lunes, septiembre 25

La lección de Warhol

Trato de dejarme llevar, sentir el impulso de la escritura a medio paso del automatismo, como si escribiese a vuela pluma. Es el rencor de mi doppelblögger lo que me atenaza por la nuca, y me aprieta con dos dedos imposibles mis lóbulos frontales insistiendo "escribe bite a bite, escribe"

¿No es como una tiranía autoimpuesta esta necesidad de habitar la velocidad? ¿Esta sujeción del día a día, comment a comment, poste a poste como un arquero enloquecido de agujeros que se abren en el minuto 92? La red sigue creciendo por detrás nuestro, y no nos alcanza la vista ni los dedos para mantener unido nuestro equipo, y la barrera que oscila embriagada de torpezas. Y uno entra, luego de siglos de ausencia, en las containers de los comments de blogs ajenos, y los ve apelotonados contra el fondo, pateando lejos de sí spampockemon y anonimusuarios, en procura de calor humano. Y construcciones de pensamientos eslabonados se enhebran como puentes de fósforo que la temporalidad incesante de la red incendía cada dos meses.
¿No se siente un rumor creciente cada vez que nos conectamos? ¿no es como una catarata en la oscuridad a punto de tragarnos en su vorágine porque nuestro tiempo humano apenas puede darle coto? ¿No hay cierto pánico cuando ventanas se abren tras ventanas, y apenas podemos leer una línea que se atomiza en letras, se dispersa en la mente, ya la actualidad la orada? No hay tranquilidad en la red, no hay sociego.

"Puedo escribir los post más tristes esta noche"

No, no es tristeza. Sólo quise hacerme el intertextualista de cotillón. Es cierta desazón, cierta agitación de no poder correr en pos de ustedes, sentir cierta sensación de pérdida. Me lo pierdo todo, porque no puedo leerlos y porque no puedo escribirlo todo. Un post: y ya veo como se hunde en la sombra. Hemos aprendido la lección de Warhol: ser estrellitas de 15 segundos. Lo que demore su atención volátil, y saber, ustedes y yo, que esto no es literatura. Que no puede serlo, como una novela de Balzac no puede ser un reality show. Porque la realidad se angosta como un corredor ajustado a 19 pulgadas de brillo radiante. Y nos recetan lentes antireflex, y nos anteponen cubrepantallas, y nos ponemos nuestros anteojos rayband y salimos a pasear por estas marquesinas, adoptando las mil posturas de un Kamasutra del "pay atention!" ¿Y que hay de nuestras novelitas encerradas entre las tapas duras del cuaderno Rivadavia, entre manchones de tinta parker (a Fresán le dejamos la 303 para que se le rompa la punta contra el piso de madera)?

Ni siquiera tenemos oportunidad de descoser la hojas, reescribirlas, pulirlas como piedras. Como en esos dibujitos donde el puente colgante se cae detrás de la carrera de un personaje con la lengua afuera, que no le dan las patas para llegar al otro borde.

Ya pasaron mis 15 segundos.

Hace rato. . .

viernes, septiembre 8

El oso de agua



Este es un oso de agua, criatura microbiológica por demás extraña, transparente y pródiga en garras cuyo principal atrevimiento es persistir bajo las condiciones más extremas de la vida, aunque sea en estado latente. Como podrán apreciar, en parecido estado persiste "Dural", con algún que otro post, ralentizado en la vena veloz de la red. Y como uno se siente responsable de esa falta, de ese latido avaro, se ve urgido de dar explicaciones que en verdad nadie solicita. Digamos que hay muchas cosas no virtuales que me alejan de la blogosfera hoy, y que me sorprende, para mi agrado, que aún visiten este espacio con cierta sostenida intermitencia. Por lo pronto, sigo con regularidad en Kaputt, un poco más vivo que un oso de agua, un poco más muerto que un cachorro nonato de escritor.

