viernes, junio 25

A qué suenan las vuvuzelas

 Por supuesto, mi limitado tiempo liebre, digo libre, absorbido por los partidos de este mundial. Por cada evento siempre surge una intervención reconocible, autónoma y elemental por parte del auditorio, ese anillo de vectores anónimos y expectantes que rodea como un lazo fatal la cancha. Una vez, fueron las mareas circulatorias de brazos extendidos, otra fueron esos “palitos chinos” inflados aplaudiendo casi en silencio, otra nuestra lluvia de papelitos, y los cantitos combativos, las orquestas de mariaches, las máscaras embanderadas, el carnaval, etcétera, etcétera (como diría Gombrowicz).

Pero en este mundial, nos tocaron las vuvuzelas: cornetas de plástico que vibran prácticamente todo el tiempo, el entretiempo, el segundo tiempo y el tiempo de descuento. Es como un zumbido carrasposo (pienso mientras miro uno de los tantos partidos), un sonido rototraslacional que activa mi memoria. ¿Pero a qué me suena este ataque de las vuvuzelas? ¿Al grito de las bandurrias una mañana fría y patagónica? No, no es eso. La cosa no está en la Patagonia, si no en el continente “caja negra” de África...



Ya sé...

La persistente y afiebrada insistencia de las vuvuzelas me suena a las moscas. A miles de ellas volando entorno a los jugadores. Y es inevitable, porque mi mente saturada de literatura ataca esa parte que electriza o goza o sufre o bosteza el fútbol -según el partido que se preste-, y trae una imagen que se sobreimprime, como un fantasma cinematográfico, sobre el pasto verde rayado por las evoluciones extrañas del Jabulani. Es una imagen mental del libro de Joseph Conrad: El corazón de las tinieblas. Y en especial, ese instante, cuando Marlow observa unos africanos que, inmovilizados por el tórrido calor del ambiente por fuera y roídos por el hambre y la enfermedad por adentro, se apiñan bajo la sombra de un raquítico árbol mientras las moscas zumban por miles entorno suyo, se posan en sus caras inmutables, orillan un ojo indiferente, y esperan pacientemente anidarlos.

¿Acaso estas intervenciones modales del público pudieran interpretarse a través de una semiótica de los pueblos anfitriones? Me suena afectadamente intelectual y apresurada esta hipótesis, pero no aleja de mí la impresión, por cada vez que suena el silbatazo inicial, de escuchar en las vuvuzelas el vuelo rotacional de las moscas de África como una presencia pesada que proviene del exterior, de esa caja negra perdida y jamás recuperada.


[El símbolo que acompaña este post, es la corneta asordinada del correo (the mute posthorn) de R.E.S.T.O.S., una compañía de correo postal paralela y oscura que inventó Thomas Pynchon en su novela La subasta del lote 49. Imagino una sordina semejante que acalle piadosamente las vuvuzelas este próximo domingo, cuando juegue Argentina vs. México en octavos de final.]

martes, mayo 18

Dos docenas de cerdos



La revista dirigida por Mauricio Salvador & Co, la prestigiosa Hermano Cerdo, edita su número 24, organizando su material especialmente en esta ocasión, alrededor de la traducción. Once cuentos de jóvenes autores norteamericanos que, si no fuese por la desinteresada pasión de sus traductores y colaboradores, serían invisibles a nuestros hociqueos de lectores voraces.

Por otro lado, veo con alegre sorpresa, que han reeditado el polémico artículo de B. R. Myers, Manifiesto de un lector: un ataque a la pretenciosidad de la prosa literaria americana (cuya sección "Prosa Incisiva", traduje con la lentitud de un armador de puzzles), desmitificador análisis que sería interesante plantear en correlato con la literatura latinoamericana. Lo cierto es que, en mi caso, hizo que me alejase de los libros de Delillo y abrazase con mayor fervor a los de Pynchon.

La revista de los campeones, a un simple click aquí: Hermano Cerdo 24

lunes, mayo 10

Children´s Corner

Publicado originalmente en Crónicas Inútiles

Mi desencanto con la Feria del Libro, ha ido creciendo estos últimos años. En mi “primera juventud”, solía llevarme como mínimo diez libros de distintas editoriales, comprados al 20 y al 30 % con un certificado de docente falsificado con mucha simpleza y gratitud. Iba por lo menos tres o cuatro veces, entrando con mi libreta de cartulina de Filo, cada vez más momificada en cinta scotch, hasta que un patovica me avergonzó cuando se burló de que no había dado un final desde el siglo pasado. Ya para el 2009 fui una sola vez y no compré ningún libro. Pensé que no tendría nada nuevo que contar este año, pero me terminé llevando una sorpresa.

Es la primera vez (¿será la última?), que me invitaban a ir a la feria como “autor”. Y acá el lector, seguramente, esperará con cierta incomodidad, que se venga el envanecimiento y autopromoción del tipo que escribe y que ante el menor guiño de la Feria (ese monstruo atemporal inflado de helio, zeppelín mongolfier), cree que asciende aupado por la Literatura Universal. Pero “autor”, tal como lo entiendo, es una bella máscara para cualquier carnaval, una especie de comodín que puede esconder al escritor de líbelos revolucionarios, al poeta de gingles imborrables, al graffiter fugaz y anónimo, al creador de puzzles criptográficos, al blogger transmutado en book-star, al educador idealista que perpetra ejercicios estimulantes que despierten mentes inquietas. Creadores de historias y de estructuras. En resumen, al “autor” me lo imagino como alguien que pretende deformar un medio o la mente utilizando las palabras (por lo menos, en cuanto a los libros, y dándole un poco la espalda al famoso ¿Qué es un autor? de Foucault, péndulo paradójico).

