sábado, enero 7

El placer del viajero



Hace un par de horas terminé de estibar a presión en mi mochila, todos los elementos necesarios para mi viaje. Algo siempre irritante, porque el peso debe ser mínimo, y a su vez, no puede quedar nada fuera que implique nuestra perdición o el pasar un mal rato. Un amigo me contó que una noche en el Sur, tratando de dormir dentro de su bolsa, el frío era tan intenso que pensaba que iba a morir. Aún en la suave y helada oscuridad que lo hospedaba, fijaba su mirada en una leyenda impresa sobre la tela de su carpa, que decía (junto a la composición del material): "cuidado, mantener lejos del fuego". Le parecía terrible morir leyendo esa frase: el calor negado.

Por supuesto, la experiencia de mi friolento amigo Tomatis en campamentismo era mucho menor a la mía, ya que éste debe ser mi décimo viaje a la Patagonia en carpa. Los compañeros de laburo no comprenden que mis vacaciones pasen por el esfuerzo, la privación y el humo que todo lo impregna y desodoriza. Pero bueno, sobre gustos no hay nada escrito.

Estuve hace un par de años en las Torres del Paine. Hice el maravilloso camino de ascensos y descensos que enlaza el Refugio Frey con el Jacob en tres días. Me quedaba por conocer el Fitz Roy, en el Parque Nacional Los Glaciares. Y hacia allá voy.

Entretanto, pensé como muchos otros bloggers, dejarles a los ocasionales y fieles lectores de Dural, algún cuento de mi autoría, o mucho mejor aún, de algún escritor de mi agrado. Pero como uno no quiere agregarles peso en sus mochilas de la inmediatez y el clickeo incesante, me daré el gusto de pedirles algo. . .

Cuentenme algo que les haya pasado como campamentistas o como viajeros. La única condición, es que esa anécdota que me cuenten, que les haya pasado a uds. o algún amigo, les haya resultado: extraña, inquietante o peligrosa.

Extraña, inquietante o peligrosa.

No tiene porque ser a lo Ian McEwan. Yo personalmente tengo varias, y tal vez sume alguna más. Ya les contaré a la vuelta.

Nos vemos.-

martes, enero 3

Robert Musil opina sobre el blog

Para este verano, quise sacar en préstamo "El Hombre sin Atributos" del politécnico austríaco Robert Musil. Sin embargo (y para mi sorpresa, ya que había esperado que la incómoda portatilidad de sus dos volúmenes inconclusos me hubieran dado la oportunidad de agenciármelos sin competencia), tuve que conformarme con el primer volumen de los Diarios de Musil.

Por supuesto, es otro bodoque de 600 páginas al que apenas puedo sostener viajando parado en el colectivo (mi gran espacio y tiempo de lectura), y que quedará en Baires hasta que vuelva de los senderos de mínimo peso del Fitz Roy. Pero ante mi sorpresa, leo en una entrada de los diarios de Musil, en el cuaderno 4, circa 1902, lo siguiente:

¿Blogs?
Un signo de los tiempos. Se publican muchos blogs. Es la forma más cómoda, la menos disciplinada.
Bien. Tal vez pronto no se escriban más que blogs porque todo lo demás nos resulta insoportable. En cualquier caso, ¿por qué generalizar?
Es la esencia misma del análisis; nada más y nada menos. No es arte. No debe serlo. ¿Para qué hablar más de ello?


¿El blog en una nota escrita un siglo atrás? (como esas lámparas eléctricas en jeroglíficos egipcios, o la cápsula espacial en el sarcófago pétreo de un rey azteca.)

No, claro, es sólo un ejercicio de lectura: dónde diría "blog", realmente dice "diario" (traducción que entiendo por "periódico".) Pero gracias a los elementos coyunturales que aparecen en esta cita bien podrían servir para esta ligera suplantación, es decir: pensar al blog a través de la similitud entre el entorno de aparición de los diarios hace un siglo y el de los blogs hoy.

Una definición posible, entonces, sería que el blog es la forma "menos disciplinada" de la escritura.