A propósito de el oso de agua, el viernes pasado escribí un texto carroldiano en Kaputt, un divertimento a vuela pluma que podrán leer haciendo un simple click en: ¡Cuidado con los spam y con los osos de agua!
El que le sigue, publicado este mismo viernes primaveral, es un texto ficcional un tanto desgarbado, caradura y alegre.

Buen fin de semana. Especialmente a todos los que persisten.

sábado, agosto 5

Nocturno

Hay textos que no sugiero leer de noche: los cuentos de Edgar Allan Poe, tal vez “El Horla” de Mauppasant. Y otros que sugiero leer al oscurecer, como “El hombre que fue Jueves” de Chesterton o “Suave es la noche” de Fitzgerald. Una buena pregunta sería: si hay textos para leer de noche y otros para leer de día, como si se pudiese establecer bandas horarias de protección al lector. Se los dejo como ejercicio mental para cuando apaguen la luz de sus veladores, y todo ese incendio que gravita en el cielo pugne por ser escuchado, y la luz atraviese en líneas acebradas las persianas, y quieras conciliar el sueño de la manera leve y serena de la inmersión inconciente. Dulces sueños.

Aquí está mi texto para evitar la noche: Un vuelco nocturno

miércoles, julio 19

Oink



Salió a las calles cibernéticas, el Número 5 de la revista "Hermano Cerdo", y esta vez, con una estilización en el diseño gráfico (brillante tapa emparaguada) y una yapa: "Las técnicas de Defensa Personal de Bruce Lee" que podrán bajarse en formato pdf (por si hay algún big brother que los esté bravuconeando.)
Este número, trae la traducción de un cuento de Jumpa Lahiri, editado en su oportunidad en el NYer, donde una pareja naufraga entre el abigarrado mundo gastronómico simbólico de unos indianyorkers y la pobreza afectiva de ser nopadres, en noches de cortes de luz programados. Otros dos cuentos sorprendentes le acompañan: "Colchón de Agua" del detallista y escatólogo Cozzolino, y el sugerente "Demonios" de Espartaco Sanchez.
Por el lado de las Crónicas: un "Fragmento de un diario en París" del DJ de los textos imbricados que es Juan Terranova, con la continuación de un proyecto disperso en la red y en su memoria, y cuya génesis se puede rastrear haciendo un click aquí. Le siguen "El norte como fantasma" de Herbert y "Un asterisco peligroso" de Téllez-Pons.
De alguna manera, para conmemorar el 20avo. aniversario de la muerte por ginebra de Borges, se publica un ensayo minuscioso de Pablo Ruiz, que se desarrolla a partir del poco leído cuento "Abenjakan,(...)"

Como siempre, les digo que se pueden suscribir a través de un mail dirigido a mauriciosalvador@gmail.com, o bien, entrando en el blog personalizado de la revista: Hermano Cerdo y bajarse los números que quieran.

Demos gracias al Lobo.

¡Oink, oink!

viernes, julio 14

Silvina Ocampo a través de un cielo de claraboya

Cuando uno lee los cuentos de Silvina Ocampo (principalmente los primeros), en ellos nos inquieta y/o exaspera la acumulación de detalles insignificantes como si fuesen signos oscuros, exaspera la crueldad que anuncia otra crueldad, el cambio brusco en el flujo narrativo. Pero esa suma de efectos, que nos devuelve a un mundo de lógica desaprehendida, es sólo posible a partir de la conformación de un lenguaje hilado con los objetos que pertenecen ese mundo.