Bueno lo cierto es que, para acceder cómo invitado, ese jueves 29 de abril, tuve que entrar por la puerta trasera del Feria, debiendo rodear todo el búnker de la Embajada de EEUU, y evitando así, el hall de entrada donde imperan las grandes editoriales. Este cambio de orientación también afectó mi percepción de la Feria, como si me alistase al mundo combatiente detrás de espejo y de un momento a otro, esperará la aparición insidiosa de Alicia.

El stand al que iba para brindar por su primera aparición en la Feria con su cálido y laburador staff, tomándome un rico vinito y picoteando unos canapés, era el anaranjado y exiguo espacio de
Estación Mandioca, una editorial relativamente nueva orientada a la docencia, con libros de texto para los distintos niveles y materias de enseñanza, pero con un par de colecciones de libros para chicos que entusiasman la lectura y fomentan la creación de lectores atentos. El universo de la literatura infanto-juvenil (una denominación discutible y de límites a veces neblinosos) es, salvo por uno o dos ejemplos, nuevo para mí. Es decir, el año pasado, estaba fuera de foco cuando entraba a la Feria. Pero este año, percibo que es un universo en leve expansión, desde las espaldas de la Feria y en distintos puntos heterogéneos de su distribución tricolor, y si van, se darán cuenta de ello. Los mejores stand, los más atractivos a la mirada, los más “air-freshing” son los de literatura infantil. Los colores, los muñecos, las formas curvilíneas de sus arquitecturas y festones, las caricaturas y personajitos que quieren superar los delirios de Tim Burton, todo llama la atención de los visitantes. Ni siquiera la gigantografía plana del Buda que está todos los años, sorprende de la misma manera. Casi todo stand, aún de las grandes editoriales, tiene su rincón llamativo orientado a los niños. Noto que muchos autores de literatura para “grandes”, han sido instados a publicar sus libros para chicos. Lo más peculiar, es que este año el fenómeno está más acentuado que el de años anteriores. Como si la Feria del Libro estuviese siendo fagocitada por la Feria del Libro Infantil (una feria que, de hecho, viene temporalmente detrás).

Con un simple escaneo previo, observé el anquilosamiento de la tradicional Feria. Fui a Riverside Agency, y pregunté por El Original de Laura, la traducción del libro intangible de Valdimir Nabokov y que ya publicó en España Anagrama. Vacilando, afectado por una inocente pregunta fuera de los estantes que podía controlar, el puestero me respondió que esperaban con angustia unos conteiners demorados. Tal vez, en ellos viniese el libro por el que preguntaba. A continuación, me acerqué a Tusquets. Ni siquiera vi el libro de Olguín entre los otros, y menos expuesto en pedestal olímpico como uno podría esperar para promocionar sus novedades. Pregunté al cortés vendedor de la caja (que un año me vendió con muy buena onda, al 30% de descuento, el monumental Gödel, Escher, Bach en su edición de tapa dura), por los libros de Thomas Pynchon. Me mostró en un bello catálogo, que se editaría Contraluz para junio, aprox., de este año. ¡Pero Pynchon editó otro libro antes, aún no traducido! ¡Un autor que escribe cada diez años, y ya le vamos tan a la distancia que da pavura! ¿Lo más nuevo que tienen las grandes editoriales son catálogos? Los stand son fotocopias deslustradas de años anteriores: así como los desmontan un año, lo vuelven a montar al siguiente.

Mientras atrás se desarrolla una pirotécnica batalla de tizas, adelante los padres bostezan mirando la calle entre sus muebles viejos. ¿No hay que captar lectores? ¿Acaso esto no muestra que se siente que han perdido la batalla con el lector adulto? ¿Es posible que tengamos que reorientar todas las estrategias a apuntalar un lector temprano? ¿La resultante de la fuerzas de la literatura infantil llevarán a Pynchon en la edad madura?

Me parece que este universo colorido que percibo en expansión, en la Argentina, merecería un análisis crítico más serio que las impresiones de un caminante de patios traseros (¿soy un sexto backyardigans alumbrado por mi hija hace tres años?). Y como en toda guerra que se precie de tal, creo (pretendiendo ser estratega de la palabra), que hay que luchar en todos los flancos y por medio de todos los medios. Creo que abandonar la lucha en el frente, largar la mano al lector maduro, es un error. Crear una literatura integrativa de todas las edades del hombre, no es imposible (pensemos en dos cuentos de hadas: Alicia detrás del espejo y Lolita, dos libros de scf: Crónicas marcianas y El arcoiris de gravedad), pero exige esfuerzo e inventiva.

Imagino tramas complejas, recorridas a través de esos peloteros laberínticos que cualquier nene acometería con pasión. ¿Cuántas veces no sentimos el impulso de ir detrás de ese pibe, y olvidarnos del acartonamiento que nos atornilla a la mesa de los grandes? Todo el problema estriba en la falta de energía que, aún escasa, habría que administrar con inteligencia. Todo el problema está en la inmovilidad, el rigor mortis de la falta de cambio que aqueja a los “grandes” en el frente de la Feria del Libro, nuestro helado zeppelín.

lunes, abril 12

Sobre la caída de la publicación de Libros de Cuentos

El cuento nace y se fortalece con el periódico primero, y luego continúa con las revistas. Su brevedad y la necesidad de ser impactantes como relámpagos o como un flash fotográfico en la mente imaginativa del lector, condecía con el espacio y periodicidad del diario. Por ejemplo, a finales del 1800, los cuentos de Poe, incrementaban la cantidad de ejemplares vendidos de un diario de mediopelo. Como los extinguidos discos “simples” de pasta, permitían una difusión y popularidad que la novela no lograba por sí misma. Lo mismo para las nouvelles de James, y las novelas por entrega. Los cuentos latinoamericanos permitieron la difusión de su literatura en revistas extranjeras gracias a su forma (y contenido, obvio), acotando las traducciones, y minimizando los riesgos de publicar toda una novela. Hoy ese soporte amoroso entre el periódico (o el suplemento) y el cuento, agravado con la creciente influencia de la TV (toda ficción se “descarga” en la mente del espectador con simpleza en 1 o 2 hs, y sin el trabajo de “leer”), ha dejado prácticamente de existir en este país (y casi diría en forma global, poniendo como caso la actual política del New Yorker). Hay que recordar que no se escribían libros de cuentos, sino que estos cuentos se iban publicando en diferentes medios, y se agrupaban selectos en un libro después.

