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domingo, enero 17

Breviario de Amotinados 15

El Caballero tuvo una sensación extraña al mirar el lago. Le parecía que si le echaba una piedra iba a hablar, decir algo, revelar un secreto.
"Pero me daría miedo". Y comenzó a imaginar qué habría del otro lado: ¿más jardines, otrosdioses? Mil lánguidas fantasías desfilaron por su mente. El lago adoptaba formas fantásticas, crecía veinte veces de tamaño, se reducía a una miniatura, sin perder nunca su calma mortal. Al crecer el agua el Caballero sentía mucho temor, pues se imaginaba el tamaño inmenso de las ranas, sus grandes ojos y sus monstruosas patas. Pero al decrecer el agua se reía pensando qué diminutas se habrían puesto; imaginaba sus patas, más finas que si fueran arañas, y su croar disminuido que ya nó podría oirse. Quizá nu fuera más que un lago pintado, como los del teatro. Era un lago maravilloso, y le habría gustado bañarse en él. Pero estaba seguro de que se hubiera ahogado.
Aubrey Beardsley, Bajo el Monte

sábado, julio 14

Breviario de Amotinados 14

Sabes que hay toda clase de geniecitos maravillosos. Recuerdo, por ejemplo, que cuando yo era niña había unos objetos llamados “nonnons” que eran muy populares, y no sólo entre los niños, sino también entre los adultos, y, sabes, con ellos venía un espejo especial, no simplemente combado sino completamente distorsionado. No se sacaba nada limpio al mirarlo, era todo confusión, y sin embargo su forma no había sido deformada al azar, sino calculada de manera tal que. . . o, mejor aún, para combinar con su deformación, ellos habían. . . no, espera, me explico mal. Mira, uno tenía uno de esos espejos locos y toda una colección de distintos “nonnons”, objetos totalmente absurdos, sin forma, abigarrados, llenos de agujeritos y nudos, pero el espejo, que distorsionaba completamente los objetos ordinarios, ahora conseguía resultados maravillosos, es decir, que cuando colocabas uno de estos objetos incomprensibles y monstruosos de modo que se reflejara en el incomprensible y monstruoso espejo, ocurría algo maravilloso: menos por menos era igual a más, todo era restaurado, todo estaba bien, y la informe mancha se transformaba en el espejo en una imagen maravillosa y concreta: flores, un barco, una persona, un paisaje. Uno podía hacerse preparar su propio retrato así, te entregaban algo que parecía una pesadilla y aquello eras tú, pero la clave para revelarlo la tenía el espejo. Oh, recuerdo cuan divertido era, pero también asustaba un poco –¿que pasaba si de pronto no aparecía nada en el espejo?- tomar un nuevo e incomprensible “nonnon”, y acercarlo al espejo y ver la propia mano hacerse pedazos al mismo tiempo que el “nonnon” se transformaba en una nueva figura, tan, tan clara. . .
Vladimir Nabokov, Invitado a una Decapitación

martes, junio 5

Brevario de amotinados 13

Mi bisabuela se llamaba Renata, igual que yo. Mi bisabuelo viajaba y la dejaba mucho tiempo sola. Era una mujer bellísima. Se enamoró de un sobrino, quince años menor que ella. Pero él la rechazó. Entonces lo mató y lo enterró acá, junto al muro. A la semana, notó que, en este lugar, había nacido un rosal. Tomó una tijera y lo cortó. El rosal volvío a crecer. Lo cortó. Y así muchas veces. Hasta que un día, mientras trataba de arrancarlo, se pinchó un dedo con una espina y quedó embarazada. Cuando dio a luz, vio que el chico era el sobrino al que había asesinado. Pensó matarlo otra vez, pero finalmente decidió criarlo. El chico no paraba nunca de mamar, jamás estaba satisfecho. Acabó con su leche y comenzó a chuparle la sangre. Mi abuela se fue debilitando y, al tiempo, murió.