El resto de este artículo presuroso sigue, haciendo un simple click, en: Kaputt

martes, julio 11

Brevario de amotinados 10

La conversación se estaba volviendo espesa. Liberados de la pesantez, los jinetes deben ser parcos. Las sillas de montar no permiten disquisiciones de alto vuelo. Salvo en corceles como los míos, alimentados con el piensotrébol y la alfalfa aeromóvil que cultivo en mis chacras experimentales. Sobre todo, el moro y el cebruno, los más comilones, en que íbamos montados Belgrano y yo. Una noche de pastar este forraje los provee, durante la digestión, de gas volátil suficiente para un vuelo de varias horas. Aristóteles logró animales de aire. El Vinci fabricó artefactos voladores, robando a las aves el secreto de propulsión y planeamiento de sus alas. Julio César daba de comer a sus caballos algas marinas infundiéndoles neptúnico vigor. Yo, basado en el principio de que el calor no es otra cosa que una substancia levitante más sutil que el humo, fuente de energía de la materia, hice algo mejor que el estagirita y el florentino: En lugar de fabricar aparatos mecánicos y aerodinámicos, logré cultivar pasturas térmicas. Pienso mágicamente útil. Usinas de fuerzas naturales de incalculables posibilidades en el perfeccionamiento de los animales y el progreso de la genética humana. Construcción de la super raza por medio de la nutrición. Alfa y omega de los seres vivos. He aquí Eldorado de nuestra pobre condición real. ¿No cree usted, general, que el plankton almacenado en los océanos podría solucionarnos la cosa? ¡Viveros inagotables de energía! Yo no conozco el mar, pero sé que es posible. Ustedes se hallan a sus bordes y deberían iniciar los experimentos. En secreto, pues de no hacerlo así podrían desencadenar la guerra de los ganaderos y matarifes, la avisordidez todavía más inagotable de los mercaderes portuarios.
Íbamos ya cabalgando entre las nubes en nuestros caballos mongolfieros. El mapa bermellón de la ciudad parecía aún más bermejo desde lo alto. El verde de los bosques más verdes. Las palmeras más empenachadas y esbeltas, enanas, enanísimas. Las sombras de las hondonadas, más obscuras. Fuego líquido derramaba la caída del sol sobre la bahía, sobre el caserío apiñado en las lomadas. ¡Oh qué bello paisaje!, exclamó Belgrano aspirando aire a todo pulmón. Remontó un poco sobre su silla. ¿Dónde anda Echevarría? No pude disimular mi sonrisa de satisfacción. Veía al entrometido secretario cabalgando entre las zanjas excavadas por los raudales y las inundaciones. ¡Véalo allá, general! ¡En lo más bajo del Bajo! ¡Qué mala suerte la de don Vicente Anastasio!, se condolió. ¡Perderse este espectáculo! Mala suerte en verdad, general. Su secretario va montado en el rocín de Fulgencio Yegros, apto únicamente para los juegos de sortija y las cuadreras.
Hagamos descender ya, dijo Belgrano, a nuestros bucéfalos aerostáticos. ¿Cómo se hace? ¿Se los pincha en alguna parte? ¿Tienen alguna válvula de escape? No, general. Todo sucede naturalmente. No se aterre usted. Son seres térmicos. Cuando se les acaba el gas, los caballos atierran. Todo sucede muy naturalmente. Las luces del ocaso son incomparables en esta estación del año. Contémplelas usted, general.
Libre por esta vez.


Yo, el Supremo- Augusto Roa Bastos

miércoles, julio 5

Apreciaciones sobre la Crítica: la estilística

En "Lingüística e historia literaria" el teórico y crítico de la estilística alemana Leo Spitzer incluye el comentario de una de sus alumnas, quien le hace una serie de objeciones a su teoría crítica, y que podrían abreviarse según estos puntos:

1) Carece de técnica y método (moviéndose en su análisis según la arbitrariedad del crítico.)
2) Su única manera de demostrar consiste en mostrar.
3) Visibilidad instantánea del sentido en el todo de la obra (sin mediar escalones progresivos que permitan un develar el texto analizado.)

A estas objeciones, confrontaré (a fin de poder vehiculizar entre ambas una respuesta propia) un texto anterior del mismo Leo Spitzer: "La interpretación Lingüística de las Obras Literarias", compilado junto con otros textos en el volumen "Introducción a la Estilística Romance" por Amado Alonso, Buenos Aires, 1932:

"(...)estas interpretaciones son como ensayos personales de allegarse directamente, mediante la conciencia moderna del lenguaje y la sensibilidad actual, a las obras literarias tanto modernas como antiguas. Claro que otros podrán luego interpretar de distinta manera tal o cual pasaje, o la obra íntegra, y revisar mis conclusiones; pero hay algo que es lícito afirmar como incondicional: el derecho que tenemos a allegarnos a lo idiomático de las obras literarias directamente con nuestro sentimiento personal de la lengua."