Por otro lado, esa caída del cuento, como si fuese un eslabón en la cadena de la lectura, puede implicar la caída de la novela en este sentido: el aprendizaje de la lectura “crítica” (es decir, no la de aprender a leer, sino la de aprender a pensar y disfrutar de la lectura.) Aún así, veo difícil que internet pueda sustentar al cuento, dada las velocidades y ansiedades del lector cibernauta. A lo sumo, la microhistoria o el fragmento lo hagan mejor, como criaturas con mejores recursos de adaptación y permanencia.

miércoles, marzo 10

T O O L

“The Original of Laura” (TOOL) no debería considerarse como novela póstuma, evitando que las controversias subiesen de volumen innecesariamente. Son más bien notas y fragmentos para una novela que Nabokov tenía in mente pero que no pudo desarrollar.. Su terror permanente a la muerte, la certeza de que ciertas mariposas vivirían 24 horas más que él, y la incompletitud de una obra imaginada, lo alejaron varios pasos de una agónica paz.

Volviendo al tema de las notas de TOOL, un buen ejercicio para comprender su real naturaleza textual y la insalvable distancia entre lo que es y lo que pudo llegar a ser, es leer “El cuaderno de Bitácora de Rayuela” antes que leer “Rayuela”, o al menos, abstrayendo que esta última jamás existió.

domingo, enero 17

Breviario de Amotinados 15

El Caballero tuvo una sensación extraña al mirar el lago. Le parecía que si le echaba una piedra iba a hablar, decir algo, revelar un secreto.
"Pero me daría miedo". Y comenzó a imaginar qué habría del otro lado: ¿más jardines, otrosdioses? Mil lánguidas fantasías desfilaron por su mente. El lago adoptaba formas fantásticas, crecía veinte veces de tamaño, se reducía a una miniatura, sin perder nunca su calma mortal. Al crecer el agua el Caballero sentía mucho temor, pues se imaginaba el tamaño inmenso de las ranas, sus grandes ojos y sus monstruosas patas. Pero al decrecer el agua se reía pensando qué diminutas se habrían puesto; imaginaba sus patas, más finas que si fueran arañas, y su croar disminuido que ya nó podría oirse. Quizá nu fuera más que un lago pintado, como los del teatro. Era un lago maravilloso, y le habría gustado bañarse en él. Pero estaba seguro de que se hubiera ahogado.
Aubrey Beardsley, Bajo el Monte

miércoles, noviembre 18

Literatura & Tinto


El 24 de noviembre a las 19 hs., en Eterna Cadencia:

Homenaje a Gabriel Báñez y presentación de Posted by (selección de textos de su blog Corte y Confección, publicados por La comuna ediciones)

Participan:Juan Sasturain, Martín Kohan, Marcos Rodríguez, Iván Maidana
Importante: Se entregarán ejemplares de Posted by entre los concurrentes de manera gratuita. Al final, brindis con buen vino de la casa.
Auspician: Secretaría de Cultura y Educación / Municipalidad de La Plata – La comuna ediciones.
Organiza: Nación Apache
Eterna Cadencia Honduras 5582 – Palermo – Buenos Aires

viernes, noviembre 13

Juan José Saer sobre la necesidad de la crítica

(…) Teniendo en cuenta el estado presente, desde el punto de vista intelectual y artístico, de lo que se llama, sin consentir la delicadeza de algún eufemismo, el mercado literario, se me dio por pensar que la crítica es en la actualidad más necesaria que nunca, y si bien mis textos no se ocupan de demoler falsas reputaciones que en general, con el tiempo, suelen derrumbarse solas, en el momento en que estaba proyectando disculparme por haberlos escritos, tuve la intuición de que esa modestia era peor que un acto de cobardía: era un gesto puramente retórico. Porque, a decir verdad, en mi fuero íntimo pienso lo contrario: renunciar a la crítica es dejarles el campo libre a los vándalos que, al final del segundo milenio de nuestra era, pretenden reducir el arte a su valor comercial.

Es notorio que el discurso contra la crítica, académica o no, que abunda en la escena pública, ya no constituye hoy en día la rebelión legítima de auténticos creadores contra el conformismo que pretendía imponerles un preceptiva petrificada, sino que encarna exactamente lo contrario, es decir la pretensión autonómica de la sociedad mercantil que disfraza el mismo conformismo de siempre en espontaneísmo, de supuesto respeto por la masa de compradores a la que designa con el concepto vago de “público”, y de la confusión constante entre la prosa aproximativa del periodismo y una serie de inepcias que se quieren hacer pasar por literatura.