Antonio Dal Masetto, Primer Amor

Un hallazgo de V.

martes, mayo 1

Brevario de amotinados 12

Esa vez que la serpiente me mordió, viví una semana en un lugar terrible donde todo reptaba, las paredes y los pisos, todo. Pero eso no era más que una estupidez lisa y llana. Y, sin embargo, era una cosa peculiar, porque el verano anterior fui con tío August (él les tiene tanto miedo a las muchachas que no las mira; dice que yo no soy una muchacha. Adoro a mi tío August; somos como hermanos). . . fuimos al río Perla. . . y un día estabamos remando en ese lugar oscuro y llegamos a una isla de serpientes. Era verdaderamente pequeña: apenas un árbol, pero estaba repleta de culebras venenosas. Hasta colgaban de las ramas del árbol. Te digo que era escalofriante. Y cuando la gente habla de sueños convertidos en realidad, sé a qué se refieren.
Truman Capote, Otras voces, otros ámbitos

viernes, febrero 23

Brevario de amotinados 11

Demasiado conocido es el caso de aquel pobre alemán enamorado del número tres, quién reducía todos los aspectos de su vida a una cuestión de tríadas. Una noche volvió a su casa, se sirvió tres tazas de café, puso tres cucharadas de azúcar en cada una de ellas, se cortó tres veces la yugular con una navaja de afeitar y con mano agonizante garabateó en la fotografía de su mujer: "¡Adiós, adiós, adiós!".

Flann O´Brien, Nadar a dos pájaros

Un hallazgo de Sergio Pitol


[Info sobre brevario de amotinados]

martes, julio 11

Brevario de amotinados 10

La conversación se estaba volviendo espesa. Liberados de la pesantez, los jinetes deben ser parcos. Las sillas de montar no permiten disquisiciones de alto vuelo. Salvo en corceles como los míos, alimentados con el piensotrébol y la alfalfa aeromóvil que cultivo en mis chacras experimentales. Sobre todo, el moro y el cebruno, los más comilones, en que íbamos montados Belgrano y yo. Una noche de pastar este forraje los provee, durante la digestión, de gas volátil suficiente para un vuelo de varias horas. Aristóteles logró animales de aire. El Vinci fabricó artefactos voladores, robando a las aves el secreto de propulsión y planeamiento de sus alas. Julio César daba de comer a sus caballos algas marinas infundiéndoles neptúnico vigor. Yo, basado en el principio de que el calor no es otra cosa que una substancia levitante más sutil que el humo, fuente de energía de la materia, hice algo mejor que el estagirita y el florentino: En lugar de fabricar aparatos mecánicos y aerodinámicos, logré cultivar pasturas térmicas. Pienso mágicamente útil. Usinas de fuerzas naturales de incalculables posibilidades en el perfeccionamiento de los animales y el progreso de la genética humana. Construcción de la super raza por medio de la nutrición. Alfa y omega de los seres vivos. He aquí Eldorado de nuestra pobre condición real. ¿No cree usted, general, que el plankton almacenado en los océanos podría solucionarnos la cosa? ¡Viveros inagotables de energía! Yo no conozco el mar, pero sé que es posible. Ustedes se hallan a sus bordes y deberían iniciar los experimentos. En secreto, pues de no hacerlo así podrían desencadenar la guerra de los ganaderos y matarifes, la avisordidez todavía más inagotable de los mercaderes portuarios.
Íbamos ya cabalgando entre las nubes en nuestros caballos mongolfieros. El mapa bermellón de la ciudad parecía aún más bermejo desde lo alto. El verde de los bosques más verdes. Las palmeras más empenachadas y esbeltas, enanas, enanísimas. Las sombras de las hondonadas, más obscuras. Fuego líquido derramaba la caída del sol sobre la bahía, sobre el caserío apiñado en las lomadas. ¡Oh qué bello paisaje!, exclamó Belgrano aspirando aire a todo pulmón. Remontó un poco sobre su silla. ¿Dónde anda Echevarría? No pude disimular mi sonrisa de satisfacción. Veía al entrometido secretario cabalgando entre las zanjas excavadas por los raudales y las inundaciones. ¡Véalo allá, general! ¡En lo más bajo del Bajo! ¡Qué mala suerte la de don Vicente Anastasio!, se condolió. ¡Perderse este espectáculo! Mala suerte en verdad, general. Su secretario va montado en el rocín de Fulgencio Yegros, apto únicamente para los juegos de sortija y las cuadreras.
Hagamos descender ya, dijo Belgrano, a nuestros bucéfalos aerostáticos. ¿Cómo se hace? ¿Se los pincha en alguna parte? ¿Tienen alguna válvula de escape? No, general. Todo sucede naturalmente. No se aterre usted. Son seres térmicos. Cuando se les acaba el gas, los caballos atierran. Todo sucede muy naturalmente. Las luces del ocaso son incomparables en esta estación del año. Contémplelas usted, general.
Libre por esta vez.