De alguna manera, parece que Spitzer está leyendo las objeciones de su alumna, y contrapone este derecho que prima en la sensibilidad que recorre el texto. La Estilística, como bien dice Amado Alonso en el prefacio de la colección, aspira a ser una exploración sensible que parta de las expresiones idiomáticas más características (las que aún no se han petrificado por el uso colectivo son los mejores según Spitzer), hasta las vivencias estéticas originales que las determinaron. Es decir que, a partir de los acentos, los ritmos, las imágenes inusuales, puede percibirse la figura oculta que se mimetiza en el todo enmarañado de la Lengua común. Es obvio que no existe un método o una técnica metodológica que permita, al igual que la Ciencia, llegar a una misma respuesta que no esté preestablecida por la lectura del crítico. Existe, por otro lado, una sensibilidad que se hace eco de la sensibilidad general, para aspirar a la extracción del sentido total que produce y sustenta la obra. Digamos que donde trastabilla la confiabilidad de un estudio estilístico, es en desplegar el todo a partir de una parte. Es como un estudio acotado que, comunicando a través de un diferencial, pretende dar cuenta del comportamiento dinámico de un animal complejo. Por ello, la objeción más atendible, sea la de escoger determinado fragmento sabiendo que despliega un sentido preconcebido de la obra. Sin embargo la falta de una metodología es, tal vez, la que pueda desencadenar mayores incomodidades en la lectura de un estudio estilístico. Uno puede ver amenazada su propia lectura frente a la lectura de fuerza emprendida por el crítico, y modificar por arbitrariedades subjetivas disfrazadas de consistencia, una obra que antes nos parecía más brillante. No me parece esto último suficiente para desestimar a la Estilística, ya puedo escoger la sensibilidad del crítico que más me agrade. Tal vez el punto anterior (el todo por las partes) haga que como Crítica a desarrollar sea un género menor en mis apetencias. Sin embargo, creo que lo que me fascina en su lectura (cuando leo crítica estilística: especialmente la emprendida por los escritores que son buenos lectores, Calvino o Kundera por ejemplo), es lo que la alumna desestima en la manera expositiva de Spitzer: Demostrar por mostrar. El texto, merced a que sobre un punto del mismo se aplica una corriente galvánica vivificadora, comienza a moverse frente a nuestros ojos. Todo depende de la pericia de nuestro crítico, pero el texto muestra felinamente sus movimientos más sutiles. Nos entusiasma a una nueva lectura, y no a una relectura. Nos entusiasma a desplegar una sensibilidad que perfecciona su ámbito y su naturaleza, y que se ve urgida de una nueva oportunidad (o tan sólo una oportunidad cuando no se ha leído aún la obra que el ensayo aborda.)

martes, junio 27

Opsai en campo germánico


Como muchos, vengo mirando y sufriendo el Mundial. Paso parte de los fines de semana, echado en el sillón y atento a ese despliegue de trayectorias y coloridas camisetas, y cuando decae o está un poco "para atrás", entreleo un libro para suspenderlo ante un gol sorpresivo o un avance peligroso que enreda mi atención. No soy bueno para relatar partidos ni jugadas (y bastante durango como jugador), pero como todo argentino, soy un crítico pasional del juego, con mis preferencias y mis grandes desaciertos. Omar Genovese me invitó a participar con un post en su blog munidalista Crónicas Germanas, donde varios de los muchachos bloggers que conozco y leo, han afilado ingeniosos y apasionados textos. Yo me sumo hoy, con estas reflexiones que están a centímetros de quedar en opsai, teñidas por mi perspectiva personal que conjuga mis dos aficiones, y con la irrupción de algunas flashes de los partidos a la fecha. Aún, para quien no guste del fútbol, traté de reflejar en mi texto el mismo estremecimiento estético y mental que siento al leer una buena novela (no sé porque se me aparece el ectoplasma de Nabokov vestido de arquero del Club Deportivo Ruso, en 1932, en el mismísimo Berlin donde jugaremos el viernes contra Alemania.)