Es interesante notar, también, cómo en 1902 se presentía como una amenaza, la desaparición del arte en manos de esta nueva forma: los diarios, dado que "todo lo demás se volvía insoportable" de leer. Imagino que insoportable en cuanto a la "pesadez" del arte en detrimento de la "levedad" de los periódicos, y especialmente, en la velocidad de lectura. Dada su frescura (el olor de la tinta recién impresa), su inmediatez, su aura entre libertina y libertaria de la expresión, los diarios a principio de siglo compartían símiles características con los blogs hoy: la forma indisciplinada de la escritura (¿y que me dicen de esa incómoda amonestación de Musil en cuanto a que esta forma no es arte, ni debe serlo; y que algunos bloggers comparten, presienten o sospechan con respecto al blog?)

Sin embargo, no es dificíl concordar que hoy el periódico se disciplinó, se reguló aunque enmascarado en su proclamada independencia y autonomía, y su ansia transparente de registrar lo real, lo diario o la primicia (lo que acaba de ocurrir.)

¿No cabría esperar que, en el futuro, el blog termine por ser "disciplinado", y una nueva forma deba comenzar a medrar en procura de la autenticidad y la inmediatez?


[Tagebücher: qué bella palabra alemana. Arrastra en su estela, y en primer instancia, los tagebüchers de Kafka, luego los notebooks de Henry James, los incómodos diarios de escritores.]

sábado, diciembre 31

Vitreaux

Es del todo inútil esta contemplación.
Arrojar al viento los pecios de mi naufragio. Mi continuo e invisible naufragar. Aquí, escribiendo casi sin meditaciones que se armen de una coraza de sentido; aquí, entre el arrullo del viento en las campanas del estío; aquí, en el parque del fondo de casa, deambulantes Dasha y Chungui, hociqueando la promesa de la pólvora, la irrupción futura de una cadena de minúsculas estrellas: rojos artificios flameantes. La parra de vides serenas, los pinos balanceándose como espigas frondosas; mi familia, las prisas y preparaciones de una cena de fin de año.
El Fin.
El Año.
¿Es que las palabras son copas vacías, tintineantes con sed de vino de sentido? O emborracharse con su crueldad borravino, o destrozar la cristalería vacía. Los astros esta noche, querrán contarnos sus silenciosos villancicos. ¿Estaré atento? ¿Estaré sediento, y mi cuerpo tendido como una antena? ¿O descoyunturado, a fuerza de intentar escuchar la cajita de música del año? A punto de quebrarse, como un rito vencido.
El Fin.
La Ceremonia.
El juego desarticula la memoria la literatura acaso aspira a decir lo que en un cuerpo vaciado se espera encontrar. El suspiro del alma. La ceremonia del adiós (un año más baja como las horas, spinetta y bach), concierta las miradas y también las desvía de ese punto oscuro donde aguarda el morir, la agonía.
Llenar la casa de música estridente, apagar las luces del canto de las estrellas: las sirenas.
Quisiera hablar de los personajes que atirantan de mí; quiero poblarme del decir de los otros; quiero entibiarme bajo las miradas en flor; quiero el zumbar de las oraciones, el corrosivo dominio del beber de la fuente herbosa. Sentir, como el navegante pánico, la tirantez de las fuerzas que trazan las tormentas. Ser puro animal, salvaje, dominador del dolor. Saltar en espasmódicos saltos los tejados, oler las profundidades del sentido, bucear el sin sentido y volver indemne de mis combates con Dios. Y en un lapso, tan breve como el suspiro, escribir los años, la gente, los amores como un faro girandulamentebrillar.
Todo se multiplica, se apila como cubiertos y porcelana sucia para lavar. ¿Lavar qué? ¿Lavar cómo?
Un pétalo rosado sobre la tapa de mi cuaderno marrón, más allá mi padre sentado, tal vez disimulando un temor ante el hijo meditabundo, melancólico y pelotudo (esto lo digo yo.) Como rayos esbozados, enlazar los objetos y los actuantes; tejer una línea histórica y ofrecerla a la devoción de la épica. Luego viene las horas y las corta con tijeras herrumbradas.
Hay algo cierto (al menos en este tiempo), el dolor hay que disolverlo en el agua. Hay dolor en los movimientos más minúsculos (el agitarse de los cabellos, la serenidad y transparencia que crece a nuestro alrededor.)
Papá no puede mantenerse en la quietud de la contemplación. Ya siente que el dolor lo paraliza (también, maldito, se instaura en la inmovilidad), se levanta como en un espasmo, toma una escalera y se prepara a reparar el farol del patio. Pretende la luz expandirse en su vacío, su promesa de alejar la materia obscura que crece en derredor. La familia debe mantenerse dentro de la calidez de la luz. Y afuera, la noche, las promesas y temores convidados, las estrellas palpitando entre inmensidades de tenebro negror.
Lentamente, la noche última del año se va apagando; los perfiles de las cosas se van diseminando en esta materia fluídica de la invisibilidad. Creo, por un momento, diluir mis pensamientos y pesares en su insubstancialidad. El farol promete prenderse, como el germen de una voz amorosa.
El Farol.
La luz.
El fin.
La contemplación que se apaga, la materia oscura ahogando el farol, la luz pringosa queriendo existir las cosas, las copas tintineantes, los fuegos de artificio como manotazos de ahogado, la luz extinta, el vino tinto, el tintinear de los cristales, la fragilidad, la transparencia, la invisibilidad, la no-contemplación, el pensamiento oculto bisbiseando, la escalera que se estira al farol, la luz, la luz, la oscuridad entorno, la oscuridad; el fin es mi principio; mi principio es el fin.
Las fiestas (sus fragmentos) se prendieron en la oscuridad.
Esperar un nuevo año, subir los peldaños y encender el farol (para que entre tanta oscuridad, “alguien” nos vea y se nos acerque, convidado de vidrio, chinchín y el sol.)