Yo, el Supremo- Augusto Roa Bastos

jueves, junio 22

Brevario de amotinados 9

El gato de la casa tenía cara de bagre.
Se lo decían, le hacían la broma de que lo iban a meter en una pecera.
Él acogió la ocurrencia con una vanidad exagerada. Y se puso a presumir de bagre.
Otro gato se lo comió.

Cuentos Claros, Antonio Di Benedetto

miércoles, mayo 31

Brevario de amotinados 8

Insólito procedimiento judicial. El condenado es ultimado en su celda por el verdugo, sin que se admita la presencia de otras personas. Está sentado junto a la mesa, y termina su carta o su último almuerzo. Golpean, es el verdugo.

—¿Estás preparado? —pregunta éste.

El texto y el orden de sus preguntas y sus órdenes están previamente prescriptos; no puede apartarse de ellos. El condenado, que en el primer momento se levantó de un salto, vuelve a sentarse, se queda con la mirada fija en el vacío o se cubre la cara con las manos. Como el verdugo no recibe respuesta, abre sobre la tarima su valijita de instrumentos, elige los puñales y hasta da un último retoque a sus diversos filos. Ya ha oscurecido mucho; coloca sobre la cama una pequeña linterna portátil y enciende la luz. El condenado vuelve furtivamente la cabeza hacia el verdugo, peor cuando ve lo que está haciendo se estremece, desvía nuevamente la mirada y no quiere verlo.

—Ya estoy dispuesto —dice el verdugo después de un ratito.

—¿Dispuesto? —grita inquisitivamente el condenado, que se levanta de un salto y se decide a mirar de frente al verdugo—. No pensarás matarme, no pensarás extenderme sobre la tarima y clavarme el puñal, después de todo eres un ser humano, admito que puedas ejecutar a alguien en el patíbulo, antes tus asistentes y magistrados, pero no aquí, en la celda, como una persona mata a otra persona.

Y como el verdugo calla, inclinado sobre la valijita, el condenado prosigue con más clama:

—Es imposible.

Y como el verdugo insiste en no decir nada, el condenado continúa:

—Justamente porque es imposible, se ha instituido este insólito procedimiento. Había que conservar las formas, pero la pena de muerte ya no se cumple. Me llevarás a otra cárcel, probablemente tendré que quedarme allí bastante tiempo todavía, pero no me ajusticiarán.

El verdugo retira una nueva daga de su cubierta de algodón, y dice:

—Probablemente te refieres a esas leyendas donde un criado recibe la orden de abandonar a una criatura, pero no lo cumple, y prefiere en cambio dejar al niño como aprendiz de un zapatero. Ésa es una leyenda, pero ahora no se trata de ninguna leyenda.

Diarios, Franz Kafka

jueves, mayo 4

Brevario de amotinados 7

De noche, la sombra de los árboles es de las parejas.

En la mañana, cuando los árboles han recogido su sombra encubridora, en mi vereda encuentro una pareja todavía entrelazada.

Con discreción, para advertirles que ahora serán vistos por todos, toco el hombro de él. Caen los dos al suelo y no se mueven.

Mientras busco un teléfono para llamar a la policía, me pregunto ansiosamente si ha sido un suicidio de amor o si soy yo quien los ha matado.