Es obvio que mi intención no es la de exigir de las autoridades –si por casualidad todavía las hubiese- que prohíban la aparición de malos libros y que castiguen severamente el enriquecimiento ilícito gracias al tráfico masivo y a la vista de todo el mundo, entre la gente honrada pero desprevenida, de mala literatura; de ninguna manera. Pero el submundo que practica ese tráfico detesta a la crítica, porque no ignora que el sistema que ha creado –sobre todo en los países industrializados- no resistiría mucho tiempo a los análisis, a las distinciones, y sobre todo al rigor intelectual y a la ética que el ejercicio de la verdadera crítica supone. Es vital para sus intereses que la crítica no se meta con ellos; y eso tal vez impulsa una de las razones que me incitan a practicarla de vez en cuando: no darles el gusto.
Pera esa razón es secundaria. La principal es la siguiente: ya sabemos que la crítica es una forma superior de lectura, más alerta, más activa, y que, en sus grandes momentos, es capaz de dar páginas magistrales de literatura. En consecuencia, la frecuentación del género con la esperanza de lograr algunas de esas páginas no es un proyecto demasiado inútil por parte de un escritor: la obtención de una sola de ellas lo justificaría.
[Saer escribió este texto como prólogo para su libro de crítica La narración-objeto, fechado el 3 de septiembre de 1999, y editado por Seix-Barral. Siempre estuve tentado de reproducirlo en este blog, porque concuerdo en mucho de sus puntos (aunque habría que ampliarlos con mayor detenimiento en un análisis de los fenómenos percibidos), y especialmente, por su contundencia. Disfruto mucho más los textos críticos de Saer que sus novelas (tal vez, a causa de que tardé en caer en la cuenta de que las novelas de Saer se deben leer como las de Proust: en su conjunto, como un continumm), y recomiendo a quienes sean recelosos de la crítica, tanto La narración-objeto, como El Concepto de Ficción y Trabajos. Creo que a partir de varios post que vengo leyendo por la red, donde el conflicto mercado-literatura-crítica origina cruces estrepitosos y poco razonados, este texto de Saer, esta especie de credo conradiano a favor de un ejercicio sostenido y riguroso de la crítica, es perentorio y necesario. Frente a cualquier discusión que involucre los términos de este conflicto, me parece que, como background, por lo menos debiera estar presente en las mentes de los contendientes.]

jueves, noviembre 5

Sueño Blanco

Sé que suelen aburrir los sueños escritos (lo que por otro lado, no ocurre con los narrados oralmente), pero seré breve y éste, en particular, tiene una vinculación sutil con lo real (lo que lo potencia) que podrá interesar. Ayer por la noche, apenas quedé dormido de cara a las anchas persianas soñé. Estaba en una especie de pasillo blanco, luminoso como la vía láctea, avanzando hacia algún lugar indiscernible ya que la blancura lo inundaba todo. No era un túnel (vade retro victor-sueristas y analistas freudianos), sino un pasillo prismático, casi levreriano. Y hacia mí, digamos que avanzando en dirección contraria, venían cloqueando asustadas gallinitas blancas de crestas de un rosa incoloro y patas de un amarillo huevo (bosteros abstenerse, soy del diablo). Asustadas, como si escapasen, aleteando súbitamente suspendidas en un vuelo torpe, confluían hacia mí de a decenas, con lo cual me llevaban a tener que evadirlas protegiendo mi cabeza con los brazos y moviéndome como un anti-arquero. Venían muchas, arrastradas por su pánico, como si estuviesen en una cinta transportadora. Pero mi mente insueño, lejos de estar sorprendida, rumiaba una sola idea, un objetivo urgente: ¿cómo iba a poder capturar alguna y estirarle el cogote de un certero movimiento?, ¿cómo iba a poder desplumarla y cocinarla en ese lugar? En esos reflexivos momentos comencé a despertarme, y como en un entresueño, nítidamente el disco acebrado de la luna brillando a través de la persiana, sumergiéndose en un halo azulado que cambiaba su forma como un charco móvil, borroneando el disco en distintas direcciones. Pestañeos más tarde, pude enfocar la escena con la imprecisión de mi vista sin lentes de contacto. Me quedé unos segundos admirando la luna real como una vaporosa mancha tras las persianas y el cortinado de sombras.
Finalmente, me levanté y fui al baño pensando: qué sueño loco y que poca cosa para un cuento o una narración. Pero lo real es que lo había soñado de cara hacia la luna, y no podía descuidar la posibilidad de su influjo soterrado. Entonces recordé a los hombres-lobo (una conexión, después de todo, literaria), cerrándose con la imagen de las gallinitas, la blancura lunar, la necesidad de cazar civilizadamente. La luna no estaba llena y mi interpretación es sólo una relación de causas y efectos literarios. En el sueño yo no era un lobo, ni me sentía como tal. "Lobo" sólo es un eslabón perdido entre el influjo (¿real?) de la luna recortada por mi persiana en un piso catorce y un sueño curioso y ridículo (a la vista de la vigilia).
Tal vez después de todo, haya una especie de influjo de la luna, así como lo hay en las mareas oceánicas. Lo extraño viene de reflexionar y tratar de descubrir qué clase de influjo operó en mí, y la sutileza imaginaria con que lo hizo. Un misterio que tardará lo que un post descriptivo en desaparecer de mi atención.
Qué poco sabemos de la noche...

martes, octubre 27

Un Estilo Despojado

Hace un tiempo abrigaba la idea de escribir una serie de textos con "los lugares comunes de la crítica", y específicamente de la reseña. Una forma de la crítica a la crítica actual. Mi intención era más bien programática: delinear cómo se lee desde la autorización, y específicamente, cómo se autoriza críticamente desde el lugar común. Un ejemplo, muy claro, es el de "estilo despojado".
No es una cuestión de vacío o de sin sentido, si no de intención. Cuando una reseña subraya "el estilo despojado" de una novela o de un texto literario, está abogando en contra del preciosismo o del riesgo estilístico, ponderando por sobre otras escrituras, una "carverización” del discurso literario. Supongo que hay que pensarlo con más detenimiento, pero ese "estilo despojado" es, además de un lugar común de la crítica argentina, un connotado prejuicio valorativo hacia quien ejerce un estilo personal y no-despojado, es decir, no simplista.

lunes, octubre 19

Cinco Artilugios para Escribir Non-Fiction

Publicado originalmente en Nación Apache
Introducción:

Ya lo había dicho Truman Capote en su prefacio a su libro Música para Camaleones, en 1975 (es decir, nueve años después de editar su novela emblemática en un género anfibio entre la realidad y la ficción del lenguaje: A Sangre Fría), que “los críticos se quejaron de que la novela de non-fiction era un término para llamar la atención, un fraude, y que no había nada de nuevo ni original en lo que yo había hecho” Sin embargo, el término vino a iluminar el producto de una crisis entre la escritura literaria y la periodística, sobre el eje de lo verosímil. ¿Cómo contar la experiencia de lo real con la sensibilidad adecuada que se transmita en palabras al lector? ¿Cómo revitalizar ese pacto entre el cronista y el lector? Consideremos, sin ir más lejos, otro de los textos que hicieron historia: Operación Masacre de Rodolfo Walsh. Es indudable que en su original técnica que combina el documento periodístico, la denuncia expresiva y los artilugios derivados de la novela policíaca negra norteamericana, junto a su estilo claro e inmediato, Walsh le da una efectividad narrativa que realza “lo real” a la vez que lo comunica y lo acerca al lector. Y si consideramos que ha sido editado antes que la famosa novela de Capote, bajo condiciones muy diferentes, es decir, casi al margen, sin el auspicio de los medios de comunicación, en contra del aparato del Estado, podríamos dudar que ambas “novelas” puedan ser comparables o definan un mismo género de escritura. Sin embargo, comparten ciertas estrategias y artilugios que atañen también a otros textos de la non-fiction, y que establecen el mismo riesgo y la misma emergencia: que los hechos son reales y que el lector contemporáneo deberá sentir que lo que lee es real. Así como para los griegos, los cantos de Homero contaban la verdad mítica, y para los lectores del siglo XIX, leer las novelas de Balzac les transmitía la verdad de la vida burguesa y las contingencias de la pobreza, la forma de la escritura tuvo que irse adaptando en cuanto a sus estrategias para dar verosimilitud e inmediatez a lo narrado. La forma tuvo que acondicionarse a la nueva sensibilidad del lector de mitad del siglo XX, puesto que había experiencias que una mirada objetiva ya no podía transmitir: las drogas, la guerrilla, la subjetividad de lo otro (el asesino, la estrella de cine, la víctima), en definitiva: lo prohibido y lo inalcanzable. Un registro crudo, inmediato, y por ello, más real. Pero esa forma también es un ideal, una aproximación permanente, siempre perfectible y nunca alcanzada. Truman Capote percibió esta dificultad luego de publicar A Sangre Fría, escrito que veía ya como un libro helado, y que le llevo a entrar en una crisis creativa que: “alteró mi concepción total de la literatura, mi actitud hacia el arte, la vida, el equilibrio entre ambos y mi comprensión de la diferencia entre lo verdadero y lo realmente verdadero.” Por ello, la disparidad de los títulos que componen la colección de la non-fiction, y por eso, nuestra intención de comparar dos registros tan absolutamente diferentes, como son los de Rodolfo Walsh y el de Rex Reed en ¿Duerme usted desnuda? A través de este texto del autor norteamericano, perteneciente al New Jornaulism, iremos analizando algunos de los interesantes aspectos que identifican a un escritor de Non-Fiction.


1) Empatía y Mimetismo

Algo que siempre pone en duda un texto que bucea en un medio hostil, es si el autor estuvo allí. Transmitir un registro directo exige a veces ganarse la confianza de la fuente, puesto que muchas veces, lo que termina dando, es un testimonio prefabricado, indirecto. Transmitir la experiencia de las drogas es más verosímil y más excitante si el mismo autor lo ha experimentado en carne propia. La empatía con el entrevistado, es una exigencia doble: por parte del entrevistado (para que éste se abra) y por parte del lector (para creerle), y puesto que es doble, debe estar en el texto mismo. Un ejemplo de ello, es un mínimo detalle en el texto de Reed, cuando Ava Gardner, antes de decir media palabra, le increpa:

“—Bebes ¿verdad, pequeño? El último maricón que vino a verme tenía gota y no quiso probar trago.”

Reed entonces bebe para agenciarse su confianza y de alguna manera, se torna un igual, se mimetiza como un personaje más en el ambiente del texto. Líneas antes, Reed nos había mencionado la alta dificultad de acceder a la fuente, pero precisamente lo que da verosimilitud a su entrevista es cómo cumple con las exigencias del mimetismo. Un ejemplo paradojal, es que “no debe tomar notas”, técnica que comparte con Truman Capote y que desacartona el registro distanciado de lo grabado (el entrevistado cuida sus palabras y está en guardia permanente.) “¿Qué es eso?”, dice Ava, “Los ojos se encogen, partiendo a su huésped por la mitad, perforando mi cuaderno de notas—. No me digas que eres una de esas personas que van por ahí garabateándolo todo en pequeños pedazos de papel. Líbrate de eso. No tomes notas. Tampoco hagas preguntas porque probablemente no contestaré ninguna.”

Rodolfo Walsh, desde el mismo instante que la “realidad” golpea a su puerta de lector hedonista y burgués, adopta una posición empática con la víctima. Operación Masacre es en primera instancia, la historia de la búsqueda de las víctimas sobrevivientes a un fusilamiento ilegal, y por cada una de ellas, debe vencer su miedo a la exposición y granjearse su confianza, pero también es la historia de un compromiso social entre el periodista y su investigación. Es decir, hay una historia a desentrañar, que poco a poco se transforma de testimonio a denuncia.


2) Backstage y Montaje

Uno de los aspectos que, según Capote, debilitaban para él A Sangre Fría, era el narrador omnisciente: “Por lo general, el periodista tiene que entrar en la obra como personaje, como observador testigo, si es que quiere mantener el libro dentro del plano de lo verosímil. Yo sentía que era esencial, para el tono aparentemente objetivo del libro, que el autor permaneciera ausente. En realidad, en todos mis reportajes, siempre intenté mantenerme lo más invisible que fuera posible.”