martes, diciembre 27

Dos reflexiones dispersivas sobre los Efectos del Cine

1.
¿Existe una estética del video clip?
Supongo que primero habría que hacer una ajustada definición de qué se entiende por "video-clip". Diría que se comporta como una unidad mínima mass-mediática que agrupa en forma indisoluble música (ritmo) e imagen. Aún cuando la imagen narre una historia, está se verá fragmentada (reducida metonímicamente) merced al ritmo. Imágenes lánguidas y largas en ritmos bolerísticos; imágenes relampagueantes y dinámicas en ritmos rockeros. Obviamente, que el "video-clip" (y aquí sí podrías hablar de una "estética") influyó especialmente en el cine, pero principalmente en la propaganda (ya no es el jingle pegadizo que venía de la radio sin disolverse con la imagen, puesto que debe constituir parte del video y no ser necesariamente una "marca" cantada como lo era el jingle. Recuerdo esa propaganda hecha con trozos de canciones de rock nacional que salió hace un buen tiempo, en la cual cada personaje cantaba la letra según lo que quería decir.)

En el cine, basta con pensar en la famosa escena de "Titanic"; en las escenas dinámicas de "Matrix" (una buena pelea sólo puede darse con la música: especialmente cuando quedan suspendidos en el aire en medio de un salto, la música se arrastra, hasta que vuelve a ponerse en movimiento.) Hay que pensar que muchos de los nuevos cineastas comenzaron haciendo videos, y luego pasaron a formatos más amplios, pero llevaron en ellos una dinámica del video que terminó por modificar la estética del cine.

2.
El remake de King Kong no es más que la reactualización tecnológica de los efectos cinematográficos. El problema no es cómo se vuelve a contar una historia antigua, sino, cómo volver a maravillar nuestro sentido de la verosimilitud visual. Viendo la película anterior, con Jessica Lange, el mono parece el amigo dunga-dunga del Temerario (o el muñeco articulado Joe, creo que así se llamaba, de su versión posterior.) Y si nos remontamos a la película original: ese conjunto de pelusas negras sobre una torre de juguete, manoteando como un robot descompuesto los biplanos que lo circunvuelan tensados de sus piolines invisibles; el efecto de extrañeza visual, la incomodidad al borde de la risa, terminan por eclipsar el argumento de la historia misma.

Entonces, sobre una línea de tiempo, puedo establecer tres puntos de reactualización tecnológica, para que la historia funcione. Tres coordenadas en el tiempo que definen y mejoran nuestra forma de percibir una representación para que ésta se vea imbuida de cierta realidad sorprendente. De la misma manera, que ciertas culturas indígenas no captaban un dibujo en perspectiva sino como la trama "abstracta" y geométrica de un tapiz (no ven la escalera.), la película anterior se vuelve obsoleta, menos "civilizada."