Mi post comienza así:
"El fútbol debe ser uno de los pocos juegos de pelota en el que la simulación es parte del juego. Eso de alguna manera lo vincula con la Ficción, especialmente con el policial más que con la épica. Porque en el momento del foul entramos en una pequeña escena del crimen, apareciendo instantáneamente: una víctima, el victimario, testigos y la policía. Varias combinaciones son impredecibles, así como las consecuencias. El cúmulo de fuerzas que se disparon para provocarlo, serán incognoscibles (Portugal vs. Holanda) e inquietantes." Y continúa, haciendo un simple clik en: Reflexiones al borde del Opsai

Espero que les guste.-

viernes, junio 23

A verstas luz de Nicolai Gógol

Acabo de terminar, un largo y caótico post en Kaputt, que se dispara de mis impresiones entorno a la lectura reciente de Almas Muertas, novela maravillosa e inacabada de Nicolai Gógol. De ahí, a la literatura rusa, con sus voluminosos libros abigarragos de nombres y patronímicos melodiosos. Cuando uno se topa con una novela rusa, cree que los personajes se multiplican y desdoblan, como si estuviese ebrio. Y sin embargo, son los mismos, pero a través de diminutivos como Alioshka, encogidos igual que osos de agua. Hacía rato que no escribía un post tan largo y atravezado, y que fuera especial para la ocasión, con sus trabas estilísticas y sus devaneos de grulla perezosa. Pero bueno, el entusiasmo a veces hace tartamudear, la prisa se vuelve el camino más largo. Espero que algún lector generoso se tome su tiempo para leerlo hasta el final, para luego entregarlo al fuego del olvido, como un alma muerta.

Escribí atropelladamente, entre otras cosas, lo que sigue:
Nicolai Gogol (1809-1852), tiene una obra atípica y divergente (de por sí, un punto de inflexión en la misma Literatura Rusa), obra convertida en fuente salvaje de la que abrevará la literatura universal. Quien haya leído su cuento “La Nariz“, no podrá dejar de sentirse impactado como por una bala perdida. ¿Qué es esto? Es un relato extraño, caricaturesco sin dejar de ser inquietante, desaforado y animal (salta como vivo frente a los ojos del lector), es feo y resbaladizo. Mi post, haciendo un simple click en: VERSTAS

Buen fin de semana y ¡vamos Argentina! (lo siento Mauricio, perdón buey, pero así es nuestro entusiasmo.)

jueves, junio 22

Brevario de amotinados 9

El gato de la casa tenía cara de bagre.
Se lo decían, le hacían la broma de que lo iban a meter en una pecera.
Él acogió la ocurrencia con una vanidad exagerada. Y se puso a presumir de bagre.
Otro gato se lo comió.

Cuentos Claros, Antonio Di Benedetto

martes, junio 20

Vacancia

Es cierto: estoy como ausente, como ensimismado en mi propia pereza. A esto se suma cierta indeterminación, cierta falta de respuesta que, de alguna manera, me lleva a la mudez, a la inquietud, al "da lo mismo" (no es un reproche más que a mí mismo ya que aún confío en la interacción de este medio.) Pero se también, que otros factores afectan mi indecisión o más bien mi dispersión. El Mundial es el más perentorio en los horas no laborales (salvo en los partidos de Argentina, o en aquellos que puedo pispiar a la hora del almuerzo), y en las otras franjas horarias, pesan mis círculos que no puedo cerrar, mis cambios que no terminan por germinar. "Dural", un sitio que más bien reúne mis inquietudes como lector, mis pensamientos disparándose sobre ecuaciones más o menos regulares, se va libando lentamente como un alerce, pero su misma lentitud lo sume en la indefensión. Los tiempos modernos tienen una velocidad que podrían arrancarlo de cuajo y revolear sus raíces excéntricas. Sin embargo, me siento responsable de algunos compromisos que encaro con gusto (pero no sin oportunas dudas que me acometen como ráfagas, pero me apuntalo y sigo.) Tengo que terminar la corrección de mi novela "NS", que tal vez no tenga más de 20 lectores generosos en fotocopias A4 anilladas, pero que aún así, serán las hojas que alguna vez pueda llevar de sudario sin sentirme tan desnudo a la hora de mi muerte. Pero acallemos estos egotistas devaneos, y derivemos a otros sectores más luminosos de la red:


1) En Kaputt, un post que crece germinal de unos versos de T.S.Eliot, y que sirven para pensar el futuro, la gravitación de la muerte sobre cada acto, la promesa que anida en el día cero del verano. Y como mi intervención cayó en ese glorioso viernes en el que la Argentina ganó por 6 goles a cero (con el gol del Cuchu, que es uno de los goles colectivos más hermosos que van del campeonato), lleva mi post una Posdata Oportunista que, de alguna manera, complementa y salva pensamientos tan graves. El texto lo encontrarán haciendo un simple click en: Verano Cero.


2) Está disponible en sus kioskos virtuales la 4ª entrega de la revista Hermano Cerdo. No me canso de señalar que su propuesta, a diferencia de otras publicaciones virtuales, es ventajosa y necesaria, puesto que combina traducciones de escritores consagrados de difícil acceso para los que dominamos poco el inglés, y gente de toda América que publica sus creaciones inéditas. Pueden suscribirse escribiendo un mail a mauriciosalvador@gmail.com, o bien bajarse los números en esta dirección: Hermano Cerdo. La edición es muy límpida, y la ilustración de portada es de una belleza lúdica y sugestiva.

Disfruten del sol y del invierno cero.

viernes, junio 9

Geometría de Kundera

Ciertas impresiones, tal vez un tanto a vuelo pluma, sobre la famosa novela de Milan Kundera, valorando en principio, su particular sencillez, la linealidad de sus temas. Releyendo "La insoportable levedad del ser", se hace notable la existencia del autor, la subexistencia de las creaturas, casi esquemáticas, apenas esbozadas en dos o tres imágenes. Como si el autor tuviese en sus manos una escultura, una osatura de directrices de tramas individuales, y cada movimiento de retroceso, avance, suspensión narrativa sirviese a los fines de una exposición casi filosófica (o más bien, semiológica a la manera de Barthes.)

Es decir, Kundera escribe: Tomás nace de una escena contemplativa, Teresa de un ruido en la panza, Sabina de la imagen de una mujer en ropa interior con un sombrero bombin mirándose desde un espejo, etc... Las descripciones son las mínimas indispensables, los diálogos casi triviales, cotidianos y ovillados de silencios. Una elegante teorización a través de personajes casi transparentes.

La irrupción del autor, contemplativo, sereno, como quien lee viejas cartas de amor, hace que sus meditaciones sean más importantes que la trama, puesto que nos muestra la osamenta en el lugar que quiere (el tiempo cronotópico de la novela reducida a la dimensión de espacio); tanto es así, que hace montajes de párrafos a los que vuelve a retornar como si fuesen los pivotes de una artificio mecánico y móvil. Esto produce que el lector no pueda leer desde la "interioridad" de las vidas de Tomás y Teresa; escucha al autor, y mata en definitiva esas subexistencias de golems. (Pero acaso sea esto lo que desdibuja a los personajes convertidos en croquis: el que hayan muerto. Acaso Sabina, quien sobrevive, sea la única con derecho a contemporaneidad y coexistencia con el autor. O bien se afirma como existencia o, teniendo en mente una balanza o los vasos comunicantes, arrastra al autor a la no existencia de una substancia creada literariamente: sólo palabras.)

