revés" del Libro de Arena. Las imágenes se suceden como "ilustración" del despliegue del infinito.
Borges se detiene en las asíntotas. Podría decirse que define el Caos como el inviolable espacio que media entre el despliegue y la asíntota. Pero cabe aclarar, que bastaría que uno detuviera la cuenta, para que el Caos, aún siendo innumerables sus "puntos", deje de exitir como tal: siempre se pueden diseñar precisas constelaciones.
En esta paradoja radica la diferencia o la crítica que Borges transporta en sus escritos: la limitada combinación de pocas ideas con lo Ilimitado; cuando en otros aparece, la ilimitada combinación de varias ideas con lo Limitado (el detalle, por ejemplo en Nabokov.)

Poema Silenciado



Orfeo lloraba, queriendo acunar
el canto que se le escapa de la voz.

Las sirenas lo bebieron, anudadas sus
lenguas, encallaron sus rizos
a la melancolìa silenciada.

jueves, septiembre 1

Profecía enterrada en un chip oxidado y degradándose

Fantaseo enterrar todos mis escritos en una caja de plomo, 10 metros bajo tierra y dejar de escribir. Tal vez en el año 2666 me transforme en un Clásico. El tiempo arqueológico podría ser un gran Editor.
Pero seguramente, a los sesenta años, presa de la afectación de la memoria, los recuerde tan bellos como la antigüedad. Y al desenterrarlos, los decubra ajenos e incompletos o acalorados, y decida darlos al fuego. Treinta años de una sombra que crece en el patio, una biblioteca enterrada, es demasiada gravedad.
A los blogs los borrará el caos, alguna descarga mágnetica procedente del sol o una nueva tecnología que tendrá poco espacio para tantas cadenas de binarios. La fluctuación de la pantalla es demasiado límpida para el interés del arquéologo, del historiador, del anticuario o del manuscriptólogo. Carece del bruñido, la autenticidad, de la pátina de lo Antiguo.