Es curioso también, ver cómo esa historia antigua de lo monstruoso y salvaje irrumpiendo en la ciudad, deriva a través de las formas y los efectos: por un lado la serie de los Kong, por otro el de los Tiranosaurius (los King y los Rex.) En la primera serie estarían las dos primeras versiones comentadas; en la segunda: "El Mundo Perdido", "Jurasik Park" y "Godzilla". Sin embargo, en la última película de King Kong, ambas series se cruzan: dinosaurios y gorilas gigantes. Siempre la apuesta debe ser más alta que la anterior (dado que la historia está impresa como un logo kitch en nuestro imaginario visual), y los nuevos paradigmas científicos deben estar representados argumentalmente en ellas para sustentar el efecto hiperrealista de la verosimilitud cinematográfica.

sábado, diciembre 17

A los posibles sorprendidos

Por fin cambié el template de "Dural".

Es posible que siga haciendo algunas modificaciones. La más importante es la carátula, cuyo diseño gráfico pertenece a mi hermana menor. Como verán, aúna dos aspectos de mi universo mental: la ingeniería aeronáutica y las letras. En el márgen izquierdo, asoma lo que creo es un beechcraft: avión sobre el que trabajé en el taller del secundario. En el derecho, aparece sesgado un manuscrito que no es el mío, pero que bien podría ser el de ustedes. Dural es la abreviatura comercial del Duraluminio, un aleación que ha sido muy utilizada en los aviones por su buena relación peso/resistencia.

Por otro lado, reemplacé en mi Perfil el nickname completo por mi nombre (¿verdadero?) Aún así, seguiré firmando como "acteon", ya que sigue siendo un concepto y un vector de fuerza identificatorio en el medio electrónico. Como verán, mi nombre real y el virtual siguen siendo el de un anónimo, lejos de la academia y de los mass media.

A pesar de las posibles confusiones y divergencias, hay una huella en la escritura que difícilmente cambia, por más facilidades que tengamos en el arte de la falsificación o la impostación, y creo que la mía fluctua con su fosforescencia habitual.

Cualquier queja que tengan al respecto, será debidamente recibida y atendida en la administración correspondiente.-

Muchas gracias.-

viernes, diciembre 16

J. Rulfo refuta el profético anuncio de R. Ferro

Roberto Ferro, el derridiano crítico de la literatura latinoamericana, había lanzado ya hace una año atrás, su profecía académica: "MONOGATARI será el próximo premio Juan Rulfo para Cuento."
Hoy, la publicación de los resultados en la página de la entidad que lo organiza a través de Radio Francia Internacional, muestra esa clara refutación.
Después de todo, entre 5946 cuentos armados de dientes, garras y picas, imagino a mi pequeño cuento inmerso en una atmósfera asfixiante de selección darwiniana, donde las marcas proféticas (su triple 6 esperanzado) no le han servido más que para cruzar el mar.
Bueno, otra vez será. . .
y otra, y otra, y otra. . .

[Pienso que tal vez marquetiniando con las derrotas, exhorcise los demonios de la mudez y la ilegibilidad. ¿Por qué cada tanto, uno vuelve a caer en las fuerzas extrañas, en el pensamiento mágico? Ya pasé por dos cenas de fin de año, y mi número no sacó el DVD, o la TV de pantalla plana, o siquiera, el ventilador de mesa o la batidora manual(?) Encima me sacaron plata para el Gordo de Navidad, midiosmi!]

sábado, diciembre 10

Coda a "Escribir en el sueño"

La imposibilidad de transcribir o contar un sueño, es la espantosa necesidad de adecuarlo a un lenguaje; y aún cuando pueda existir un hilo conductor, una trama fina que los hilvane con presteza, basta la presencia de un "objeto indecible" sobre una repisa de un cuarto del sueño, para que se desvanezca esa precisión; basta la interacción entre el sujeto y ese objeto, para sumirnos en la más penosa insatisfacción: la deseada le arrebata el rostro de un indecible; un gesto imposible de ver, que nos devuelve al velar de un hecho impronunciable que "nunca" acontecerá de este lado: del de la vigilia.

domingo, diciembre 4

Un domingo en Kapput

Ayer, sábado por la mañana, escribí un post para Kapput dominical, luego de haber recibido su amable invitación.El centro de gravedad del texto, además de la pregunta heráldica que lo dispara, es un sueño extraño y muy preciso que tuve hace mucho tiempo. Mi post, comienza así:

A medida que se acerca el fin de año, tendemos a hacernos ciertos replanteos: inquietudes que como sueños persistentes, asumen la forma simple y antigua de una pregunta. Y esta pregunta la he visto surgir en varios lugares y tiempos de la red, fantasmática y siempre apartada como una molestia visual y nocturna. “¿Para qué escribir?”