domingo, junio 4

Una cruza



En kaputt, este viernes, me dedico a pensar en Vladimir Nabokov como una extraña cruza entre lepidoptorólogo y teratólogo (es decir, el que estudia, por ejemplo, las mariposas, y el que estudia las malformaciones orgánicas de la naturaleza, los monstruos, respectivamente.) El texto, merodeante y sigiloso, haciendo un simple click en: Vladimir Nabokov: Una Cruza

miércoles, mayo 31

Brevario de amotinados 8

Insólito procedimiento judicial. El condenado es ultimado en su celda por el verdugo, sin que se admita la presencia de otras personas. Está sentado junto a la mesa, y termina su carta o su último almuerzo. Golpean, es el verdugo.

—¿Estás preparado? —pregunta éste.

El texto y el orden de sus preguntas y sus órdenes están previamente prescriptos; no puede apartarse de ellos. El condenado, que en el primer momento se levantó de un salto, vuelve a sentarse, se queda con la mirada fija en el vacío o se cubre la cara con las manos. Como el verdugo no recibe respuesta, abre sobre la tarima su valijita de instrumentos, elige los puñales y hasta da un último retoque a sus diversos filos. Ya ha oscurecido mucho; coloca sobre la cama una pequeña linterna portátil y enciende la luz. El condenado vuelve furtivamente la cabeza hacia el verdugo, peor cuando ve lo que está haciendo se estremece, desvía nuevamente la mirada y no quiere verlo.

—Ya estoy dispuesto —dice el verdugo después de un ratito.

—¿Dispuesto? —grita inquisitivamente el condenado, que se levanta de un salto y se decide a mirar de frente al verdugo—. No pensarás matarme, no pensarás extenderme sobre la tarima y clavarme el puñal, después de todo eres un ser humano, admito que puedas ejecutar a alguien en el patíbulo, antes tus asistentes y magistrados, pero no aquí, en la celda, como una persona mata a otra persona.

Y como el verdugo calla, inclinado sobre la valijita, el condenado prosigue con más clama:

—Es imposible.

Y como el verdugo insiste en no decir nada, el condenado continúa:

—Justamente porque es imposible, se ha instituido este insólito procedimiento. Había que conservar las formas, pero la pena de muerte ya no se cumple. Me llevarás a otra cárcel, probablemente tendré que quedarme allí bastante tiempo todavía, pero no me ajusticiarán.

El verdugo retira una nueva daga de su cubierta de algodón, y dice:

—Probablemente te refieres a esas leyendas donde un criado recibe la orden de abandonar a una criatura, pero no lo cumple, y prefiere en cambio dejar al niño como aprendiz de un zapatero. Ésa es una leyenda, pero ahora no se trata de ninguna leyenda.

Diarios, Franz Kafka

lunes, mayo 29

Un libro portátil

El jueves feriado, haciendo limpieza en mi biblioteca, volví a tomar uno esos libritos que parecen desubicados entre tantos volúmenes. Pequeño como una agenda, de lomo con letras doradas, tapa dura, las hojas amarronadas, el canto de las hojas pintadas de aureolados colores. Cabe en una mano, se arrincona en un estante casi en la sombra.

Me lo regaló mi abuelo paterno en su oportunidad (falleció a la increíble y orwelliana edad de 101 años), y aunque me resisto a la bibliofilia, no puedo negar que es un ejemplar curioso y bello en sí mismo.

Es de 1818, edición inglesa: Works de Lord Byron. No sé bien que corrientes peligrosas y sargazos contiene, ni por su forma ni por su contenido (pensar que Byron cruzaba a nado las aguas casi estancas de la laguna que sustenta Venecia.) Su inglés centenario me es hoy ilegible (por pereza, por intermedium level), pero es tan cómodo al andar, tan incómodo en la estaticidad de mi biblioteca. Y no me implica mayor riesgo que un arma descargada. Una antigüedad bruñida por casi dos siglos de sucesos inauditos y ásperos a su belleza contenida.