Cuentos Claros, Antonio Di Benedetto

miércoles, abril 5

Brevario de amotinados 6

Nicolai vio de repente ante sí a un conocido que había muerto. Durante todo el día. Los días siguientes, vio a otras personas, conocidas y desconocidas. En gran parte, gente en la no había pensado durante años. No podía provocar esas apariciones voluntariamente. Si cerraba firmemente los ojos, desaparecían. Esas personas se relacionaban entre sí como si él no estuviera presente (“era tal como en la realidad, una era un poco más grande, otra más pequeña y tenían también diferentes coloraciones en las partes visibles del cuerpo, en el rostro, las manos y los brazos, y con ropas de todos los colores, tal vez más desvaídos que en los objetos reales”). Al cabo de cuatro semanas ya hablaban entre sí y le dirigían la palabra a Nicolai. En cierta ocasión en que le aplicaron sanguijuelas, la habitación se lleno de personas que pululaban, de mujeres y niños moviéndose rápidamente. Hacia el atardecer, los movimientos fueron haciéndose más lentos. Más tarde, los colores palidecen hasta hacerse blancos. Los contornos perdieron precisión y se desvanecieron en el aire. Durante un rato todavía pudo distinguir fragmentos de algunos de ellos.

Autobiografía de F. Nicolai, ed. por Löwe en Bildnisse Jetztlebender Berliner Gelehrten, 1799, vol. III, p. 3

Un aporte de Robert Musil

martes, marzo 28

Brevario de amotinados 5

Al fin doy con una. Le descargo el palo, y la trozo en dos. Pero se queda viva, y una mitad sale corriendo y la otra empieza a dar brincos delante de mí, como diciéndome: no creas, verraco, que a mí se me mata tan fácil.
"¡Animal!", me dice mi madre, y me tira una piedra en la cabeza. "¡Deja a las pobres lagartijas que vivan en paz!" Mi cabeza se ha abierto en dos mitades, y una ha salido corriendo. La otra se queda frente a mi madre. Bailando. Bailando. Bailando.

Celestino antes del alba, Reinaldo Arenas

lunes, marzo 20

Brevario de amotinados 4

En Chang, durante un incendio (ardían unos troncos preparados para la construcción de una misión católica), vi a un chino de edad avanzada que, a segura distancia del fuego, echaba agua con decisión y asiduidad, incansablemente, sobre el reflejo de las llamas en las paredes de la casa; convencidos de la imposibilidad de probarle que su casa no ardía, le abandonamos a su infructuosa ocupación.

La Dádiva, Vladimir Nabokov

miércoles, marzo 15

Brevario de amotinados 3

"—Yo no creo en la vida futura —respondió Raskolnikov.

Suidrigailov se quedó pensativo.

—¿Y si allí no hubiera más que arañas o algo por estilo? —dijo de pronto.

"Está loco", pensó Raskolnikov.

—Nosotros nos representamos siempre la eternidad como una idea que podemos comprender, ¡inmensa, inmensa! Pero, ¿porqué ha de ser así necesariamente? Pues en lugar de eso, imagínese una habitación pequeña, como quien dice un cuarto de baño, ennegrecido por el humo, con telarañas por todos los rincones, y he ahí toda la eternidad. Mire usted, yo me la imagino así algunas veces."

Crimen y Castigo, Fiodor Dostoyevski

jueves, marzo 9

Brevario de amotinados 2

“Patty Keane era tonta a propósito, lo mismo que la mayoría de las mujeres de Midland City. Todas aquellas mujeres tenían cerebros grandes porque eran animales grandes, pero no los usaban demasiado por la siguiente razón: las ideas originales podían acarrear enemistades, y las mujeres, si querían lograr cierta seguridad y una vida cómoda, necesitaban hacer acopio de la mayor cantidad de amigos posible.
Así que, por un simple interés de supervivencia, se entrenaban para ser máquinas “de agradar” en vez de máquinas “de pensar”. Lo único que sus cerebros tenían que hacer era descubrir lo que estaban pensando otras personas y, después, pensar lo mismo.”

El Desayuno de los Campeones, Kurt Vonnegut

Un hallazgo de Mori Ponsowi

martes, marzo 7

Brevario de amotinados 1

"A mí me gusta aquel príncipe que estaba leyendo un libro cuando el verdugo fue a buscarle, le tocó el hombro y le dijo que ya era la hora, y él, al levantarse, antes de cerrar el libro, puso un abrecartas para señalar la página."

El Bosque de la Noche, Djuna Barnes


[Me propongo antologar en esta sección que llamo "Brevario de Amotinados", citas extraídas de libros que, amotinadas, se comportan como minicuentos, microficciones, o incandescencias. For my pleasure. Si alguien quiere enviarme alguna cita que cumpla con estas simples características, ya sea vía mail o comment, la publicaré con gusto.]