Una de esas tantas preguntas antiguas, un arcano, como esos bellos escudos heráldicos que aúnan en una familia maldita: los nombres de Benjamin, Barthes, Blanchot (triple B perspectivada), los péndulos de Foucault, los escapismos de Rimbaud, los lectores negados de Massei. Y por supuesto, nuestros nombres anónimos también: el de los acicateados por las palabras y las imágenes mentales. Para el lector, será sólo el dulce bamboleo del medio de transporte meciéndose en su libro, o la serena lectura bajo la sombra de aquel árbol. Pero para quien escribe, hay un salto de Zenón entre palabra y palabra.


Y continúa en el polifónico Kapput.it, haciendo un click en: Escribir en el sueño (y otras inestabilidades)

lunes, noviembre 28

Canto de cuna

Quería dormir el pequeño Miguel (8 años)
cubierto en su cama tibieza
(el sabor de la cena, el fruto que sueña)
gatos pretenden suspiros, y una luna gibosa
(otro lugar donde dormir es oculto)
ya cantan los grillos y un tren en cercano rumor
el ojo profundo que hiere la noche.
El Lobo acecha en los ruidos
"¡y todos dormidos!"
una isla, un náufrago, una historia
que vale lo que una moneda
en el fondo en el medio del Mal.

martes, noviembre 22

Lolita en backstage

1.
Humbert Humbert observa “inundado por una asimilación casi convulsiva y penosa de belleza”, a su amada nínfula, Dolores Haze, jugando al tenis con una amiga, quien sin tanto estilo armónico, le ganaba inevitablemente. Pero el tenis de Lo, “su tenis era el punto más alto a que podía llevar una criatura el arte de fingir, aunque me atrevería a decir que para ella era geometría misma de la realidad esencial”
“Pude haberla filmado”, se lamenta H.H., pensando que aquella imagen tan volátil de la geometría sin efecto podría llevarse en forma portátil al igual que un relicario. Y merced a las capacidades técnicas del Cine, rotar, retardar paso a paso, acelerar, tomar detalle a detalle toda la evolución de ese cuerpo en movimiento. La imagen se hace múltiple, asediada por el ataque de un ojo armado y movedizo, que se distancia e invisibiliza (voyeaur) tras una manipulación de máquinas y técnicas: el zoom, el montaje, las traslaciones, el retardador, la iluminación artificial. Cabría esperar, por consiguiente, una estrategia, “un arte de fingir”, que mantenga la forma intacta ante cada intrusión. Se hace film sobre ese anillo que guarda respetuosa distancia de su escena.

Ahora bien, Lolita describía todos los movimientos de una verdadera campeona, pero todos sus efectos carecían de “desvío”, de “efectividad”; como los actores de una película de acción que, tras saltar por una ventana, caen más allá del foco de la cámara sobre una colchoneta. Por ello, el deseo de H.H., necesita un enfoque que recorte aquellas porciones del espacio de la cancha de tennis, donde la pelotita evita un ice. Más adelante, H.H. fantasea como quien proyecta un film paralelo y mental, a Dolores Haze campeona profesional; pero no puede evitar, finalmente, imaginarla “actuando como joven campeona en una película”. Entonces, el anillo se ajusta como un lazo corredizo hasta lograr la máxima tensión del fingimiento. Ella “prefería representar a nadar, y nadar a jugar al tenis”: juego dentro del juego, doblez ambiguo donde el oponente juega al tenis, y Lo a actuar el juego.

2.
Inocentemente, Lolita en su tenis, revela su arma más potente descubriendo, a su vez, su lado más débil. “La representación”, la dominación de la actitud, su fuerza de sustentación de simulacro es su lado armado. Su debilidad se muestra en la porción más allá del encantamiento, donde los efectos son nulos o estériles, y donde se evidencia su naturaleza de simulación. La perfecta estrategia defensiva al ojo armado, puede ser también la perfecta estrategia ofensiva del actor. Para ello se necesita que el deseo del otro recorte el tenso espacio de la simulación, y desatienda el flanco donde se señala a sí mismo como ilusorio.
Se necesita un poder de encantamiento que no desvíe la atención del cazador encantado. Con una mano atraigo su atención: “¡mira que linda manito!”, con la otra le clavo un puñal por la espalda. Por sus requisitos, la estrategia esbozada, es de naturaleza dual: una brazo que se llena de intencionada visibilidad, y otro que se invisibiliza sostenidamente hasta el chicotazo. Unidos en un punto al que se acercan infinitesimalmente parte a parte, pero tensos a la espera de una descarga.