Reed como varios integrantes del New Jornalism, solucionan esa debilidad al involucrarse en tanto personajes dentro de sus textos y narrando las vicisitudes de cómo han conseguido esa historia, iluminando el ambiente detrás de las cámaras y los actores involucrados en la edición. El backstage, un término derivado del Cine y que atañe especialmente al texto de Reed, es una forma de cuestionar o evidenciar el montaje, otro recurso esencial del periodismo que, por una restricción de espacios en diarios y tiempo en televisión le es insoslayable. La sospecha del montaje o del “fuera de contexto” se ve salvada por la ilusión de realidad que da la visión de los entretelones en la confección de la historia. De alguna manera, el backstage justifica el por qué Reed accede a la exclusividad de acceder a su historia: “Y nerviosamente, moviéndome bajo mi chaqueta de polo a lo Brooks Brothers, recuerdo también a los fotógrafos, contra los que –según se dice- ella arrojó copas de champán (¡corre incluso el rumor de que precipitó a un periodista por la barandilla!), y -¿quién podría olvidarlo, Charlie?- la marimorena que se armó al presentarse Joe Hyams con un cassette oculto en la manga.”

Sin embargo, el montaje (otro término derivado del cine, y especialmente, del documental) es una técnica necesaria para el escritor de non-fiction, ya que el material (documentos, imágenes, diagramas) precisa ordenarse como un rompecabezas de acuerdo a su mayor efectividad, a la vez que siempre remitirá a lo “real”. En un reportaje de Ricardo Piglia hecho en marzo de 1970 a Rodolfo Walsh, éste habla de la necesidad de llevar al montaje a la categoría de un arte en sí mismo: “(…) que lo que realmente sea apreciado en cuanto a arte sea la elaboración del testimonio o del documento, que como todo el mundo sabe admite cualquier grado de perfección. Es decir, evidentemente en el montaje, en la compaginación, en la selección, en el trabajo de investigación se abren inmensas posibilidades artísticas.”


3) Utilización de imágenes de efecto simbólico

El carácter anfibio del non-fiction, le permite utilizar un recurso propio de la literatura, de manera tal de ganar un impacto emocional que el documento o la fría enumeración de los hechos no puede transmitir al lector. Y generalmente, lo encontraremos en los retratos o caracterizaciones de los personajes involucrados, tratando de darle un efecto simbólico que de cuenta de su personalidad o de su destino. Un ejemplo de ello, en el texto de Reed, es el motivo de los “pies descalzos”. Describiendo a Ava Gardner, Reed escribe: “Lleva un suéter azul de cachemir de cuello alto, arremangando hasta sus codos de Ava, y una minifalda de tartán y enormes gafas de montura negra y está gloriosa, divinamente descalza.” Páginas más tarde, Ava se lamenta de su suerte: “Los que nunca se van de casa no tienen dónde caerse muertos, pero son felices. (…) qué maravilloso debe ser trajinar descalza y cocinar para un grandioso y maldito hijo de puta que te quiera para el resto de tu vida.” Los pies descalzos conforman un símbolo doble: están divinamente desnudos en el éxito, están desnudos en la pobreza, es decir, Ava es una cenicienta que desea la felicidad que no ha tenido como princesa. La mezcla simbólica entre la alto y lo bajo, también puede verse en la siguiente cita: “Suena el timbre de la puerta y un chico de cara granujienta y peinado a lo Beatle entrega una docena de hotdogs traídos de Coney Island en limousine.”

Walsh hace algo curioso cuando se sirve de una imagen de efecto simbólico, por ejemplo cuando describe a Mario Brión, una de las víctimas fatales de la Operación Masacre: “Tenía una tricota blanca, era Mario Brión y parecía un Cristo*” Es una imagen efectiva pero, en definitiva, un mero lugar común. Casi diríamos de mala prosa y muy poco objetiva. Pero Walsh, sabiendo de su efectividad, opta por salvarla con una nota al pie (uno de sus recursos que definen su estilo y su forma de dar verosimilitud a su narración), la cual indica: “* Textuales palabras del sereno al padre de Mario muchos meses después.” De esa manera, se vuelve objetiva sin dejar de tener una intención argumentativa.


4) Información sin filtrar

Otra de las posibilidades que permite el género por sobre la nota periodista, es poder desarrollar toda la información disponible sin que ésta se vea filtrada según su valor en tanto confiabilidad o verificabilidad. Es decir, en el texto se pueden colar trascendidos, off the record, suposiciones y planteos subjetivos, rumores, chismes, etc. A través de la multiplicidad de voces, las versiones y los datos de diferente valoración, al momento que son enunciadas por cada personaje, dan una coartada al autor. Un ejemplo de material espurio para un periodista objetivo, es el chisme que Reed deja colar sobre la sexualidad de Frank Sinatra y Mía Farrow a través de las palabras de Ava Gardner:

“—¿Y Mía Farrow? —Los ojos de Ava se avivan hasta un suave verde césped. La respuesta llega como si cantidad de gatos lamiesen muchos platillos de crema—. ¡Ah! Siempre supe que Frank acabaría en la cama con un chico.”
“Como un tocadiscos automático que deja caer un nuevo LP, cambia de tema.”

Este amplio espectro de la información, a fin de darle esa cualidad al género en el orden de la narración, dificulta que se pueda subrayar un dato o una versión por sobre los otras. Querer representar la complejidad de lo real, lleva a una igualación valorativa entre todos los datos que componen la historia. Focalizar la atención del lector en un mismo testimonio sin alterarlo, es decir, para que hable por sí mismo, lo lleva a utilizar ciertas estrategias como la repetición de palabras o el uso de bastardillas. Reed lo hace con Ava para que quede subrayada en la mente del lector, la fragilidad y decadencia de una celebridad: “Estoy asustada, pequeño. Asustada. ¿Es posible que puedas entender lo que es sentirse asustada?”