3.
Andreas Huyssen, en su artículo “Guía del Posmodernismo”, caracterizaba al éxito de la literatura del penúltimo cuarto del siglo gracias a “la mezcla experimental de la cultura de masas y el modernismo”. Si tenemos en cuenta que el Cine, como lo describe Walter Benjamin, ha permitido gracias a sus condiciones de reproductibilidad técnica, una participación masiva de la obra de arte, también ha metamorfoseado su naturaleza. Ya que ésta, ha tomado la dinamicidad que las técnicas cinematográficas han desarrollado, configurando también una nueva actitud lectora. La forma en que se despliegan, en la obra de Nabokov, visualmente sus historias (sus "escenas", diría él mismo, como lo hace en mucho de los prólogos de sus libros), lleva las articulaciones de una cámara; es decir que una nueva sensibilidad ha permitido el desarrollo de una movilidad que se hallaba en forma latente y larbaria (de la misma manera que dentro del “arrastrarse” de la oruga, duerme el “volar” de la mariposa.) Tanto es así, que se representa dentro de las mismas obras las operaciones propias de la filmación, del cine: un backstage ambiguo. En la obra de Nabokov aparecen las películas de las cuales se sienten partícipes sus obsesivos héroes, las estrellitas de cine, los extras, la calidad fílmica de las descripciones. Esta forma en que la percepción se acerca a su objeto de estudio también deforma el objeto dejando la huella de su trayectoria. Pienso en aquella vez que, siendo niño, al despertarme de un sueño febril caí en la cuenta que era mi primer sueño en colores; seguramente, al contraponer sus imágenes oníricas a las que veía en mi televisor blanco y negro de entonces. Una súbita posición reflexiva, descubría la forma de la percepción de los sueños con las características fílmicas del medio televisivo.

domingo, noviembre 20

Dos visiones del Volcán Villarica

Aproximándonos a la base



El cráter (utilizando una mascarilla antigas)



[Fotos que remiten al post anterior]

miércoles, noviembre 16

Pearl Jam, entropía y acordes menores

Llegué muy cansado a casa.

Pusé Pearl Jam y ahí está sonando toda su eléctrica dimensión de acordes menores, circular como un fuego entorno a mi pc. Tal vez por la proximidad de mi cumpleaños, estas semanas se me hacen cuesta arriba. Recuerdo cómo, años atrás, resbalé en la nieve cuando ascendía el volcán Villarica. Mi cansancio era tal que, al caer, ví con poca alarma cómo me deslizaba por la nieve, cómo clavaba mi pico de la manera incorrecta para perderlo y seguir deslizándome, y cómo finalmente, recordando las lecciones del instructor de unas horas antes, arqueé el cuerpo para clavarme con las uñas profundamente en la nieve y detenerme al fin. Miré al grupo metros arriba que, desde el sendero zigzagueante, me observaba con sorpresa (dos canadienses, un australiano, dos suizos, el instructor chileno y mi novia que iba de lo más campante), y tuve ganas de llorar del cansancio y de la bronca del orgullo que tironeaba ingrávido pero con poca fuerza.

Cansancio de Tántalo, de los grandes esfuerzos inútiles o de los resultados nimios. Cada vez menos energía, y cada vez más necesitados de la inteligencia para no desperdiciarla y administrarla con eficacia. Por eso, tal vez, Pearl Jam, Stone Temple Pilots o Nirvana: pilas de oscuros relámpagos energéticos. Cocinar también, me serena y me ocupa: picar la cebolla y el ají con mi cuchilla de acerado brillo. Una compañera del laburo me soñó matando a "todos" con un revólver. Extraño, pensaba ella, cómo podía ser que un pibe tan buen compañero y tan centrado estuviese bajando tipos con esa gran satisfacción pintada en su cara. "Le tendría que haber jugado al 47", me dijo sonriendo como una tía buena.

Ahora, yo me pregunto (mientras pongo Nevermind), si cuando soñamos que muere alguien conocido, se dice que le agregamos años de vida, ¿qué pasa cuando nos sueña otro, matando a muchos, como un asesino serial? Ahí, ya no sé si gano o pierdo años de mi propia vida. Misterioso balance energético que no podemos medir con exactitud y precognitiva antelación. Tal vez mi energía imaginaria (esa que sensatamente busca descargarse en pararrayos como las novelas, la escucha de música con acordes menores o la cocina que se jacta de su filo), sea tanta, que haya terminado por desbordarse y esté descargando en sueños ajenos.

Creo que mejor voy a poner "Amnesiac", de Radiohead. . .
Play.

sábado, noviembre 12

Fragmento ficcional a punto de borrarse

Contemplé a dos nenes construyendo ensimismados un castillo de arena. ¿La patria es la infancia, como dicen? Recuerdo, que en una ciudad de verano tan pequeña como está, tenía mi barrita de amigos con quienes jugar a la pelota, y corríamos al mar como un solo grito para sentir que lo revolvíamos con nuestras cabriolas y barrenadas. Miramar no está emplazada sobre las dunas y entre pinares como Villa Gesell, sino que es más parecida a un damero junto al mar, y por ella me desplazaba en bicicleta como si fuese mi imperio. Recuerdo que a los quince años era esmirriado y tímido, y me había enamorado perdidamente de la prima de Luis, mi mejor amigo de entonces. Seguíamos integrando la vieja barra de amigos en Miramar, pero la adolescencia nos había suministrado diferentes armas a cada uno. A mí me había dado la poesía, a Luis el rock, y a Carlos “el Sarna”, la prepotencia. Claudia era como un sueño imposible: deliciosa, sonrosada y voluptuosa en su malla enteriza. Cada vez que estaba cerca de ella, su aroma me embriagaba, su mirada distante y altiva a veces captaba mis torpes emisiones de amor enmudecido. Ella apenas hablaba, y cada vez que lo hacía, solo eran breves frases mimetizándose en su risa juvenil. Nadaba como una diosa, mar adentro, lejos de mi límite natatorio. Una vez, contemplando el mar como ahora (y eran muchas las veces), pensé que sobre las olas todos éramos extranjeros. Siendo fluido en movimiento, y como diría Heráclito (yo todavía no lo había leído), no nos bañábamos dos veces en el mismo mar. Imaginé un pueblo que se trasladara como un nenúfar sobre la superficie del océano, su épica y su historia, y su neréidica heroína: Claudia. Escribí enfebrecido un largo canto con esa imagen y se la ofrecí a ella, temblando de emoción. Al otro día, vi mi poema en manos de el Sarna, con Claudia junta a él festejando sus chistes, mientras el hijo de puta, sin dejar de rascarse, transformaba todos mis versos en palabras obscenas, con la artística inclusión de dibujos pornográficos en sus márgenes. Ahí supe que la literatura no era lo mejor para conquistar chicas, y cambie mis estrategias. No faltará quien diga que mi historia explica mi actitud para con las mujeres; y tampoco faltara quien sugiera, que Carlos “el Sarna” al igual que Claudia, tal vez fueran de familia adinerada, explicando así mi elección por la izquierda. Como pude comprobar años más tarde, Pablo, mi amigo de la facultad, seducía y conquistaba con su elocuencia y su literatura, de una manera efectiva y profunda. Y además, el Sarna no dejó de ser otro muchacho más de padres sacrificados y de clase media en lenta disolución, un futuro empleado para empresas de servicio privatizadas. Lo lamentable es que la vida moderna, con su alienante velocidad consumista, nos condicione a una mentalidad prefabricada. Y pienso que esto, nos impide acercarnos cada vez más, al secreto de la existencia por cada minuto que avanzamos en el futuro.

martes, noviembre 8

Credulidad

A pesar de que tenía mis justifiables dudas, aún cuando al minuto final de entregar la urna sellada y demás planillas ensobradas al pibe del Correo, éste me entregó un papelito con una dirección y un día específico según mi DNI, ayer finalmente cobré 50 manguitos por haberme desempeñado como autoridad de mesa en las últimas elecciones.

Un especial saludo a los fiscales, y a ese "ciudadano" cuyo sobre contenía un objeto de latex que podía percibirse sin abrirlo por su húmeda huella anillada en el papel (tengo que aclarar que, siendo suficiente evidencia para mí para darlo por nulo, se lo dí con dos dedos al fiscal general para que lo abriera él si quería.)

Gaudeamus

lunes, noviembre 7

"El Cielo Protector" de Bowles en tres capas

21 de Enero de 2002
"1.- Te cuento que estoy leyendo el libro que me recomendaste y me esta gustando. Te hago una preguntita: Kit (la chica) y Port son novios, pareja o algo así porque no me queda muy claro.