Rodolfo Walsh, también lo hace, especialmente en ¿Quién mató a Rosendo? Cuando repite frases en signos de exclamación que el mismo entrevistado pronuncio sin afectación, para llamar la atención del lector y darle significancia y peso en su argumentación. Puesto que Walsh sabía que utilizar los recursos de la narración le permitía mezclar información de diferente índole y verificabilidad, es interesante cómo en Operación Masacre, cambia de estrategia para subrayar las palabras que incriminan por sí solas a Fernández Suárez, quien ordenara la ejecución ilegal. Decide filtrarse previamente como narrador: “Aquí quiero pedir al lector que descrea de lo que yo he narrado, que desconfíe del sonido de las palabras, de los posibles trucos verbales a que acude cualquier periodista cuando quiere probar algo, y que crea solamente en aquello que, coincidiendo conmigo, dijo Fernández Suárez.”


5) La efectividad del texto en su interacción con la realidad

En tanto hay una relación íntima entre lo real y la ficción, en la producción misma del non-fiction, es que se da una interacción o un feedback entre texto y realidad. Es decir, el texto crea efectos que originan reacciones en los medios, así como también, puede ser al revés: el texto se ve afectado por la realidad. Es por ello, las consiguientes reescrituras y agregados de notas al pie de Rodolfo Walsh. Y también, es un ejemplo de este feedback el que Truman Capote no haya dado punto final a su novela antes de que los asesinos hayan sido ejecutados, dándose un problema de índole ética y moral. El mimetismo, la confianza defraudada, la denuncia subjetiva, tiene un costo que el autor de non-fiction asume, y que por otro lado es la razón de su éxito y su aval de credibilidad. Que el texto tenga una impronta en la realidad, de alguna manera, también lo legitima como no ficción (lo que no significa que sea una característica excluyente del género, puesto que hubo obras literarias que han producido también efectos directos en la realidad.)
Esa confianza en la efectividad del texto de no ficción, es lo que lleva a Rodolfo Walsh a decirle a Piglia, en la citada entrevista de su escritura, que:

“Según como la manejás es un abanico o una pistola y podés utilizar la máquina de escribir para producir resultados tangibles (…), podés mover a la gente en grado incalculable. No tengo la menor duda.”

Bibliografía utilizada:

Capote, Truman. “Prefacio”, en Música para Camaleones. Ediciones Debolsillo, Bs. As. 2007.

Piglia, Ricardo. “Hoy es imposible en la Argentina hacer literatura desvinculada de la política” en Walsh, Rodolfo Un oscuro día de justicia. Emecé. Bs. As. 2002.

Reed, Rex. “¿Duerme usted desnuda?” en Wolfe, Tom (ed) El Nuevo Periodismo. Anagrama. Barcelona. 1977.

Walsh, Rodolfo. Operación Masacre. Ediciones de la Flor. Bs. As.1986.

Walsh, Rodolfo. ¿Quién mató a Rosendo?. Ediciones de la Flor. Bs. As. 1994.

miércoles, octubre 14

La Televisión del Acampamentista

La semana pasada, tratando de conseguir los cuatros libros siguientes de la saga del Padre Brown, en una librería de viejo de mi predilección, me ofrecieron "Las Paradojas de Mr. Pond", en la Colección Austral. Aunque suene raro hoy en día, este libro menor que tengo de Gilbert K. Chesterton, es una cuarta edición, y trata sobre los casos casi mínimos de un personaje muy elocuente y enciclopedista en cuanto a los temas generales, pero tímido y un tanto humilde con la exposición de sus propios logros. A tal nivel lleva su timidez, que sus historias terminan comprimiéndose en frases paradojales que los demás escuchan como un non-sense admirable y sospechoso, o la chochera de un funcionario del ministerio inglés entrado en años.

Pero lo que llamó especialmente mi atención hoy, mientras leía en el colectivo, fue una observación sobre el fuego del hogar y el cinematógrafo, que rápidamente vinculé a una frase que suelo decir alegremente cuando acampo en el Sur: la fogata es la televisión del acampamentista. Puedo estar horas modelando la alternacia multífida de la flama, viendo cómo el aire caliente se entrama en el aire helado y cómo se alejan las pavesas incandescentes queriendo prender polucivas. El párrafo que marqué es el que sigue:

“A veces no sé si eran mejores las cosas cuando veíamos figuras en el fuego, en lugar de verlas en la pantalla cinematográfica. Las figuras del fuego, como las figuras de las nubes, son lo bastante incompletas como para exigir que la imaginación las complete. Además”, añadió Mr. Pond, atizando alegremente las llamas, “uno puede meter el atizador entre las brasas, y hacer una figura diferente; en tanto que si uno mete un enorme palo en la pantalla porque no le gusta el rostro de la estrella, ocurre toda suerte de dificultades.”

Es cierto que en la época de Chesterton no había televisión, pero él ya intuía una función que faltaba en el cine: el Zapping.

¿Acaso no es zapping lo que hace Mr. Pond cuando atiza el fuego y cambia las figuras que danzan frente a sus ojos?
Pero hay una última función bosquejada en sus pensamientos, de la que suele carecer el cine y la televisión: la Incompletitud. Y por ende, la participación creativa del espectador en la elaboración, in mente, de cada historia. Cosa que, de hecho, otra forma como la novela propicia y alienta, produciendo missreading o versiones incompletas, subentendidas, sobrentendidas, desfiguradas.