Realmente, parece ser una relación muy rara, ¿no?

Lo cierto es que la novela no lo dice, pero creo que es una relación muy semejante a la que tenía el autor con su esposa: compañeros, esposos inseparables, pero con camas separadas. Más bien, Port parece un hombre cada vez más distante, en pos de un espejismo que no sabe o no sabemos precisar. En cambio, Kit, siempre presa de signos adversos y premonitorios, no se atreve a dar un paso en falso, más prendida de los hechos físicos que de los espirituales. Ciertamente, es una relación antigua y ambigua, con un pibe-gancho (Turner) que media entre los dos, como si no los molestase (¿o sí?) Él con la vista más allá y Ella con la vista más acá: conforman un juego de afectos y rechazos que bien se puede asemejar a una nebulosa. Esa es una de la razones que atraen de la literatura, la dificultad de precisar una figura ¿Esto que está pasando, es balet, es juego, es vida?

Hay que seguir internándose en ese espejismo . . .



08 de Febrero de 2002
"2.- Cómo puede ser???? Port se murió así nomás, de golpe. Para qué lo hicieron agonizar si no iba a sobrevivir????
El autor es un cretino; Kit, no tiene alma, y Turner es un inservible.


La muerte de Port, parece quebrar la orientación de la novela. ¿Porque esa agonía tan prolongada, tan cargada de ausencia y progresiva lejanía? Si uno piensa que Port, en su continua búsqueda a ciegas de algo indefinible que le urge en su interior (como el reloj despertador de mi mesita de luz, que ante el avance nocturno de sus manecillas, no sabe pero se precipita hacia la marca que lo haga sonar a las 6:00 AM), no puede dejar de avanzar, es claro que cuando lo postra la enfermedad, su delirio en la agonía debe seguir abriendo espacio, hachando maleza. Y la búsqueda debe ser a su forma, esforzada y peligrosa, como el capitán de una frágil embarcación que, decidido, embate las olas monstruosas. Port no es turista; esto es lo que siempre quiere afirmarse en él. Si fuese turista, a la primera incomodidad, respondería que no compra, que es caro. En esa zona limítrofe con la muerte, su delirio reproduce un espacio infernal en el que se debate, y piensa que avanza cuando en lo real, postrado, Kit lo mira debatirse impotente. Ese cielo protector, que encerraba todo su incesante deambular en busca de algo que le urge encontrar dentro, con su último suspiro, se abre (cáscara de huevo) y en su desprotección, ese "algo" parece darle bienvenida desde afuera (¡ojo, no es una aproximación mística o religiosa! Ese algo no está definido, y no se sabe si es bueno o si es malo.)

Y ahora, Kit empieza a escapar sin destino definido. Parece cegada por un espejismo que puede ser el mismo que Port, pero asumiendo otra forma, otro envite.



15 de Febrero de 2002
"3.- La última parte (El Cielo) me reconcilió con Kit, y fue la parte que más me gustó del libro. Creo que es una profunda fantasía de cualquier persona liberarse de su mente y actuar casi por instinto.
El libro me gusto mucho, te agradezco tu recomendación. Sin embargo la última página, es más, el último párrafo me dejó un poco desconcertada, es decir, no entendí nada: ¿Kit se volvió a escapar o es qué todo ese viaje pasó únicamente en su mente?


Kit, se escapa de nuevo. Es una eterna fugitiva, tras el espejismo que le tiende el instinto. No podía ser de otra forma; y para mí, es el final perfecto de la novela. Es tal vez confuso, porque el lector, después de tanto derivar por paisajes acompañando, primero a Port y luego a Kit; en la última línea, la pierde a ella de vista entre la multitud, y queda uno frente a ese cerco que es el punto final de la novela.

Hace años yo hubiera ido tras de Kit, porque es para mí un espejismo enigmático, aún sabiendo que al no ser mía, sino de quien se atravesase en su sonambúlico camino, sufriría constantemente. Si recordás, te dije que antes se lo recomendé a una chica. Esa chica fue mí Kit, años antes de que se lo recomendara. Si había un mensaje en ello, yo no lo sabía, pero había tal vez una intención de comunicar algo que la realidad nos había dado para el resto de nuestras vidas. Y si en su "me gusto" hubo una contestación a eso que quería decirle, tampoco sabría precisarlo. Es un frágil espejismo, un cuento que como una coda, traslada la novela consigo.