Esta idea de la Incompletitud que pide nuestra participación, es como si uno, cambiando de canal, descubriese que la materia oscura ha transformado en puzzle dinámicos los reality-ready-shows-made, las noticias desgarradas por los mass-blacK-media-hole en TN, las series desconstructivadas de los Simpson, las recetas alternadas de Francis Mallmann y Narda Lepes, el astío de la repetición incesante de las mismas series hollywoodenses; todo esto, salvado por el atizador irrespetuoso e incisivo de la mente de un tímido y humilde espectador.

jueves, septiembre 24

Un cuento de Peter Gabriel:


LA CAJITA DE MÚSICA

El menor Henry Hamilton-Smythe (8 años) estaba jugando croquet con Cynthia Jane De Blaise-William (9 años) cuando Cynthia, sonriendo con dulzura, alzó en lo alto su mazo y arrancó elegantemente la cabeza de Henry.

Dos semanas más tarde, en el cuarto de Henry, descubrió su atesorada cajita de música. La abrió con impaciencia y al comenzar la canción de cuna “Old King Cole”, surgió una pequeña figura fantasmal. Henry había vuelto -aunque no por mucho tiempo, ya que al erguirse en la habitación, su cuerpo comenzó a envejecer velozmente dejando su mente infantil cautiva.

“Todos tus sentimientos parecen tan alejados de mí. Ya casi no me importa… Estás ahí parada con esa expresión fija, dudando de todo lo que tengo que decir. Y la niñera te contará mentiras de un reino más allá de los cielos, aunque yo estoy perdido dentro de este medio mundo. Llevo demasiado esperando en él, y todo este tiempo me ha pasado de largo. Ya casi no me importa…”

Los deseos que habría experimentado durante su vida lo atravesaron en oleadas.

“Sólo un poquito más de tiempo. Tiempo para vivir el resto de mi vida. ¿Por qué no me tocas? ¡Tócame! ¡Tócame ahora! ¡Ahora, ahora, ahora…!”

Los intentos por persuadir a Cynthia Jane de que cumpla sus deseos románticos, desafortunadamente, atrajeron a la niñera hacia el cuarto para investigar el ruido.

Instintivamente, la nanny arrojó la cajita de música hacia el niño barbado, destruyéndolos a ambos.

traducción imbricada: M.P.S.

martes, septiembre 22

Spin

El fantasmal Omar Genovese escribió un texto extenso y minucioso sobre el mundo ultracompetitivo del tenis en Nación Apache, inspirado por la fantástica victoria de Del Potro sobre Federer. Escrito con el estilo preciso y geométrico de los ensayos de Thomas De Quincey pero con la seriedad de un ingeniero biomecánico, hacia el final, como lo exige la larga exposición a la alta especificidad, se acerca a una escala humana. A quién le interese seguir explorando bichee los comment, allí encontrarán que se abre otro twilight zone.

El artículo haciendo un click aquí: La singularidad de los plurales

martes, agosto 18

La Vida Privada

Una cosa es diseñar para la Ingeniería y otra para la Literatura. La gran fórmula del ingeniero en diseño es la relación funcionalidad versus costo. Si puedo obtener el sonido de un Stradivarius auténtico con materiales “otros” a un costo menor que un Stradivarius auténtico, es un buen diseño (otra cosa es querer tener lo “auténtico”. A los ingenieros no nos importa el “aura” sino la funcionalidad, que es otro tipo de belleza.) Si el diseño va a tener el mismo o mayor costo, deberá ser superior en su funcionalidad. Es una relación simple, una ley de diseño.

La literatura también tiene sus mecanismos, su etapa clónica, su funcionalidad y su costo. Pero yo lo veo más como un Organismo. Organismo que se va mejorando darwinianamente según la atmósfera a conquistar, pero siempre atrofiando otra de sus partes o extremidades: una economía de lo disponible, para respirar mejor. Una novela puede contar con un montón de mecanismos inútiles, pero en esa inutilidad puede estar su belleza. Cuando los mecanismos de una novela funcionan impeliendo al lector del Cap 1 al Cap N, le son invisibles e insonoros (y hasta a veces lo son para el mismo autor, que los copia en bloque, por ejemplo, de otras novelas anteriores.) Lo malo de saber como funcionan (como cuando viajo en avión), es saber dónde pueden fallar. Es sólo cuestión de uso, antigüedad y mantenimiento.

Creo también que primero hay que producir y luego publicar, e insistir con la publicación. Hay que difundirse, lo más extensamente posible. El reconocimiento es otra cosa; compleja, azarosa, acomodaticia, difícil de predecir. ¿Es bueno que te reconozca Paulo Coelho, y con él 1.000.000 de lectores? o ¿es bueno que te reconozca Oliverio Coelho y con él, 100 lectores?

Pienso en un de los cuentos de escritores de Henry James, un cuento perturbador: “La Vida Privada”. El escritor del cuento tiene una vida social impecable, pasa la mayoría de su tiempo en tertulias y agasajando actrices que actuasen en sus obras exitosas y de genio. ¿Pero en qué momento tenía tiempo para escribir, cuándo pulía esas delicadas producciones? El protagonista descubría, en un asalto a la intimidad, que el escritor era doble: por un lado existía el social y auspicioso de sí mismo, pero, al mismo tiempo, en la oscuridad de su cuarto escribía el otro: un döppelganger genial y autista.

El blog insume, cuando “funciona”, mucho tiempo, mucho derrame social; y dependiendo qué esperemos de él, mucha energía. Es una tertulia complicada y se presta a malentendidos y conflictos. Y lamentablemente, no contamos con ese doble oscuro que debe hacer la obra que soñamos, ya que su lugar es incomunicado y asocial.

El blog es para mí un Maëlstrom: me absorve, me desordena y dispersa; y por supuesto, se vuelve sospechosamente adictivo. Para escribir la literatura que está en mi cabeza, debo alejarme de él, y esa es una de las razones por la cual mis post se espacian orillando arroyos, lagunas y mares.